En el día en que se pudo comprobar que los incendios que castigaban a la Comunidad de Madrid alcanzaban niveles imposibles de contener, Isabel Díaz Ayuso decidió retirarse de la gestión de la emergencia. A ella no la iban a pillar como a Mazón. Entregó la dirección de la respuesta a la Administración central, la misma a la que ha acusado tantas veces de estar inmersa en una guerra contra Madrid. ¿Atracción por el suicidio o ganas de poner tierra de por medio?
Fue una jugada hábil, sobre todo porque se combinó con una táctica de intención opuesta. La presidenta de Madrid multiplicó su presencia en las zonas afectadas. Ella ya no estaba para tomar decisiones, pero sí para hacerse fotos. Abrazos a damnificados y trabajadores (que su Gobierno difunde con rapidez). Visitas al puesto de mando. Emocionada ante el impacto de la catástrofe. Declaraciones menos crispadas de lo habitual contra sus enemigos. Pocas semanas después de que su gente del PP madrileño se burlara de las olas de calor y el cambio climático, tocaba poner cara compungida. Y una tarjeta con la palabra “presidenta” en el chaleco que se veía claramente en los informativos de televisión. En el aspecto más sorprendente, un 'look' de Lara Croft de la sierra madrileña con pantalones cortos que solo cambió cuando decidió unirse a la visita de los reyes. No puedes salir con esa indumentaria si tienes al lado a Letizia.












