Teresa Ribera (Madrid, 57 años) se pasa buena parte de la entrevista abanicándose ante una nueva jornada del verano en el que Europa toma conciencia de la crisis climática a golpetazos de calor y llamas. El que blande la vicepresidenta europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva no es un abanico cualquiera. Viene de sus tiempos de ministra de Pedro Sánchez. Y tiene impreso el célebre código de barras que ideó Ed Hawkins para mostrar la evolución anual del calentamiento. Nosotros, la humanidad, estamos ahora en los tonos rojos, es decir, en temperaturas récord. Esto significa combustible para las olas de calor, muertes prematuras, fuegos incontrolables... La entrevista fue hecha a principios de la pasada semana en San Sebastián, donde Ribera participó en un curso de verano de la Universidad del País Vasco, y se ha actualizado telefónicamente este domingo ante la magnitud de los incendios en España y Francia. Respuesta. ¿Está preparada Europa para afrontar esta emergencia climática?Respuesta. Europa no está preparada para las consecuencias del cambio climático que estamos viendo ya. Y eso lo hemos sentido en estas últimas semanas, con sistemas ferroviarios y eléctricos colapsados, con urgencias de hospitales colapsadas, con una falta de acondicionamiento para temperaturas extremas en los edificios en la mayor parte de las ciudades del norte... En febrero, en la Comisión adoptamos un paquete importante sobre incendios, un problema que hace no muchos años era exclusivo del sur de Europa. La puesta en común de los servicios de respuesta se ha desarrollado desde el incendio de Guadalajara de 2005 y la creación de la UME en España. Pero también de la capacidad de activación de unos mecanismos de protección civil y mayor coordinación a nivel europeo. Y desde entonces hemos avanzado mucho, pero seguimos sin estar manifiestamente preparados para una realidad que no solamente es terrible, sino profundamente injusta desde el punto de vista social.P. ¿Y qué propone la Comisión ante esta falta de preparación? R. La Comisión tiene que aprobar en octubre una estrategia y una comunicación en materia de adaptación al cambio climático. Es una actualización muchísimo más profunda y transversal que las políticas hechas hasta ahora. Se trata de un ejercicio complejo y la primera cuestión a evitar es un negacionismo criminal por parte de determinadas fuerzas políticas a nivel europeo que piensan que escondiendo el problema o negándolo se va a resolver o disolver. En la estrategia será importante el informe que presentó el Consejo Científico Asesor de Cambio Climático en febrero, que recordaba que teniendo en cuenta que Europa se está calentando más que la media de los continentes necesitamos activar una política transversal de adaptación. El informe apuntaba un dato que me sorprende que haya pasado desapercibido en el debate público: Europa debe prepararse para escenarios de entre 3 y 4 grados por encima de la temperatura media preindustrial para final de siglo. P. ¿Qué significa un aumento de entre 3 o 4 grados? R. Significa una reducción muy significativa de los rendimientos agrícolas, una presión mucho mayor sobre las condiciones de vida en los espacios urbanos, un incremento muy importante de los riesgos de grandes incendios y de las probabilidades de fenómenos meteorológicos extremos como el que vivimos en Valencia el 29 de octubre de 2024. En este contexto, desmontar todos los sistemas públicos de alerta, predicción, conocimiento, preparación y reacción es una barbaridad que atenta contra la seguridad de los ciudadanos. Hay que ser conscientes de que ni son chiringuitos, como algunos dicen, ni el problema se resuelve con un aparato de aire acondicionado. Los episodios extremos se dan cada vez con mayor frecuencia. Lo vemos en esa virulencia en incendios enormemente agresivos que son mucho más difíciles de controlar. Los datos que nos ofrecen las aseguradoras y reaseguradoras apuntan a que solamente el 25% de los daños que se materializan en Europa cuentan con algún sistema de cobertura de seguro. ¿Qué hace quien no tiene capacidad para cubrir ese seguro? ¿Lo va a cubrir el Estado o vamos a vivir una injusticia social? P. ¿La Comisión va a obligar a las aseguradoras a que realmente asuman los riesgos del cambio climático? R. Todavía tenemos unas preguntas abiertas que están siendo objeto de debate interno. Por ejemplo, hasta qué punto la estrategia tendrá criterios obligatorios que deben incorporarse en todos los Estados miembros. Una de las grandes recomendaciones que consideramos imprescindible es que el conjunto de las políticas públicas, sobre todo las que tienen que