El l�der ind�gena Brooklyn Rivera reapareci� en mayo, lleno de cables y en los huesos, en el hospital de Managua donde acabar�a muriendo d�as despu�s. Llevaba tres a�os en paradero desconocido despu�s de ser declarado "traidor a la patria" y fue el s�ptimo opositor que perd�a la vida bajo custodia del Estado desde 2019. Ocho familiares suyos que viajaron a la capital nicarag�ense para reclamar el cuerpo est�n hoy desaparecidos. Y tampoco se tienen noticias del obispo Abelardo Mata Guevara desde el 29 de junio.Detenidos fueron tambi�n, en 2021, todos los candidatos opositores antes de las elecciones presidenciales, de modo que el ganador fue, �sorpresa!, Daniel Ortega. El presidente reform� la Constituci�n en 2025 para, entre otras cosas, establecer la figura de su copresidenta -antes vicepresidenta-, su mujer, Rosario Murillo, con la que tiene siete hijos y a la que llaman "bruja" no s�lo por invocar a los esp�ritus. Algunos de sus efectos terrenales: m�s de 300 muertos solamente en la represi�n de las protestas de 2018, un �xodo del 10% de la poblaci�n, medio millar de cr�ticos expulsados y a los que se despoj� de la nacionalidad, todos los medios de comunicaci�n independientes confiscados y exiliados en Costa Rica.�Qu� a�ade, pues, que un decr�pito Ortega declare, como hizo el pasado 19 de julio, "aqu� no volver� a haber elecciones"? �Por qu� lo hace precisamente ahora, con Estados Unidos metido en Venezuela y presionando cada vez m�s a Cuba, la fiel correligionaria e inspiradora del r�gimen sandinista?El Premio Cervantes Sergio Ram�rez.JAVI MART�NEZEl premio Cervantes y reci�n elegido miembro de la Real Academia Espa�ola Sergio Ram�rez, refugiado en Madrid desde hace cinco a�os, califica la declaraci�n de "estramb�tica" y afirma a EL MUNDO que "no cambia mucho lo que est� pasando en el pa�s". Desde 2006, explica el escritor -quien fue vicepresidente de Ortega en el primer Gobierno tras la derrota del dictador Anastasio Somoza y reneg� del sandinismo en su c�lebre Adi�s, muchachos-, "no ha habido realmente elecciones", sino "fraudes electorales". "Realmente no s� cu�l es el prop�sito", dice Ram�rez, "pero buscar c�mo llamar la atenci�n en estos momentos le puede resultar fatal, porque se est�n poniendo en la diana. Nadie se acordaba de Ortega".El autor conoce el percal, si bien confiesa no haber esperado nunca hasta d�nde llegar�a la "traici�n" que supuso ser perseguido y desterrado. A esa mezcla de "viejo caudillismo decimon�nico", "esquema familiar din�stico muy conservador", "ret�rica antiimperialista" y "partido hegem�nico de corte leninista", s�lo le falta, estima, declarar �nico al Frente Sandinista de Liberaci�n Nacional (FSLN).A su amiga Gioconda Belli, tambi�n escritora y residente en Madrid -ambos est�n entre los m�s de 300 nicarag�enses a los que el Gobierno espa�ol naturaliz� despu�s de que Ortega los despojara de su nacionalidad-, lo �nico que le alegra es que "esto haya sacado a Nicaragua del olvido". La autora opina que fue "un gesto de gran crueldad y de falta de todo tipo de escr�pulos, el d�a que se celebra el fin de una dictadura en Nicaragua [la de los Somoza, en 1979] anunciar que va a haber otra dictadura".Vieja correligionaria del sandinismo, bestseller desde su primera novela -La mujer habitada (1988)-, se exaspera al denunciar el uso espurio del aniversario. "Adem�s de que nos confiscaron casas, pasaportes, pensiones, est� confiscando la soberan�a de siete millones de nicarag�enses, y aprovecha un acto que conmemora el fin de una dictadura que nos cost� sangre, una lucha largu�sima, para decir que su dictadura va a existir a perpetuidad", nos dice.Belli ve la cancelaci�n de elecciones como una "raya negra", pero recuerda que "lo que pas� fue un proceso". "En primer lugar, vaci� las instituciones, encarcel� candidatos, destruy� partidos, aboli� el Estado de derecho en Nicaragua. Esta es la conclusi�n". Para ella, fue incluso dudosa la elecci�n democr�tica en 2006 del mandatario sandinista: "Logr�, con un pacto con el presidente m�s corrupto de Nicaragua [Arnoldo Alem�n, 1997-2002], que se bajara el porcentaje electoral del 45% al 35% y �l gan� con el 38%, as� que, en realidad, m�s de la mitad de Nicaragua vot� contra �l". Jam�s, asegura, consider� digno del cargo a Ortega ni en su primer mandato: "Pienso que lo pusieron ah� porque era el m�s opaco, y creyeron que su ego era menor que el de los otros [l�deres sandinistas]".En cualquier caso, a�ade Belli, la abolici�n de la alternancia no ser�a m�s que "un reflejo de la debilidad que tienen": "Est�n mandando por miedo y por las armas, por eso no pueden tener elecciones, porque si creyeran que realmente el pueblo los apoya, no tendr�an miedo".La escritora Gioconda Belli.JAVI MART�NEZEse miedo es evidente tambi�n para Douglas Castro Quezada, participante en las protestas de 2018, ap�trida hasta que Colombia le concedi� asilo y nacionalidad y hoy estudiante de posgrado becado en Londres. "Ortega no est� dispuesto a ir a elecciones ni siquiera s�lo con zancudos [opositores a modo], porque cree que eso le abre un problema, y lo que est� haciendo es reducir la incertidumbre al m�ximo" y as� blindar "la sucesi�n presidencial", refiere el joven.El mandatario "se desat� en su honestidad" y, al hacerlo, seg�n Castro Quezada, "cometi� un error". Porque ahora "lo que qued� claro es que a Ortega lo que m�s le preocupa es el tema electoral", y eso va a animar a la oposici�n. "Muchos sectores tienen miedo de ser vistos como complacientes al pedir elecciones y reclaman posturas m�s radicales, como intervenciones o sanciones m�s fuertes", explica. "El mensaje que esto nos deja es que, inclusive en las dictaduras, los dem�cratas no tienen que dejar de insistir en que haya elecciones".Que Ortega se quit� totalmente la careta fue lo mismo que pens� Alexa Zamora, defensora de derechos humanos tambi�n exiliada en Espa�a por su participaci�n en las movilizaciones de hace ocho a�os. "�l siempre ha querido vender que su permanencia en el poder es el resultado de la voluntad popular, un argumento que tambi�n esgrimen muchos de sus aliados fuera de Nicaragua, apelando al principio de soberan�a", expone. En un principio, y al igual que su compatriota Douglas, lo ve como una "torpeza estrat�gica", pero tampoco lo quiere aseverar rotundamente.Las nuevas reformas a la Constituci�n, iniciadas el pasado lunes, incluyen la reducci�n del Parlamento en n�mero y funciones. Desde esta perspectiva, discurre Zamora -aludiendo a la captura en Caracas de Nicol�s Maduro por parte de Estados Unidos y la consiguiente imposici�n de Delcy Rodr�guez como presidenta encargada-, "tal vez pretendan quitarse del camino intermediarios para evitar un escenario como el que se est� viendo en Venezuela".UN R�GIMEN D�BILLa activista, sin embargo, no ve a Washington interviniendo en Nicaragua de esta manera. "No creo que haya necesidad de llegar a ese punto, porque ya de por s� el r�gimen se encuentra aislado y d�bil". Por no hablar, contin�a, del "potencial efecto que tienen estas declaraciones de Ortega dentro de su propio n�cleo de poder". �Por qu�? "Porque quienes tengan aspiraciones al poder no van a encontrar una v�a para llegar a �l, y esta compresi�n s� o s� va a terminar por fragmentarlo".Nacida en 1988, Alexa Zamora milit� de adolescente en el Frente Sandinista, que la decepcion� al comprobar de primera mano que los programas sociales, calcados del castrismo, estaban podridos de corrupci�n y que, tambi�n a la cubana, los Consejos del Poder Ciudadano s�lo serv�an para identificar a los disidentes. Entreg� el carn� cuando la mandaron llamar para rega�arla por haberse hecho amiga "de una muchacha que no era af�n al partido". Involucrada en plataformas opositoras a ra�z de las protestas de 2018, fue acusada de terrorismo y narcotr�fico.El exilio la libr� de la c�rcel. Un exilio que no est� exento de riesgos, recuerda. M�s all� del caso extremo del militar nicarag�ense retirado Roberto Samcam, asesinado en Costa Rica presuntamente por �rdenes de Managua, y otros similares, indica Zamora, "la p�rdida de la nacionalidad es una forma de represi�n transnacional, porque dejas de existir". Eso, que llama un copy-paste de patrones que existen en Cuba, es una estrategia calculada: "El tiempo que podr�as dedicar a luchar contra la dictadura ahora lo tienes que usar para subsistir".Por eso, lamenta que parte de la sociedad espa�ola a�n mire a Nicaragua con la nostalgia de haber sido la "revoluci�n de los 80". A�n se encuentra con gente que dice que "todo lo que nosotros hacemos es una estrategia orquestada por la CIA y por Estados Unidos, y lamentablemente, lo cree de buena fe". Respecto a la concesi�n de naturalizaci�n por parte de Espa�a, destaca la buena voluntad "no solamente del PSOE sino tambi�n del PP y de otras facciones". "Y yo creo que ah� est� la clave del asunto", zanja, "en entender nuestra realidad m�s all� del lente ideol�gico, porque lo que pasa en Nicaragua no es un tema de izquierda contra derecha, sino un r�gimen que se enraiza en el poder m�s all� del bienestar de sus ciudadanos".Tanto ella como Gioconda Belli y Sergio Ram�rez s�lo tienen palabras de agradecimiento hacia el Gobierno de Pedro S�nchez, con una salvedad: Espa�a, que ante los �ltimos acontecimientos se ha limitado a declarar que buscar� con la Uni�n Europea una "posici�n com�n", deber�a ser, como plantea Zamora, "una voz much�simo m�s activa y beligerante". Ella propone, como ejemplo, la revisi�n de acuerdos comerciales, como el AdA (Acuerdo de Asociaci�n entre la Uni�n Europea y Centroam�rica), lo cual "puede ser positivo de cara a una apertura democr�tica en Nicaragua". Espa�a, considera Belli, "no puede invitar a Nicaragua a la pr�xima Cumbre Iberoamericana", y tanto Europa como Am�rica deben "aislar a Nicaragua como lo que es: una dictadura sangrienta".Su pa�s, dice la escritora, "necesita el apoyo internacional, porque tenemos una situaci�n de represi�n tan intensa que es bien dif�cil que la gente pueda organizarse dentro". "M�s nueces y menos ruido", pide a la comunidad internacional Sergio Ram�rez. Porque antes de la �ltima salida de Ortega, ha habido a�os y a�os de supresi�n del Estado de derecho. Este es el asunto, concluye: "No se ha sido en�rgico ni determinante para ver c�mo la democracia en Nicaragua se ha venido disolviendo".