M�sica

El legendario guitarrista defiende su �ltima discograf�a y recrea alguno de sus cl�sicos a lo largo de dos horas y media de una torrencial actuaci�nPat Metheny, a la izquierda, este domingo, en el Bot�nico.Actualizado Lunes,

julio

10:59Ninguno entre los asistentes que casi colmaron el Jard�n Bot�nico de la Universidad Complutense se atrev�a a dar un paso en falso hacia la salida ante la eventualidad de que el artista decidiese reaparecer en el escenario. Y as� fue, hasta en cuatro ocasiones, para completar las dos horas y media de un concierto en el que Pat Metheny volvi� a ser Pat Metheny, como si no estuviera al borde de los 72 a�os y llevase m�s de medio siglo, desde aquel disco seminal, Jaco, al lado de Pastorius y Paul Bley, de luminosa carrera. Pocos valores tan seguros como �l, un m�sico que est� casi siempre de gira, que graba regularmente, que cuenta con una legi�n de ac�litos que atraviesa generaciones y que posee la sabidur�a de un erudito y derrocha a�n el entusiasmo de un muchacho. De acuerdo, tal vez haya perdido capacidad de sorpresa, pero el guitarrista de Misuri, el hombre que revolucion� el instrumento en la �rbita del jazz, mantiene intacto su af�n de b�squeda y el esp�ritu de los grandes. Como Herbie Hancock, a quien pudimos ver el pasado verano en estas Noches del Bot�nico que se aproximan ahora al final de su d�cima edici�n, o John Scofield, se rodea de m�sicos m�s j�venes, capaces de insuflarle nuevas perspectivas. Lo son el pianista Chris Fishman, el bater�a Joe Dyson, el bajista Jermaine Paul y el cantante y percusionista Leonard Patton, los que le acompa�aron en una noche construida a partir de los temas de Side-Eye-III +, su �lbum de este mismo a�o, pero en la que no faltaron cl�sicos como Bright size life, Are you going with me o Song of Bilbao, con el que se despidi�.Metheny toc� todas las notas y despleg� todas las guitarras, en un concierto por momentos abrumador, sin tregua posible. Pudo v�rsele al frente del tr�o original de su nuevo proyecto, con Chris Fishman en la sala de m�quinas acariciando hasta el �rgano Hammond en algunos de los momentos m�s hermosos de la noche. Pudo v�rsele tambi�n comandando el quinteto fortalecido por el bajo y la percusi�n, donde Leonard Patton hizo recordar el tono vocal de Milton Nascimento. Pudo v�rsele a solas, tambi�n con la guitarra electroac�stica. Al final, qui�n sabe si hasta consigui� que el p�blico se olvidase por un buen rato de sus m�viles, pese a que cuando por megafon�a se hizo p�blica al comienzo la petici�n para que se prescindiese de ellos esta fuese recibida con hilaridad y hasta con el amago de aplausos de sorna, como si a algunos les quisieran extirpar una parte de su ser.