La dise�adora de moda trabaj� con artistas como Dal� para construir otros universos creativos. Su imaginaci�n no tuvo l�mites, que, para desarrollar el talento se necesita confianza y oportunidades para expresarse sin miedo. Tambi�n en la oficinaAlgunas personas nacen mirando al suelo. Otras, a las estrellas, como la dise�adora de moda Elsa Schiaparelli. Naci� en Roma en 1890. Su padre, Celestino Schiaparelli, era un prestigioso orientalista y director de la Biblioteca Lincei de Roma. Su t�o, Giovanni Schiaparelli, uno de los astr�nomos m�s importantes de su tiempo, c�lebre por sus observaciones de Marte y por aquellos misteriosos canales marcianos que alimentaron durante d�cadas la imaginaci�n cient�fica y literaria.Las estrellas formaban parte del paisaje familiar de Elsa Schiaparelli mucho antes de convertirse en un motivo bordado sobre uno de sus dise�os m�s ic�nicos, la chaqueta del Zod�aco, perteneciente a su colecci�n Zod�aco de Oto�o de 1938. Todo en torno a Elsa Schiaparelli era una mezcla de realidad y ficci�n, de creatividad y vulnerabilidad, de provocaci�n y libertad. Esa libertad que hac�a que su mente volara mucho m�s all� de lo convencional.Cuando era ni�a decidi� plantar semillas de flores sobre su rostro. Quer�a ser guapa. Se sent�a diferente y poco agraciada. Hab�a le�do poemas que describ�an mujeres con flores brotando de sus rostros y estaba convencida de que si crec�an en ella la har�an m�s bella. La aventura termin� con una visita al m�dico...Su vida tampoco sigui� un camino convencional, ordenado y previsible. Vivi� en Londres, pas� por Nueva York, atraves� dificultades econ�micas, se reinvent� en varias ocasiones y termin� instal�ndose en el Par�s de los a�os veinte, donde artistas, escritores y dise�adores compart�an una efervescencia creativa dif�cil de repetir. All� cambiar�a para siempre la historia de la moda: mientras otros dise�aban vestidos, Schiaparelli decidi� crear obras de arte. Colabor� con Salvador Dal� en el c�lebre vestido de la langosta y en el surrealista sombrero zapato. Convenci� a Jean Cocteau para transformar sus dibujos en extraordinarios bordados sobre vestidos y chaquetas. Dise�� el vestido esqueleto de la colecci�n Circus de 1938 y cre� el Shocking Pink, un color asociado al lanzamiento de su perfume Shocking que acabar�a convirti�ndose en una declaraci�n de identidad.En busca de la identidadD�cadas antes de que la moda comenzara a hablar de experiencias, narrativa y colaboraci�n interdisciplinar, Elsa Schiaparelli ya trabajaba con artistas, escritores y escultores para construir universos creativos completos. Rompi� fronteras. No segu�a tendencias, las creaba. Pero quiz� lo m�s fascinante es que tambi�n dise�� su propia identidad. La mujer que convirti� un vestido en una obra surrealista tambi�n convirti� su propia biograf�a en un relato singular.Elsa Schiaparelli entendi� que la identidad profesional no se fabrica, se descubre. Vivimos en una �poca obsesionada con la diferenciaci�n. Hablamos de reputaci�n, visibilidad, marca personal y likes. Nos preguntamos constantemente c�mo debemos comunicar qui�nes somos. Sin embargo, Schiaparelli nos recuerda que la identidad empieza por la convicci�n. Su objetivo nunca fue ser diferente sino expresar una manera �nica de entender el mundo. La notoriedad lleg� despu�s.En Shocking Life, su autobiograf�a, afirm� que "un vestido no tiene vida propia hasta que alguien lo habita". Quiz� ocurre exactamente lo mismo con el talento, que tampoco tiene vida propia si permanece guardado. Necesita oportunidades, confianza y espacios donde pueda expresarse sin miedo. Porque la mayor ventaja competitiva de una persona es tener el coraje de convertirse, plenamente, en s� misma. Aqu� la historia de Elsa Schiaparelli conecta con uno de los grandes desaf�os del liderazgo contempor�neo.La profesora Amy Edmondson, de Harvard Business School, lleva d�cadas investigando por qu� algunas organizaciones innovan m�s que otras. Su conclusi�n resulta tan sencilla como exigente: las personas solo se atreven a aportar ideas originales cuando sienten que pueden hacerlo sin miedo a ser ridiculizadas, ignoradas o penalizadas. A ese clima lo denomin� seguridad psicol�gica.Atreverse a ser diferenteLa creatividad necesita talento. Pero tambi�n libertad y permiso. �Qu� habr�a ocurrido si Elsa Schiaparelli hubiera trabajado en una organizaci�n donde cada propuesta diferente hubiera recibido siempre la misma respuesta? Probablemente nunca la habr�amos conocido. Las ideas originales rara vez desaparecen de golpe. Se silencian poco a poco. Primero se deja de proponer y finalmente de imaginar. No por falta de creatividad, sino por resultar m�s seguro pasar desapercibido.Con frecuencia, los l�deres afirman que buscan personas innovadoras, curiosas y con pensamiento cr�tico. Pero cuando alguien cuestiona una pr�ctica establecida o propone un camino distinto, la reacci�n no siempre invita a seguir participando. La pregunta que deber�amos hacernos no es si contratamos talento; lo importante es admitir si se sabe conservar aquello que hac�a especial a ese talento cuando lleg�.Dos d�as despu�s de su fallecimiento en Par�s, el 15 de noviembre de 1973, The New York Times titul� su obituario con una frase tan sencilla como reveladora: "Schiaparelli muere en Par�s; llev� el color a la moda". El art�culo se�alaba que, de todos los tonos asociados a la dise�adora, el Shocking Pink era quiz� el que mejor simbolizaba su manera de entender la vida. Y recuperaba un consejo que la dise�adora hab�a dado a�os antes a las mujeres: que bien podr�a resumir toda su trayectoria vital: "Atr�vete a ser diferente".Resulta curioso pensar que la mujer que visti� de surrealismo a toda una generaci�n creci� escuchando historias sobre planetas y constelaciones. D�cadas despu�s, las estrellas segu�an acompa��ndola, bordadas sobre sus vestidos y convertidas en uno de los s�mbolos m�s reconocibles de su universo creativo. Tal vez no fuera una casualidad. Porque las personas extraordinarias no suelen inventarse a los cuarenta o a los cincuenta a�os, simplemente nunca dejan de mirar hacia el lugar que las fascin� en la ni�ez. Elsa Schiaparelli tiene algo extraordinario por sencillo: nunca dej� de preguntarse c�mo pod�a transformar ni quiso abandonar su singularidad.Quiz� ese sea el mayor desaf�o del liderazgo: crear organizaciones donde las personas no tengan que elegir entre pertenecer y ser ellas mismas.Adela Balderas es doctora ADE, profesora investigadora en la Deusto Business School, investigadora en la Universidad de Oxford y profesora afiliada de City Science del MIT Media Lab.