Como es de acostumbrarse, Milei, cada vez que la oposición desaparece del mapa y no le genera problemas, se encarga de pegarse tiros en el pie y desatar problemas en su gobierno que no tenía. Primero desatando un monumental desastre diplomático con el principal socio comercial del país y, al día siguiente, aunque incomparable en términos de daño al país, igualmente sintomático de su desquicio, insultando a un cabañero premiado de la Sociedad Rural, que había sido ministro de Duhalde. ¿No se dan cuenta que el presidente no está bien? ¿No se da cuenta el canciller Quirno, que luce como una persona seria, cuando lo acompaña a San Pablo? ¿No se da cuenta el resto de los ministros, que tienen una historia pública? ¿Estamos naturalizando tener un presidente que, como se titula el célebre film de Almodóvar, se encuentra al borde de un ataque de nervios? ¿En qué momento aceptamos como común algo que nunca tuvo lugar en la historia política de este país? Vamos a ver un compilado con los insultos del Presidente durante el fin de semana.

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