Con Xokas coincidí una vez en la arena Torreón Grajo Negro, en la expansión Legion de World of Warcraft hace un buen puñado de años. Nos tocó juntos y ganamos en pocos segundos; me hizo ilusión, porque qué probabilidades había. WoW, a pesar de ser un videojuego excepcionalmente popular, no tenía, ni tiene, ni ha tenido nunca, una gran cantidad de creadores de contenido, mucho menos, además, que fueran famosos. En ese momento, Xokas no lo era. Era el creador de contenido más conocido de España en ese juego, pero su audiencia era, en comparación con otros youtubers y streamers, muy, muy pequeña, tanto que no le daba para vivir y en ese momento todavía trabajaba como editor de vídeo en el Real Madrid. Yo era uno de los pocos suscriptores que tenía en Twitch, gracias a la suscripción gratuita que podías canjear con tu suscripción a Amazon Prime. En ese momento, Elxokas era una persona normal. Y digo era, porque a la persona que una vez se llamó Joaquín y que era Xokas solamente de vez en cuando la devoró la catástrofe de un ego inflado con el aire a presión de la más frágil de las autoestimas.
Era, esto puedo decirlo porque es verdad, un tipo divertido de ver; era un tipo que abría streaming después de currar y que tú veías después de currar y que hablaba de World of Warcraft con la seriedad con que otros hablan de política, y eso, en aquel entonces, era una forma de decir que ninguna de las dos cosas importaba tanto. Por eso, cuando Blizzard Entertainment anunció el lanzamiento de WoW Classic, y Xokas anunció que dejaría su trabajo para intentar dedicarse a tiempo completo al streaming, tuve claro que iba a irle bien. Él también lo tenía claro; recuerdo a la perfección sus palabras: “si me lo tomo en serio, puedo ser uno de los creadores de contenido más importantes de España”.