ver con energía, agua, salud, infraestructuras y planeamiento urbano, incorporen de entrada escenarios de clima. Por ejemplo, el positivo despliegue de energías renovables tiene que estar preparado para el riesgo de temperaturas extremas o inundaciones. La siguiente gran pregunta es de qué forma se consigue financiar esa capacidad de resiliencia. Sale mucho más barato esa inversión en resiliencia que esperar a afrontar los costes de los impactos del cambio climático. Pero se requiere una inversión inicial muy relevante y eso, en parte, puede ser cubierto por presupuestos públicos, pero también ha de ser cubierto por los actores privados. Es decir, ¿cómo se construyen los sistemas financieros que nos permitan hacer esto? Es un debate abierto todavía. P. ¿El objetivo de la Comisión es blindar la adaptación al cambio climático frente a ese “negacionismo criminal”? R. En gran medida es uno de los objetivos que se persigue. Es muy dramático que el continente más rico del mundo no solo no esté preparado para afrontar el gran desafío que representa el cambio climático, sino que en su territorio todavía haya activistas del negacionismo que presuman de esconder la realidad, de desmantelar la ciencia, de desmantelar los servicios públicos o de deshacer las políticas de resiliencia. Así que es capital contar con ese paraguas común a nivel europeo para garantizar estabilidad.P. Decenas de miles de ciudadanos han sido desalojados por los incendios descontrolados de Ávila, Madrid y Castellón, igual que en Francia. ¿Qué lección debemos aprender los europeos? R. Que no estamos preparados, como dije antes. Esta sí que es la prioridad nacional, hay que trabajar en escenarios de seguridad, donde nuestro sistema económico, nuestra protección para las personas y la sociedad incorpore escenarios climáticos diferentes. Es verdad que la cuestión de los incendios tiene mucho que ver con la ocupación del territorio, la gestión de montes y la biodiversidad y la suficiente dotación de medios profesionales y humanos preparados. Cada cual debe trabajar dentro de sus propias competencias, que, por cierto, pasan también dar respuesta a los bulos que circulan, como que se prohíbe limpiar los montes. Es cierto que se ha incrementado la masa forestal y sabemos que si no se gestiona bien en episodios de temperaturas y sequía extremas la vegetación puede convertirse en material inflamable. Por eso necesitamos pensar qué ocurre con la despoblación de nuestro ámbito rural, qué ocurre con las prácticas agrícolas, qué ocurre con la prudencia de los vecinos, qué se hace los 365 días al año en el territorio.P. Cada vez que hay un gran incendio la ultraderecha sostiene que el monte no se limpia porque las políticas verdes o climáticas lo impiden. R. Me sorprende la capacidad dolorosa que tiene la ultraderecha para inventar, criticar, deshacer, generar situaciones de peligro y luego echar la culpa a los demás. La Ley de Montes determina expresamente la obligación de los propietarios forestales de mantener limpios sus terrenos. Los estatutos de autonomía determinan expresamente las competencias de política forestal en las comunidades autónomas. Hay montes vecinales que son titularidad de los ayuntamientos. Por tanto, esa obligación de mantener el monte, que tradicionalmente además se hacía con aprovechamientos en favor de los vecinos, es fundamental y de hecho forma parte de cualquier análisis que se viene haciendo desde principios de este siglo en materia de clima, también en el ministerio y la Oficina de Cambio Climático de España. Negar la realidad, los datos, insultar y mentir es un punto de partida extraordinariamente negativo que tiene consecuencias nefastas, incluso consecuencias de muerte y destrucción como lo estamos viendo. Es muy desesperante porque el tipo de incendios que estamos viviendo ya no tiene nada que ver con los del pasado, que a veces respondían a comportamientos más o menos incívicos o, incluso, peleas por lindes. Esto no tiene nada que ver. Son incendios que cobran vida propia y son mucho más difíciles de gestionar, mucho más peligrosos, como hemos visto en esta interfaz urbano-rural. Lo vemos en Francia, con el fuego a las puertas de Burdeos, o la preocupación por zonas mucho más densamente pobladas, cerca de Madrid. Hemos visto como en una zona bien gestionada, como la inmensa superficie que ha ardido en la Sierra Norte de Guadalajara, el fuego ha tenido una velocidad de expansión y crecimiento enorme. Estamos ante fenómenos que son tremendamente preocupantes. El cambio climático mata, destruye y esta es una de las caras más impactantes que puede presentar.P. España y Francia han pedido