OpiniónLa relación fracturada entre el presidente electo, Abelardo De La Espriella, y el expresidente Álvaro Uribe.PERIODISTA26.07.2026 00:04 Actualizado: 26.07.2026 00:04 Cuánta agua ha pasado bajo el puente desde que, arrancando la campaña, dos caballos ganadores competían en una carrera y daba lo mismo cuál de los dos ganara: tenían el mismo ADN. Ahora no hay hipódromo. Hay un coliseo con dos gladiadores embistiéndose con espadas.Por eso terminé abandonando la idea de pedirles a Abelardo y a Uribe que, renunciando a egos y dejando de lado las razones válidas que puedan tener sobre sus molestias, bajaran sus espadas, para no enviarle al país este desalentador mensaje de un centroderecha dividido y de una izquierda feliz con esa división: eso solo produce debilidad institucional.Que Abelardo y Uribe se arreglen, ya no lo veo posible. La distancia comenzó a gestarse desde cuando Uribe, aunque la veía con simpatía, no apoyó la candidatura de Abelardo porque no pertenecía a su partido y lo mandó a recoger sus propios votos. Lo hizo y se le creció.Desde ahí, el lenguaje de la campaña de Abelardo, cada vez más triunfalista, comenzó a ser más hiriente con el expresidente y su partido. Los llamó dinosaurios, los de “siempre”, clientelistas; pero el colmo fue un pintoresco video (estrategia que manejan con maestría en la campaña de Abelardo), en el que aparecía Santos de jefe de Uribe, conspirando alrededor de una mesa contra el Tigre. Pero la última bofetada a Uribe fue la designación de Paola Holguín como ministra de Cultura después de que, independientemente de sus méritos personales, se le había retirado a Uribe del partido en un acto de protesta.Ahora: a pocos meses de las elecciones, Uribe y los suyos descubrieron que un señor Carlos Suárez, actual asesor del primer círculo de Abelardo, y la firma Estrategia y Poder supuestamente ayudaron a Mancuso a ejecutar el plan contra Uribe para que Cepeda y Piedad Córdoba salieran del país a buscar testigos por las cárceles y meterlo preso.Aun ahí, el uribismo se contuvo. Pero uno de los clientes —o ex— de esa oficina, Alfredo Deluque, horma de los zapatos italianos de Abelardo, le pidió que lo apoyara en su elección a la presidencia del Senado. Uribe venía de sufrir en carne propia que el uribismo, en desbandada, abandonara a Paloma y se fuera a apoyar a Abelardo.Es absolutamente humano que el expresidente Álvaro Uribe, ya en el ocaso inevitable de toda carrera política, sintiera, y es cierto, que Abelardo quiere acabar con el Centro Democrático —hoy tiene a un grueso de sus integrantes— y convertir en partido a Defensores de la Patria, como dueño de la nueva derecha en Colombia. Uribe sintió que si se dejaba hacer la “prueba Deluque” se sellaría su crepúsculo y quedaría sin ningún juego en el Congreso.Entonces, el PH de Petro y el CD de Uribe coincidieron en el nombre de Honorio Henríquez, a la postre ganador de la ambicionada presidencia del Congreso, con tal de no votar por el de Abelardo. De ahí a decir que hay ‘petrouribismo’, pues sería tan equivocado como decir que hay ‘petroconservatismo’, porque ahora en la Cámara, hasta el Pacto Histórico votó por el conservador Nicolás Barguil como presidente.Pero aquello que en lo personal puede ser entendible, como reaccionar por dolor político, ha resultado en lo público absolutamente incoherente. Al día siguiente de tal episodio en el Congreso, todo el mundo se preguntaba: ¿cómo puede ser posible que Álvaro Uribe termine aliado con Petro en lo que se percibe como un acuerdo politiquero?Aquí, la verdad, todos perdieron. Aunque la sacada de clavo de Uribe le funcionó, porque la derrota infligida a Abelardo en su primera salida real al ruedo como presidente electo fue fulminante, sucedió a altísimo costo para su prestigio. Casi irrecuperable. En cuanto a Abelardo, Uribe dejó demostrado que no podrá sacar sus proyectos en el Congreso sin contar con la bancada uribista. Hasta el Pacto Histórico perdió: dejó ver que si el oportunismo ideológico lo aconseja, hasta Cepeda votará con Uribe en lo que toque.Tampoco es pecado que Abelardo quiera fundar su partido Defensores de la Patria. Uribe se salió del Partido Liberal y con Santos fundaron ‘la U’. Luego de que Santos se lo quitó, Uribe fundó el Centro Democrático. Entonces, es entendible que ahora luche para que no se lo arrebate Abelardo.La política es dinámica, sí. Entretanto... Dos grandes pecados cometidos por la utilería contratada para la ceremonia de posesión del nuevo Congreso: 1) El juego de luces en el Salón Elíptico como chorreones de los disonantes colores de la bandera nacional que, sobre el hermoso mural del Maestro Alejandro Obregón, Tres cordilleras y dos océanos, lo profanaron. ¿Afectaría su integridad?2) El uso de unos niños “prestados” del Bienestar Familiar para que alegraran la imagen de Petro en su recorrido de la Casa de Nariño al Capitolio. ¿Quién dio la autorización para utilizar a esos pequeños como “extras”? Claro: siempre podrán respondernos que quisieron darles un momento de recreación y esparcimiento llevándolos... al circo.MARÍA ISABEL RUEDA(Lea todas las columnas de María Isabel Rueda en EL TIEMPO aquí) Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
Todos perdieron
La relación fracturada entre el presidente electo, Abelardo De La Espriella, y el expresidente Álvaro Uribe.








