CONTENIDO publicitarioNatura impulsa una cadena productiva que une bioeconomía, conservación y desarrollo rural.Natura Foto: Natura17.07.2026 17:27 Actualizado: 17.07.2026 17:36

Cuando se habla de la Amazonía, la conversación suele girar en torno a su importancia para el equilibrio climático del planeta. Sin embargo, esta región también alberga una de las mayores riquezas biológicas, culturales y gastronómicas de Colombia. Con un bosque tropical que cubre cerca del 70 % de su territorio, una enorme diversidad de ecosistemas y condiciones ideales para el desarrollo de especies nativas, la Amazonía representa un escenario estratégico para impulsar modelos de desarrollo que integren conservación, ciencia e innovación.En ese contexto, el copoazú comienza a escribir una nueva historia para Caquetá. Más que un fruto, este bioingrediente se perfila como una oportunidad para fortalecer la bioeconomía del departamento, generar ingresos para las comunidades rurales y demostrar que conservar el bosque también puede traducirse en bienestar para quienes lo habitan.Un fruto con el potencial de impulsar una nueva economíaEl copoazú pertenece al género Theobroma, cuyo nombre proviene del griego Theo (Dios) y broma (alimento), razón por la que se conoce como el "alimento de los dioses". De las 22 especies registradas dentro de este género, nueve son exclusivas de la Amazonía, lo que convierte al copoazú en uno de los bioactivos más representativos de este ecosistema.Su valor, sin embargo, va mucho más allá de sus propiedades naturales. Gracias a sus atributos, hoy es protagonista en industrias como la alimentaria y la cosmética, lo que convierte a este fruto en una alternativa para diversificar la economía amazónica a partir del aprovechamiento sostenible.Para un departamento como Caquetá, hogar de más de 429.000 habitantes, fortalecer cadenas productivas basadas en especies nativas representa una oportunidad para generar desarrollo económico sin perder de vista la conservación de uno de los patrimonios naturales más importantes del país.Cuando conservar el bosque también genera oportunidadesDurante muchos años, la conservación ambiental se entendió como una actividad desligada del desarrollo económico y empresarial. Hoy la bioeconomía plantea una visión distinta: hacer que proteger la biodiversidad también genere ingresos para las comunidades que viven de ella.El proyecto que Natura desarrolla en Caquetá refleja cómo la bioeconomía puede convertirse en una herramienta para impulsar el desarrollo territorial. Desde 2019, la compañía ha trabajado junto a más de 100 familias campesinas y 3 organizaciones como Agrosolidaria Florencia, Puramazonía y la Asociación de Copoazú de Belén de los Andaquíes, consolidando una cadena productiva que transforma la semilla de este fruto en manteca de copoazú, un bioingrediente utilizado en productos de cuidado personal.Este esfuerzo ha sido posible gracias a una alianza que reúne al Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI, la Embajada Británica a través del programa UK PACT, la Cooperación Alemana GIZ, BID Lab, The Nature Conservancy y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La articulación entre comunidades, entidades de investigación, cooperación internacional y sector privado ha permitido fortalecer las capacidades locales y consolidar un modelo que busca generar valor económico a partir de la biodiversidad.Los resultados ya empiezan a ser visibles. Actualmente, esta cadena productiva contribuye a la conservación de más de 3.000 hectáreas de bosque y ha logrado producir cerca de 500 kilogramos de manteca de copoazú. Ahora el desafío es escalar ese impacto: con recursos asegurados por Natura y sus aliados, la meta es superar las 7 toneladas de producción para 2030, ampliando las oportunidades para las comunidades vinculadas al proyecto y demostrando que es posible impulsar el crecimiento económico mientras se mantiene la selva viva.De Caquetá para el mundoEn 2022 se realizó la primera exportación de manteca de copoazú colombiana hacia Brasil, un hito que validó el potencial de este bioingrediente en mercados internacionales y abrió nuevas oportunidades para los productores vinculados al proyecto.El proyecto desarrollado en Caquetá hace parte de una estrategia regional de Natura que hoy articula 46 comunidades amazónicas en Brasil, Colombia, Perú y Ecuador, fortaleciendo cadenas de valor basadas en la biodiversidad, el conocimiento local y el desarrollo de las comunidades.Como resultado de este modelo, la compañía trabaja actualmente con más de 10.000 familias y contribuye a la conservación de 2,2 millones de hectáreas de bosque, demostrando que es posible generar innovación y desarrollo económico a partir del aprovechamiento sostenible, apoyado en una cadena de valor basada en investigación, trazabilidad, trabajo conjunto y una visión de largo plazo que entiende la conservación como una oportunidad para generar bienestar en los territorios.La diversidad biológica convertida en innovaciónDetrás de esta historia también está el papel de Natura como articulador de un modelo que busca demostrar que la biodiversidad puede generar valor para las personas, los territorios y la innovación. Desde hace más de 25 años, la compañía trabaja junto a comunidades amazónicas para desarrollar bioingredientes bajo un enfoque que combina conocimiento ancestral, investigación científica y aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.El copoazú es uno de los ejemplos más representativos de esta visión. Originario de la Amazonía, este fruto es reconocido por su extraordinaria capacidad para retener agua y nutrir la piel. Gracias a su alta concentración de fitoactivos, ácidos grasos esenciales y antioxidantes, contribuye a fortalecer la barrera cutánea, estimular la producción natural de colágeno y mantener la hidratación por más tiempo, aportando elasticidad y confort.La regeneración como motor de transformaciónLa historia del copoazú demuestra que la regeneración no depende únicamente de proteger los ecosistemas, sino de construir alternativas capaces de generar bienestar para quienes habitan el territorio. Cuando el conocimiento científico, la riqueza natural y el trabajo de las comunidades se articulan, es posible crear modelos que impulsan nuevas oportunidades económicas mientras fortalecen el desarrollo local.Actualmente, Natura aprovecha la manteca extraída de la semilla del copoazú para desarrollar ingredientes de alto desempeño que hacen parte de su línea EKOS. Sin embargo, el fruto ofrece mucho más. Su pulpa, reconocida por sus cualidades nutricionales y gastronómicas, tiene el potencial de convertirse en materia prima para jugos, helados, postres y otros alimentos. El desafío es que ese potencial aún está lejos de aprovecharse en toda su dimensión.A medida que crece la producción de copoazú en países como Colombia, Brasil, Perú y Ecuador, también aumenta la disponibilidad de su pulpa, abriendo una oportunidad para que nuevos actores se integren a esta cadena. La industria de alimentos, bebidas y otros sectores puede desempeñar un papel decisivo para aprovechar todo el potencial de este fruto, impulsar nuevos usos y generar oportunidades que beneficien tanto a las comunidades amazónicas como al desarrollo de nuevas industrias a través de su cultivo y transformación.Ese es, precisamente, el siguiente paso de la regeneración: entender que transformar los territorios no depende de acciones individuales, sino de la capacidad de construir alianzas donde cada organización aporte desde su conocimiento y su industria. Natura dio el primer paso al demostrar que la biodiversidad puede convertirse en innovación y generar valor económico, social y ambiental al mismo tiempo. Ahora, la invitación es que más empresas se sumen a este modelo, exploren nuevas formas de aprovechar el potencial del copoazú y contribuyan a construir una cadena de valor más amplia, capaz de multiplicar su impacto en las comunidades y abrir nuevas oportunidades para la Amazonía. 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