Las calles abarrotadas de Madrid desde la boca de metro de Alonso Martínez hasta Gran Vía desafiaban la tarde de este sábado la mala calidad del aire: los más pequeños jugaban en la plaza de Santa Bárbara, con todas sus terrazas llenas, mientras el tráfico transcurría con el ajetreo de cualquier día, los vecinos paseaban a sus perros y la calle Preciados estaba repleta de familias cargadas de bolsas que entraban y salían de las tiendas. Todo el mundo parecía ajeno a las recomendaciones del Ayuntamiento de Madrid: “Cierra puertas y ventanas, no permanezcas al aire libre, si sales utiliza mascarilla para evitar problemas respiratorios, protege los ojos y la piel, utiliza manga larga, especial cuidado con ancianos, niños y personas con problemas respiratorios”. Son consejos aplicados ante la presencia de sustancias nocivas en la atmósfera, provocada por la intrusión de masas de aire de origen africano y los incendios forestales, que afectan al corazón de la ciudad. El sistema de control de la calidad del aire del Ayuntamiento muestra como la contaminación por partículas se intensificó desde la noche de este viernes como consecuencia de la llegada a la capital de la nube de humo procedente de la Sierra Oeste. Los sensores municipales detectaron un aumento progresivo de las concentraciones de PM2,5 y PM10, perjudiciales para la salud, sobre todo en personas que ya padecen alguna enfermedad respiratoria. Las primeras zonas en registrar este sábado los valores más elevados fueron el centro y el sur de Madrid. A primera hora de la mañana encabezaban los registros las estaciones de Méndez Álvaro, Moratalaz, Ensanche de Vallecas y Plaza de España. Por esta última paseaban las alicantinas Lourdes Quiles y Brenda de Farias ajenas a todo. “Vivimos en otro planeta”, dice la primera tras contar que estaban regresando al hotel de una fiesta que comenzó el viernes. “Nadie hablaba de este tema, es la primera noticia”, proseguía. “Yo no escuché nada, pero es cierto que había unas nubes grises”, comentaba su amiga.El episodio fue extendiéndose a lo largo de la jornada del sábado hasta afectar a casi toda la capital. Alrededor del mediodía, 12 de las 14 estaciones de medición de partículas en suspensión registraban una calidad del aire calificada como regular o mala. Todo ello, sumado a la intrusión de masas de aire de origen africano llevaron al Ayuntamiento a recomendar extremar las precauciones y reducir la actividad al aire libre.El taxista Pedro Sánchez, de 48 años, sí era consciente de lo que sucedía a su alrededor. “En el taxi no se habla de otra cosa. En determinadas zonas se ve el humo, también en el centro, y hay clientes que me dicen que a sus casas han llegado las cenizas”, explicaba. Sin embargo, su jornada laboral transcurría con total normalidad. “Los que están han salido a la calle y en los barrios la gente ya se ha ido de vacaciones”, contaba. Escuchó por la radio las recomendaciones del Ayuntamiento, por lo que no le sorprendía ver a alguna persona paseando con mascarilla por la calle, pero reconocía que eran la minoría. “Al coche nadie se ha subido con ella puesta”, aseguraba, mostrándose preocupado. “Se están quemando muchísimas hectáreas”, decía mientras estaba pendiente de que el teléfono sonase para volver a ponerse en marcha.En la plaza de los Mostenses, tres trabajadores charlaban durante el descanso de su jornada laboral. Daniel García, de 36 años, reconocía que en el barrio de San Fermín por la mañana el olor a humo era más intenso, “como a madera quemada”. “Pero allí la gente hace vida normal, no influye en nada y en el centro también. Miedo ninguno. Si cuando vino Filomena salimos a esquiar, pues imagínate...”, comentaba tras manifestar su pena por la situación que viven en la Sierra Oeste.“Tengo familia en Navalagamella y los han evacuado. Pasaron la noche en mi casa y este sábado han vuelto para allá otra vez. Parece que el cielo está despejado, pero hace un poco de aire y puede favorecer otra vez el incendio”, explicaba. Su compañera contaba que en Móstoles la ceniza caía en los coches. “Pero todo el mundo seguía con su rutina”, aclaraba.Mientras, Teresa Ojando, de 23 años, paseaba por la calle Preciados tras aterrizar en Madrid desde Lisboa. “En el avión se veía una ladera de fuego, era impresionante. Al bajar olía muchísimo a humo, era hasta agobiante, ya nos vamos esta tarde a Zaragoza”, comentaba. La ministra de Sanidad, Mónica García, también se sumó a la advertencia en la red social X: “La calidad del aire de Madrid no es buena, con valores de PM2,5 muy por encima de los que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Evita la actividad física y permanecer al aire libre. Si sales de casa y hay humo o ceniza utiliza la mascarilla FFP2/95 y gafas para proteger los ojos. Busca atención sanitaria si notas problemas para respirar, dolor en el pecho o falta de aire. Presta especial atención a las personas vulnerables a tu alrededor. Mantente informado a través de fuentes oficiales y haz caso a las indicaciones de los servicios de emergencia”.Pero Diego Mejía, de 40 años, es uno de los que no leyó ni escuchó estas advertencias. Lo reconocía mientras paseaba en familia por la calle Gran Vía. “Llegamos desde Barcelona y todo transcurre con normalidad, la gente está muy tranquila. Vamos a continuar con nuestra actividad, aunque estando alerta”, comentaba. De los incendios sí estaba al tanto: “Es horrible, este viernes el cielo desde el centro de Madrid se veía marroncito”. A pocos metros de él se encontraba Inés Lebrato, de 25 años, con dos amigos. Son argentinos, están de viaje y se han enterado de lo que sucede en la sierra por el ajetreo de los camiones de bomberos en las calles, pero tampoco estaban al tanto de las recomendaciones: “Todo el mundo está normal”
Las calles abarrotadas del centro de Madrid desafían la mala calidad del aire: “Miedo ninguno”
Mientras el Ayuntamiento de Madrid y la ministra de Sanidad recomiendan no permanecer en el exterior, los viandantes son ajenos a las advertencias










