Más contenidoEl departamento alberga 51% de aves y 39% de mamíferos del país, un capital natural que busca ser su motor económico.Bosques, montañas, humedales y costas hacen del Valle del Cauca un destino donde la biodiversidad impulsa el desarrollo sostenible Foto: : JUAN PABLO RUEDA27.07.2026 05:42 Actualizado: 27.07.2026 05:42

El Valle del Cauca se encuentra ante una encrucijada estratégica que define su futuro económico. Con el 51 por ciento de las especies de aves y el 39 por ciento de los mamíferos de Colombia concentrados en su territorio, el departamento posee un capital natural que, en teoría, podría ser el eje central de su desarrollo. Sin embargo, existe una brecha histórica entre el potencial de esta riqueza y su aprovechamiento real.Mientras sectores como el turismo de salud, religioso y el avistamiento de aves prometen flujos económicos que dinamizan el territorio, expertos y autoridades coinciden en que, sin una planificación técnica rigurosa y un modelo de gobernanza claro, el activo más valioso del Valle corre el riesgo de agotarse antes de ser plenamente explotado.El capital natural como base de la competitividadPara la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), la biodiversidad no es un adorno paisajístico, sino la infraestructura misma que sostiene la economía regional.Con 226 áreas protegidas que suman más de 680.000 hectáreas, esta entidad enfatiza que ecosistemas como los páramos y humedales son los proveedores de servicios esenciales: regulación hídrica para los centros urbanos, agua para la industria, energía hidroeléctrica y soporte para la producción agropecuaria.No obstante, el riesgo de colapso es una realidad latente si no hay ordenamiento. “Cuando los recursos naturales y las especies se explotan sin planificación ni medidas de manejo técnico, podemos llegar a un colapso de los servicios ambientales, lo que termina detonando graves crisis socioeconómicas para las comunidades”, dice Andrés Carmona, jefe del grupo de Cambio Climático de la CVC.La corporación advierte que la explotación sin medidas de conservación de la biodiversidad es, en términos económicos, dispararse al pie: al perder la cobertura vegetal, aumentan los desastres naturales, se compromete el suministro de agua y se destruye la base de los negocios verdes, una línea en la que el Valle es líder nacional con más de 380 iniciativas verificadas.Instrumentos como los Acuerdos Recíprocos por el Agua (ARA) han sido clave para demostrar que la protección del bosque es, en efecto, una inversión financiera que garantiza la estabilidad a largo plazo.Con 226 áreas protegidas y 680.000 hectáreas, la entidad resalta el valor de sus ecosistemas. Foto:cortesiaConectividad: la apuesta de la GobernaciónEl gobierno departamental, liderado por la gobernadora Dilian Francisca Toro, ha entendido que para que el turismo pase de ser una aspiración a un motor económico, se requieren inversiones tangibles en infraestructura que eliminen las fricciones de acceso. Con una inversión superior a los $26.000 millones, la Gobernación ha centrado sus esfuerzos en cerrar la brecha de conectividad.Proyectos como el Ecoparque Pance Mágico y el Proyecto Integral Cristo Rey no son solo obras de cemento; son apuestas de inclusión.La Gobernación destaca la creación de la primera ruta de avistamiento de aves 100% inclusiva en los Farallones y el Kilómetro 18, diseñada para personas con discapacidad visual a través del concepto de paisaje sonoro.“Al eliminar los obstáculos del camino, el proyecto se enfoca en el paisaje sonoro, utilizando guías especializados y senderos limpios para que los usuarios identifiquen las aves a través de sus cantos”, afirma la Gobernadora Toro, quien insiste en que el modelo de turismo del Valle no debe ser masivo, sino responsable.La implementación del Manual de Buenas Prácticas para la Observación de Aves y la medición constante de la capacidad de carga turística en las áreas protegidas (SIDAP) buscan asegurar que el crecimiento no devore el recurso natural.La voz de la ruralidadEsta visión macro también encuentra su ejecución en la tenacidad de las comunidades rurales. La Red de Turismo de Naturaleza ‘Cali también es loma’ representa ese tejido social que ha decidido, de manera autónoma, hacer del turismo una herramienta de regeneración.Gabriel Martínez, integrante de su comité gestor, explica que el reto no es solo atraer al turista extranjero, sino convencer al ciudadano local de que la riqueza está en su propio patio trasero."La Red es una sinergia colaborativa que busca la protección de los ecosistemas y los recursos naturales del territorio; la premisa en la actividad turística es el respeto, el cuidado a la naturaleza a partir de la educación ambiental y una forma regenerativa y consciente de habitar la montaña", explica Martínez.Para los corregimientos, el turismo responsable es un ejercicio de soberanía económica. Sin embargo, la red reconoce dificultades operativas, como infraestructura, señalización y guías especializados, que solo pueden superarse con alianzas constantes con la academia y el Estado.La filosofía de "Cali también es loma" va más allá del negocio; se trata de una forma de habitar la montaña que busca atraer inversión sin perder la identidad, promoviendo paquetes turísticos que integran artesanos, guías locales y agencias, bajo un esquema de economía colaborativa.El turismo se basa en el respeto y el cuidado de la naturaleza desde la educación ambiental. Foto:JUAN PABLO RUEDA Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.