Manos adultas rodean platos con porciones mínimas de comida, un ticket de supermercado y monedas sobre una mesa salvadoreña, simbolizando las dificultades económicas familiares. (Imagen Ilustrativa Infobae)América Latina y el Caribe registró en 2025 el costo más alto del mundo para una dieta saludable: USD 4.91 diarios por persona, con un pico de USD 6.04 en el Caribe. Según el informe SOFI 2026, 172 millones de personas en la región no pudieron costearla.El informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 fue publicado este 21 de julio de 2026 por la FAO, el FIDA, UNICEF, el PMA y la OMS durante el 30.º período de sesiones del Comité de Agricultura, en Roma.El documento indica que esa cifra equivale al 25.7% de la población regional, pese a que América Latina y el Caribe es una de las mayores exportadoras de alimentos del mundo.PUBLICIDADEl informe atribuye el mayor costo de la dieta en América Latina y el Caribe a los vegetales, a diferencia de África, donde pesan más los alimentos de origen animal. Las hortalizas y frutas frescas duplican o triplican su costo relativo frente al aporte calórico de los granos básicos.Una infografía muestra el alto costo de la dieta saludable en América Latina y el Caribe, con datos sobre la inaccesibilidad económica y la desnutrición en Centroamérica. (Imagen Ilustrativa Infobae)El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, vinculó el problema con un modelo productivo orientado a la exportación que descuida la logística interna. Se necesitan, precisó, “mejores instalaciones de almacenamiento, mejor logística y sistemas de refrigeración que permitan un mejor suministro de productos de alto valor”.El informe señala que entre el 70% y el 75% del costo final de una dieta saludable se genera una vez que el alimento sale del campo. El procesamiento, la logística y la distribución mayorista explican hasta el 40% del precio total que paga el consumidor.PUBLICIDADUna familia nicaragüense observa los precios de productos básicos en un mercado local, mientras carteles indican un IVA del 15% y altos costos. (Imagen Ilustrativa Infobae)Esa brecha hace que los alimentos perecederos y nutritivos, como frutas, verduras y carne, lleguen a costar más del doble en zonas rurales aisladas que en los grandes centros urbanos. Quienes cultivan la tierra son, con frecuencia, quienes menos pueden pagar por comer bien.En Centroamérica, la combinación de pobreza rural, infraestructura deficiente y mercados fragmentados agrava la falta de acceso económico a una dieta saludable. El informe señala que países con mayores tasas de pobreza, como Guatemala y Honduras, pueden registrar niveles superiores al 35% en áreas rurales.Una anciana en Nicaragua cuenta billetes de dólar y córdoba, frente a una ventana, con una bandera nicaragüense y la foto de un joven en Nueva York colgadas en la pared. (Imagen Ilustrativa Infobae)Guatemala arrastra además una de las tasas de desnutrición crónica infantil más altas de la región: cerca del 47% en menores de cinco años, con una mejora insuficiente para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030. PUBLICIDADEn muchos países centroamericanos, entre el 30% y el 40% de los niños de seis a 23 meses cumple la diversidad alimentaria mínima recomendada.Nicaragua, El Salvador y Honduras combinan vulnerabilidades económicas con impacto climático recurrente, como huracanes y sequías, que interrumpen la producción y encarecen la distribución de alimentos frescos. Costa Rica y Panamá muestran mejores indicadores comparativos, pero enfrentan focos de inseguridad alimentaria entre población indígena, migrante y comunidades fronterizas.La República Dominicana muestra una reducción del hambre, con una prevalencia cercana o por debajo del 4%, aunque persisten rezagos en la asequibilidad de dietas saludables, sobre todo en la región suroeste y en la frontera con Haití.PUBLICIDADA escala mundial, el informe registra una disminución del hambre por tercer año consecutivo. El 7.8% de la población global la padeció en 2025, frente al 8.1% de 2024 y el 8.6% de 2022. En términos absolutos, unas 645 millones de personas enfrentaron hambre el año pasado, 43 millones menos que en 2022.La compleja composición abstracta muestra cómo la bolsa de comida y los dólares afectan el costo de los alimentos. La subida de precios, la inflación y la economía desafían la canasta básica de familias. (Imagen ilustrativa Infobae)América Latina y el Caribe acompañan esa tendencia: la prevalencia regional bajó al 4.8%, con unos 32 millones de personas afectadas. La inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó al 22.9% de la población regional, frente al 56.6% en África.El director general de la FAO, QU Dongyu, advirtió: "El progreso es posible, pero debemos ir más rápido. Acabar con el hambre y hacer que las dietas saludables sean asequibles requiere compromiso político, inversión sostenida y políticas habilitadoras".PUBLICIDADEl informe alerta sobre el avance simultáneo de la malnutrición por exceso y por déficit. La obesidad adulta pasó del 12.1% en 2012 al 16.2% en 2024 a nivel global, en dirección contraria a la meta de frenar su aumento antes de 2025. En Centroamérica, Costa Rica y Panamá registran las tasas más altas de la subregión.La anemia en mujeres de 15 a 49 años, un indicador de carencia de micronutrientes, se mantiene por encima del 20% en la mayoría de los países centroamericanos y tiende a estabilizarse o repuntar. A nivel mundial, solo el 30.8% de los niños de seis a 23 meses consume una dieta mínimamente variada.PUBLICIDADManos adultas cuentan billetes de dólares estadounidenses sobre una mesa con ingredientes de barbacoa, lo que indica el costo de los alimentos en Estados Unidos. (Imagen Ilustrativa Infobae)El SOFI 2026 plantea que bajar el costo de una dieta saludable exige actuar en dos frentes: ampliar la oferta de alimentos nutritivos y eliminar ineficiencias estructurales en las cadenas de valor.Para Centroamérica y el Caribe, las recomendaciones incluyen redirigir subsidios, concentrados históricamente en granos básicos, hacia la producción y distribución de frutas, hortalizas y legumbres. También propone invertir en infraestructura rural, como carreteras, almacenamiento y cadenas de frío, que hoy encarecen los alimentos perecederos antes de llegar al consumidor.Manos anónimas cuentan billetes de Costa Rica rodeadas de montones de arroz, maíz, una botella de petróleo y el logo del Banco Central, ilustrando la economía y el valor de los recursos básicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)El presidente del FIDA, el español Álvaro Lario, resumió el desafío: "Las cadenas de valor resilientes deben ser una parte central de la respuesta. Nuestra tarea ahora es convertir la evidencia que aporta el SOFI en inversión".PUBLICIDADLa FAO estima que orientar el consumo hacia productos locales y tradicionales permitiría un ahorro global del 34% en el costo de una dieta saludable, un margen que en países de bajos ingresos puede ser determinante para sacar a millones de familias de la inseguridad alimentaria.