La incorporación de las nuevas tecnologías ha supuesto un antes y un después en la vida cotidiana y un factor determinante para la competitividad. En este sentido, para el tejido productivo español la digitalización continúa siendo una asignatura pendiente. Según subraya un informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y la fundación BBVA, los sectores de alta intensidad digital aportan solo el 21,2% del PIB, frente al 24,3% de la UE, por lo que España se sitúa 3,1 puntos porcentuales por debajo de la media.Por el contrario, los de baja digitalización tienen un peso muy superior al europeo y representan el 37,9%, frente al 31,5%. De hecho, España es el tercer país comunitario con mayor peso de estos sectores, solo por detrás de Grecia y Rumanía.
Esta diferencia no solo se observa en la aportación económica de las diferentes actividades, sino también en su presencia dentro del conjunto empresarial. Los sectores de alta digitalización concentran el 21% del total, una proporción muy inferior al 42,7% que representan las compañías pertenecientes a sectores de baja digitalización.
Entre las ramas productivas más digitalizadas destacan los servicios de información y comunicaciones, la fabricación de material de transporte, las actividades jurídicas y contables, la investigación y desarrollo, la publicidad, las actividades administrativas y los servicios auxiliares.






