Llevo algo más de 600 días como vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Tomé posesión menos de un mes después de la devastación de la DANA de Valencia. Desde entonces hemos visto los veranos más cálidos de la serie histórica e intensas olas de calor que afectan especialmente a los más vulnerables. Hemos visto arder el noroeste peninsular en 2025, más de 350.000 hectáreas calcinadas. Hemos visto un invierno con un tren borrascas encadenadas en el suroeste que obligó a desalojar a miles de personas y dejó cauces, carreteras y otras infraestructuras destruidas. Y ahora, en 2026, volvemos a un verano durísimo en incendios: con víctimas mortales, todavía más hectáreas quemadas en junio y julio, y aún más cálido que el anterior. El más cálido desde que hay registros.

No es extraño que, en este contexto, haya dedicado una parte importante de estos 600 días a impulsar un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática. Un pacto para toda la sociedad. Un Pacto para la prevención, la emergencia y la recuperación.

Este Pacto nace de años de desastres sucesivos que nos han hecho sentirnos extremadamente vulnerables. Nace de una sociedad que no quiere solo preocuparse: quiere ocuparse, y quiere que los políticos nos ocupemos. Y nace de décadas de evidencia científica.