OpiniónEl rumbo del país no dependerá de un programa de gobierno, sino de que recuperemos una cultura de respeto por las instituciones y la verdad.26.07.2026 23:17 Actualizado: 26.07.2026 23:17 ¿Quo vadis? y Domine, quo vadis?¿Hacia dónde vas, Colombia? Quizá esa sea hoy la pregunta más pertinente para nuestro país. Más que una expresión latina, quo vadis? es una invitación a reflexionar sobre el rumbo de la nación y sobre la responsabilidad que cada ciudadano tiene en la construcción de su futuro.La célebre novela Quo vadis?, del escritor polaco Henryk Sienkiewicz, transcurre en la Roma del emperador Nerón, cuando el abuso del poder y la decadencia moral precipitaron una profunda crisis. En ese contexto, el apóstol san Pedro, mientras huía para salvar su vida, se encontró con Jesús y le preguntó: Domine, quo vadis? (“Señor, ¿a dónde vas?”). La respuesta fue: “Voy a Roma para ser crucificado de nuevo”. Pedro comprendió entonces que no podía eludir su deber y regresó para acompañar a los primeros cristianos, aun a costa de su propia vida.Hoy, preguntarnos “Colombia, quo vadis?” también es un interrogante moral y político. ¿Hacia dónde vamos? ¿Quién define ese destino? La respuesta no recae únicamente en el Presidente de la República. Depende de todos: de la fortaleza de nuestras instituciones, del liderazgo de quienes gobiernan y de la actitud responsable de una ciudadanía que no puede limitarse a ser espectadora.El próximo gobierno enfrentará desafíos que exigirán decisiones inmediatas y visión de largo plazo: recuperar la seguridad; reactivar el crecimiento económico y la inversión; fortalecer la democracia y el Estado de derecho; impulsar la educación, la innovación y el emprendimiento; reconstruir el sistema de salud; avanzar en la inclusión social; promover la unidad nacional y restablecer una política exterior que devuelva confianza y cooperación internacional.Pero el rumbo de Colombia no dependerá únicamente de un programa de gobierno. Dependerá de que recuperemos una cultura de respeto por las instituciones, por la verdad y por los valores democráticos. Ningún país prospera cuando la polarización sustituye el diálogo o cuando las instituciones se subordinan a la voluntad de quienes ejercen el poder.En este contexto cobra especial importancia el debate sobre el lugar de la posesión presidencial. La Constitución exige que el Presidente preste juramento ante el Congreso, expresión de la soberanía popular y del equilibrio entre los poderes públicos. Si, por decisión del Congreso, la ceremonia se realiza en otro lugar, ello no implicará una irregularidad constitucional. Sin embargo, el escenario escogido transmite un mensaje político e institucional que merece una cuidadosa reflexión.Si la posesión llegara a realizarse en el suroccidente o el Cauca, se interpretaría como un compromiso válido del Estado con una región que durante décadas ha sufrido violencia, abandono y la expansión de economías criminales. Sería un mandato de lograr plenamente la presencia institucional en un territorio estratégico para la unidad nacional y la integración regional.¿Cuál sería el mensaje si el acto se celebrara en una instalación militar? Colombia ha sido reconocida históricamente por el carácter civilista de su democracia y la subordinación constitucional de la Fuerza Pública al poder civil. El respaldo a nuestros militares debe ser permanente e inequívoco después de estos años de debilitamiento institucional, cuidando que los símbolos del poder republicano preserven con claridad ese principio.Los escenarios importan porque expresan el tipo de República que queremos construir. La pregunta “Colombia, quo vadis?” no se refiere únicamente al destino del país, sino también a la trascendencia de largo plazo de nuestras decisiones y a la elección de símbolos que fortalezcan una democracia sustentada en instituciones sólidas que trascienden a los periodos de gobierno, priorizando el respeto por la Constitución y la unidad nacional para asegurar el desarrollo material y social.El futuro de Colombia no está escrito. Depende de la capacidad de sus gobernantes para ejercer un liderazgo responsable, pero también del compromiso de cada ciudadano con la defensa de la democracia, la seguridad, el estado de derecho y el bien común.MARTA LUCÍA RAMÍREZ(Lea todas las columnas de Marta Lucía Ramírez en EL TIEMPO aquí) Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. 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