Hay una anécdota en la política británica que durante años ha funcionado como categoría. Cuando un periodista estadounidense entrevistó al entonces primer ministro, Tony Blair, por sus creencias religiosas, su jefe de prensa, el legendario y astuto Alistair Campbell, cortó en seco con aquello de We don’t do God (algo así como “aquí no entramos en el rollo ese de Dios”). Eran los tiempos de la guerra de Irak, y el jefe de Gobierno había atado su destino al del presidente estadounidense, George W. Bush, que superó su alcoholismo a base de una fe exhibicionista.Blair acabaría más tarde convirtiéndose al catolicismo, la religión que profesaba su mujer, Cherie, cuando ya había abandonado Downing Street. El nuevo primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, tiene, entre otros récords, el de ser el primer católico en ocupar ese puesto desde que hace 500 años Enrique VIII se divorció de Roma y creó la Iglesia Anglicana de Inglaterra.“Tres cosas son importantes en mi vida: el Everton F.C., el Partido Laborista y la Iglesia católica. En ese orden”, decía Burnham al diario The Guardian en 2009. “Y la razón por la que digo esto es porque todo responde finalmente a la identidad cultural”, añadía.La madre de Burnham es una irlandesa que recaló en Liverpool (el principal destino histórico de aquella migración, que ha marcado el carácter de la ciudad) y le transmitió su fe. Eileen Burnham, hija de un camionero y nieta de un minero, portaba con ella un rosario el pasado lunes, cuando vio a su hijo cruzar la puerta de Downing Street.Aunque ya no va a misa, ni se considera practicante, su educación y el contexto que vivió de niño se palpan en sus decisiones y discurso. Acudió a un colegio católico y fue monaguillo durante los años que vivió entre Liverpool y Mánchester, en una sociedad con fuertes raíces irlandesas, y marcada doblemente por los vientos nuevos que surgieron del Concilio Vaticano II y por la sensación de lacerante injusticia social que produjo la desindustrialización del noroeste del Reino Unido llevada a cabo por los gobiernos conservadores y neoliberales de Margaret Thatcher.El arzobispo católico de Liverpool en aquella época, Dereck Worlock, reivindicaba en sus sermones la doctrina social del Evangelio para despertar en la comunidad obrera un necesario espíritu de solidaridad en época de sufrimiento.“Como monaguillo, seguro que escuchó los mensajes en los que Worlock criticaba el modo en que el Gobierno central abandonaba zonas del noroeste de Inglaterra”, ha escrito Francis Davis, profesor visitante de Religión en el Kellogg College de la Universidad de Oxford. “Worlock solía enviar sus sermones en cintas de casete a las distintas parroquias, y Burnham, como monaguillo acólito, habría sido el encargado de darle al botón de play”, señala.Las primeras decisionesConsciente de que para muchos de sus correligionarios laboristas, “el rollo de Dios” puede resultar incómodo, Burnham procura ser discreto respecto a la tradición en la que ha crecido. “Como decía mi madre, con su fuerte acento de Liverpool, ‘no voy lamiendo las escaleras del altar”, dijo a la revista católica The Tablet cuando intentó competir por primera vez por el liderazgo del partido, en 2010.Aunque ha criticado abiertamente la doctrina moral de Roma en cuestiones como el aborto o el matrimonio homosexual, su insistente mensaje de buscar “un encuentro social” entre todos los británicos tiene fuertes resonancias con el discurso del fallecido papa Francisco, que logró seducir a gran parte de la izquierda europea.Burnham prometió el lunes, ante la puerta de Downing Street, en su discurso inaugural como primer ministro, que su prioridad sería poner fin a la situación de todas las personas “sin techo” que hay en el Reino Unido. Y antes incluso de acudir al palacio de Buckingham para cumplir con el protocolo y recibir de Carlos III el encargo de formar Gobierno, se acercó a The Passage Homeless Charity, un comedor social para personas sin hogar, donde se dejó grabar mientras cortaba champiñones y ayudaba a preparar el desayuno de ese día.Uno de sus principales logros como alcalde de Mánchester, con la escasa financiación que recibió del Gobierno central en un país donde las competencias locales siguen siendo muy limitadas, fue precisamente el de reducir al mínimo la pobreza en la ciudad.“A través de su historia, los socialistas cristianos han estado en el corazón del movimiento laborista. La organización Christians on the Left (Cristianos en la Izquierda) ha demostrado que esa contribución no es algo del pasado, sino que se mantiene activa y relevante hoy en día”, escribió Burnham a ese grupo durante su época al frente del Ayuntamiento del Gran Mánchester. “Como alcalde, he trabajado con iglesias y colectivos de fe para asegurar que su contribución a nuestra comunidad sea apreciada en las políticas de gobierno. No podemos lograr un cambio, a escala local o nacional, sin incluir en la mesa la voz de los grupos de fe”, aseguraba.El hermano del nuevo primer ministro, Nick Burnham, es el director del Cardinal Newman College de Preston, un centro de bachillerato con el nombre del religioso anglicano que se convirtió al catolicismo y acabó beatificado por Francisco. Los aficionados al cine de Sorrentino recordarán la serie de El Nuevo Papa, en la que John Malkovich, que interpreta a un teólogo y aristócrata británico que acaba siendo elegido nuevo Pontífice (con el nombre de Juan Pablo III), profesa devoción por el cardenal Newman.La novedad de su mandato ha llevado a muchos medios, británicos e internacionales, a examinar con lupa a Burnham. Su condición de católico en un país cuyo monarca es el gobernador supremo de la Iglesia Anglicana y que, en puridad constitucional (irrelevante en la práctica), no podría ocupar con esa fe la condición de primer ministro, añade más exotismo al que ya tiene el hecho de haber conquistado el poder, sin primarias ni batalla interna, apenas dos años después de que su predecesor, el dimitido Keir Starmer, lograra una victoria electoral histórica.Cuando concluya el periodo de gracia que habita estos días Burnham llegará el momento de averiguar si el Reino Unido ha dado ya con un Gobierno estable, después de estrenar su séptimo primer ministro desde que inició la década del Brexit. Como escribió Oscar Wilde, otro famoso converso al catolicismo como Graham Greene o Evelyn Waugh, “cada santo tiene un pasado y cada pecador un futuro”. Está por ver si el pasado de educación católica de Burnham le ayuda en el futuro a dejar atrás el pecado de haber entrado en Downing Street sin pasar por las urnas.