Durante demasiado tiempo, la Argentina discutió su economía con una lógica casi futbolera: si el Gobierno baja la inflación, todo está bien; si el salario no alcanza, todo está mal. El reciente informe de UBS obliga a salir de esa comodidad. Reconoce que Javier Milei consiguió resultados macroeconómicos que pocos imaginaban posibles, pero también advierte que, debajo de esos números, convive un país que todavía no logra ponerse de pie. El Gobierno puede exhibir disciplina fiscal, superávit primario, reservas netas positivas, una cuenta corriente mucho más equilibrada y una inflación anual que podría cerrar 2026 cerca del 30%. Incluso avanzó en la Cámara de Diputados una reforma del Banco Central destinada a impedir que vuelva a financiar al Tesoro, aunque todavía deberá superar la prueba del Senado. Todo esto no es poco. En un país acostumbrado a gastar lo que no tiene, emitir para cubrir el agujero y luego buscar culpables en los mercados, haber ordenado las cuentas representa un cambio considerable. UBS le pone buena nota a esa parte del programa y reconoce que Milei volvió a superar a quienes pronosticaban un derrumbe inmediato.
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