la activación del mecanismo de protección civil para que otros Estados presten ayuda, como está ocurriendo. ¿Este mecanismo se tiene que reforzar? R. Es un sistema de seguridad y protección civil que se ha ido fortaleciendo desde su creación en 2001. Vemos que los escenarios de incendios que hasta hace relativamente poco eran sobre todo una realidad en la Europa del sur, van incrementando su presencia más al norte. También vemos como los escenarios de inundación y catástrofe también van siendo cada vez más distribuidos geográficamente. Entendemos que más allá de la dotación imprescindible que debe tener cada territorio, es capital contar con una dotación de refuerzo solidario entre nosotros. Por ejemplo, lo vimos con la primera compra conjunta de aviones antiincendios encargada Canadair hace dos años. Este refuerzo de la respuesta conjunta es fundamental. Es también hacer Europa. España está acostumbrada a aportar en esas contribuciones cuando es llamada por el mecanismo europeo. Y, evidentemente, agradece infinitamente cuando otros países, como ahora Italia, Grecia, Turquía o Alemania, ofrecen sus medios para poder ayudar. P. ¿Qué piensa de los acuerdos del PP con Vox en algunas comunidades que incluyen ataques a la agenda verde y la lucha climática?R. Me da una enorme pena y me producen una gran sorpresa. Creo que Miguel Arias Cañete [del PP] fue un buen comisario de Clima y entendió que es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Ángela Merkel [excanciller alemana] es el referente de las políticas conservadoras europeas y era una gran convencida en materia de clima. Tratar ahora de descalificar la acción climática es muy preocupante. Se hace un flaco favor en primer lugar a los agricultores, que son los que están en primera línea en el sufrimiento de los efectos del cambio climático.P. No ha mencionado a Ursula von der Leyen, impulsora en la pasada legislatura del Pacto Verde. ¿Quizás la presidenta de la Comisión ha perdido un poquito de brío climático?R. He mencionado dos referencias que no están en la vida política activa. Podría haber incorporado a Connie Hedegaard, del partido conservador danés, que decía: yo soy conservadora porque quiero conservar este mundo para mis descendientes. Ursula von der Leyen ha sido y sigue siendo una mujer enormemente comprometida con la agenda verde. Creo que vive una situación compleja desde el punto de vista de su familia política, que tiene visiones muy diferentes y eso no es sencillo. Pero está firmemente comprometida con la acción climática en el ámbito institucional y en buscar las mejores soluciones en un Parlamento europeo que se ha escorado enormemente a la derecha y está mucho más fragmentado de lo que solía ser habitual.P. ¿Qué le parece el debate en algunos países europeos sobre al aire acondicionado y el cambio climático? R. En el contexto actual, tener o no aire acondicionado pasa a ser un problema de salud pública del mismo modo que la calefacción en los escenarios de bajas temperaturas. Lo que debemos encontrar es sistemas, tecnologías, que no supongan un incremento de las emisiones de efecto invernadero. Esto afecta al consumo energético y a la gestión de los gases fluorados y sus alternativas. Pero es muy difícil pensar que el rendimiento escolar o la salud de las personas pueda depender de si uno tiene capacidad de pago o no. P. Usted conocía al exsubdirector del ministerio Eugenio Domínguez, que está en el centro del caso Forestalia. ¿Qué opina de este caso que afecta a la salvaguarda del medio ambiente durante el boom renovable?R. Creo que hay que esperar a cómo se desarrolla todo el proceso judicial. Me consta la plena disposición y colaboración en la remisión de información por parte del ministerio. Pero me ha resultado extraordinariamente sorprendente y triste, porque efectivamente yo conocía a este señor. Venía siendo subdirector desde los tiempos de Isabel García Tejerina, pero antes había sido técnico en esa subdirección casi desde los tiempos de Isabel Tocino [ambas del PP]. Es decir, es un señor que ha estado en el ministerio de siempre y nunca jamás me pude imaginar que pudiera ocurrir algo así. Pero yo añadiría otra cosa: tengo la mejor de las consideraciones del conjunto de técnicos que trabajan en evaluación de impacto ambiental. Este es un ejemplo extraordinariamente desafortunado e injusto, porque pone en tela de juicio la tarea de unos profesionales de primera. No es ninguna excusa. Es decir, si alguien prevarica, comete ilegalidades y se deja comprar, es obvio que tiene que acabar en la cárcel. Pero creo que de ahí a extrapolar o generalizar hay un mundo y debemos ser muy cuidadosos.