El Gobierno toma el control de Madrid ante el avance de un incendio enorme (los dos frentes, el de Villa del Prado y el de la San Martín de Valdeiglesias, unieron su fuerza al mediodía) que amenaza la vida de la numerosa población que habita en la sierra oeste de esta región.Ya no es una cuestión de salvar los maravillosos parajes de la zona, elegida por madrileños, muchos pudientes y con renombre, como lugar de residencia veraniega, sino de salvar la vida de decenas de miles de personas que vivan en esta época del año allí.Nunca había sufrido Madrid un incendio de esta categoría, indicaba ayer la presidenta de la región, Isabel Díaz Ayuso, que reconocía que la única prioridad era salvar vidas ante un fuego literalmente “imparable”, “imparable” e “inextinguible”.Así lo definían técnicos de extinción; reconocían a este periódico que el único objetivo ante este panorama es evitar que el fuego se lleve por delante vidas y confiar en que el viento deje de empujar (supera los 50 kilómetros por hora) y alimentar el fuego, la temperatura baje y aumente la humedad. Mirar al cielo, reconocen, es lo único que pueden hacer, mientras miran el avance, también imparable, del incendio de Burgohondo (Ávila), en la preciosa sierra de Gredos, otro de los lugares escogidos como segundas residencias, campamentos infantiles y residencias de mayores.El temor es que ese fuego se sume al de Madrid, y convierta el centro de la península en una “enorme lengua de fuego”, aunque para otros técnicos eso no sería “malo”, porque permitiría reducir su velocidad al sumarse la cabeza del incendio abulense con la cola del madrileño. “Podríamos, quizá, concentrarnos en los flancos”, reconocen.En manos de la UME, y con todos los medios nacionales y de las autonomías disponibles, las llamas han obligado por el momento a desalojar al menos ocho municipios, muy alejados de ser aldeas. Unas 33.000 personas han tenido que salir con lo puesto a localidades como Villamanta, Leganés, Las Rozas, Alcorcón... Y otros 25.000 están confinados en sus casas. Todos los municipios han puesto a disposición sus polideportivos para albergar a los desalojados, que seguramente tendrán que pasar largos días fuera de sus hogares. A estas cifras hay que sumar unos 10.000 en Ávila.Se conoce quién ha sido realojado porque no deja de hablar por teléfono: “Necesito escuchar a los míos”Uno de los polideportivos es el de Villamanta, que ha acogido a los vecinos de Villa del Prado, Aldea del Fresno, Colmenar de Arroyo, entre otros. Allí está Israel, dueño del bar La Muni, que ha ofrecido sus instalaciones para que los usuarios carguen sus móviles, ha rebajado el menú a 9 euros y disfruten de un momento de relajo en sus instalaciones. “Todos estamos ayudando, no queda otra”. Frente a él, una cuadrilla de amigos, en la treintena, vecinos de Aldea del Fresno, que no han perdido el humor y por cualquier cosa hacen una chanza. En su cabeza no cabe, aseguran, que las llamas entren en su pueblo y menos aún que puedan dañar sus casas o vehículos.Pero eso puede ocurrir, señala uno de los guardias civiles que impiden la circulación a la enorme superficie tomada por el fuego. “Hemos visto cómo en cuestión de minutos las llamas han entrado en urbanizaciones de Villa del Prado”, explica. Junto a él, Juan. No puede acceder con el camión de Verduras Curro, empresa dedicada al cultivo, manipulado y distribución de verduras y hortalizas frescas, y una de las principales productoras de la llamada Huerta de Madrid. Son famosos los tomates de Villa del Prado.¿Ha sufrido daños la empresa? Nadie sabe a ciencia cierta los daños, salvo en algunos casos determinados, como 43 casas -hasta el momento-, coches y naves en el área de Villa del Prado, o campings enteros en la zona de San Martín de Valdeiglesias o Pelayos de la Presa. Esteban, uno de los trabajadores del primero, está hundido: “No ha quedado nada, nada. Solo cenizas y desolación”, se lamenta. Era uno de los más prestigiosos de la llamada Costa de Madrid: “Estábamos ubicados próximos al pantano de San Juan”, considerado la playa madrileña.El polideportivo de Villamanta está hasta arriba. Centenares de personas se protegen del calor en su interior, mientras que fuera están, sobre todo, los dueños de mascotas (no pueden entrar al interior). Decenas de perros, gatos y jaulas con loros y pájaros, junto a sus dueños, aguardaban pacientemente en la sombra. Para ellos también han dispuesto comida y bebida los efectivos de Cruz Roja, Protección Civil y los numerosos voluntarios.También están a salvo los animales del zoo de Aldea del Fresno, Safari Madrid, un espacio “de toda la vida” de animales en semilibertad, entre ellos, animales en semilibertad, leones, tigres, jirafas, cebras u osos. Los cuidadores se quedaron la noche del jueves con ellos, preparados para salir “como pudieran”, dice María, cuyo hijo trabaja allí. “Hasta el momento, se han librado”, indicaba la mujer. El hijo sigue en el zoo.La tarde se va echando y el ánimo va decayendo. El viento sigue soplando y el humo y el olor a quemado se extienden por la región imparable. Navas de Rey ha sido desalojado, dice una de las mujeres sentada en una silla plegable bajo una higuera. Lo sabe porque una de las desalojadas es su cuñada, que le pregunta dónde está ella para ver si pueden estar juntas. Los móviles, más que nunca, hacen la labor para la que inicialmente fueron concebidos: la comunicación. Los periodistas saben quiénes son realojados porque están hablando por teléfonos y no mandando mensajes instantáneos. “Es que con los nervios no puedo escribir y porque necesito escuchar las voces de los que quiero”, relata Francisco.“No ha quedado nada del camping, solo ceniza y desolación”, dice un trabajador de la Costa de MadridOtra de las costumbres que reaparece es la de ver la televisión en compañía, bajo las banderas de España del Mundial aún colgando en Casa Judas. Vecinos mirando en la pantalla cómo su tierra es engullida por el fuego, con las lágrimas en los ojos y el corazón encogido. “Por favor, por favor, que el pueblo esté en pie”, rezan.Redactora jefa de La Vanguardia en la delegación de Madrid, especializada en temas sociales. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.