Junto a muchas carreteras y sobre numerosos barrios, las aves utilizan los cables eléctricos como puntos de descanso desde los que pueden controlar el terreno sin quedar expuestas a los peligros del suelo. Desde allí detectan movimientos, buscan alimento y vigilan la llegada de posibles amenazas.
La escena resulta habitual, aunque plantea una duda al verlas permanecer durante tanto tiempo sobre conductores por los que circula electricidad: cómo consiguen posarse en ellos sin recibir una descarga.
La diferencia de potencial decide si existe peligro
La explicación de por qué no se electrocutan tiene relación con la forma en que circula la corriente eléctrica. Según las explicaciones divulgativas recogidas por el programa Ahora o nunca, de La 1, la electricidad necesita un recorrido que permita el desplazamiento de los electrones entre puntos con distinto potencial. Cuando un ave se posa únicamente sobre un cable, ese recorrido no atraviesa su cuerpo de una manera relevante y la corriente continúa por la línea eléctrica.
Antes de entrar en los detalles físicos conviene entender por qué esos cables resultan tan atractivos para muchas especies. Al situarse en una posición elevada, las aves consiguen una vista despejada de grandes áreas del terreno. A diferencia de las ramas cubiertas de hojas, los tendidos eléctricos ofrecen un campo visual amplio que facilita tanto la detección de depredadores como la localización de posibles presas. Por esa razón es frecuente verlas pasar largos periodos de tiempo sobre estas estructuras.








