Carne 100% a la parrilla, doble de queso fundido y bacon crujiente. Hasta que la empresa que lo había contratado canceló la campaña, estos eran los ingredientes del bocadillo de elXokas. Yo apenas sabía nada de quien era este creador de contenido, que tiene 35 años y millones de seguidores en España, pero mi hijo adolescente lo sigue y se troncha con los cascos puestos en su habitación mientras mira sus videos, bro. Un día nos pidió como 15 euros para zamparse aquel menú del Burger King y hacerse unas risas después de una tarde de entreno. No era mal plan y pensé que el tipo de márquetin la había clavado con aquella apuesta publicitaria protagonizada por varios streamers. Pero poco después la empresa emitió un comunicado donde anunciaba que había cancelado el acuerdo con elXokas. El problema habían sido unos comentarios suyos que habían saltado a las redes convencionales y podían afectar a la reputación de la marca. Descubro que esta es su enésima polémica y que la vacilada, sí, era clasista y desagradable. Pero tras dedicarle algunas horas constato que fueron comentarios recurrentes en su espectáculo de monólogos dirigido a un público objetivo: hombres jóvenes. A veces dialoga con los seguidores que le mandan comentarios y que así se sienten parte de una comunidad malota y molona. Y a uno que es habitual, como respuesta, le soltó en su tono macarrilla algo sobre su madre y añadió que él había ganado más pasta que ella en toda su vida solo con aquella campaña de publicidad. Testosterona, risas y emoticonos. Como si lo tuvieras sentado en tu sofá con otros colegas, el tipo insulta, se acelera, opina de cualquier cosa con contundencia y se reafirma cada dos por tres. ¿Por qué os gusta? La actitud. Es la audiencia, sus huevos y la pasta.Hay centenares de sesudos análisis cuyo propósito es determinar la influencia política de los streamers. Cuando elXokas hizo un especial sobre la corrupción en la cúpula del PSOE, que lo llevó a El Hormiguero donde remachó su impugnación sistémica, Jordi Pérez Colomé explicó cómo el canal para informarse está cambiando generacionalmente: el trasvase ya no es de los medios tradicionales a las redes, sino que los influencers tienen cada vez más capacidad para crear opinión. En ese artículo un académico subrayaba una característica sobre elXokas: dice que habla, y habla como habla, por imperativo moral. Sus frentes de batalla ideológicos son la lucha contra el feminismo y la denuncia del infierno fiscal. Este es su compromiso patriótico: la denuncia de lo que nadie dice, pero él sí, a su manera y ese es su valor. Así reaccionó tras la rescisión de la campaña por parte de la hamburguesera, como el líder de una manada de lobos reunidos ante las pantallas colocadas sobre la mesa de estudio en los dormitorios. Como una forma de clandestina complicidad. Con el orgullo de la ira. Preguntarse por el partido que apoya es una manera simplista de calibrar su potencial impacto, que lo tiene. Lo más relevante es el tipo de masculinidad que moldea emisión tras emisión, la exhibición de una identidad mal educada que revienta la esfera pública por cojones. Cuando le pregunto a mi adolescente qué me recomienda para que entienda por qué mola tanto, me pasa el enlace de uno de sus videos con miles y miles de visualizaciones: es de hace un par de años, enseña el pisazo que se había comprado en Madrid. Es el templo de su éxito. En el salón enseña el equipo desde el que retransmite: cámara, micro, pantallas. Sale a la terraza y proclama que lo ha conseguido. Es rico.