Ayer el presidente Javier Milei firmó una nota de opinión en el diario Clarín. Un texto con un título... digamos, extravagante, de esos que resultan francamente difíciles de traducir a la realidad o al menos a una cifra inteligible. El presidente habla de que la Argentina acumuló, desde la creación del Banco Central, un porcentaje de inflación con 20 dígitos. Más allá del impacto visual del guarismo, la nota arranca con una serie de obviedades envueltas en ese ropaje académico que al presidente le gusta tanto desplegar. Nos explica, por ejemplo, que el hombre inventó el dinero para facilitar el intercambio... bueno, chocolate por la noticia. Nos aclara que no es lo mismo una economía con dinero que una basada en el trueque, y que la moneda sirve como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. Hasta ahí, un repaso de la bolilla uno de cualquier manual universitario. Donde la discusión se pone más interesante —y a la vez más objetable— es en la relación causal que el presidente establece de manera indefectible: para Milei, la existencia misma del Banco Central es el pecado original de la inflación argentina.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.









