Análisis Exclusivo suscriptores El pulso entre el mandatario electo y el expresidente Álvaro Uribe se definirá el 20 de julio, hasta ahora, a ‘voto limpio’.Alfredo Deluque - Nicolás Barguil serían las nuevas cabezas del Legislativo. Foto: Archivo particularSUBEDITOR DE POLÍTICA18.07.2026 22:01 Actualizado: 18.07.2026 22:01

La elección del nuevo presidente del Congreso, que en los últimos años había sido un proceso sin mayores contratiempos ni tensiones, generó un choque inesperado en la nueva coalición de gobierno de Abelardo De La Espriella y la pone a prueba mañana, cuando se instale el nuevo Legislativo en el que el mandatario electo se perfila para tener las mayorías.La oposición del Centro Democrático a la candidatura del senador de ‘la U’ Alfredo Deluque, quien tiene el guiño del presidente entrante, generó un choque en la derecha, justo cuando se esperaba que el principal aliado de la nueva administración fuera el uribismo. El Centro Democrático quiere que el presidente del Congreso sea el senador Honorio Henríquez. Las tensiones no son menores y dejan al descubierto un eventual distanciamiento –que públicamente ellos niegan– entre el abogado y el exmandatario, así como un viraje en la derecha –o, más bien, hacia una nueva derecha– más de la mano de De La Espriella y menos de la de Uribe, quien ha marcado el rumbo de este espectro político durante todo el siglo.El expresidente ha sido muy cercano a la familia De La Espriella desde hace más de 20 años y esta semana ha reiterado en varios escenarios que, a pesar de los actuales ruidos en la relación política, va a apoyar al presidente electo “en todo lo que sea a favor de la patria”. Pero también ha dejado en claro que va a defender a capa y espada el capital político de su partido, el Centro Democrático. “Si el Tigre va a rugir contra nosotros, a nosotros nos toca proceder como las abejas”, aseveró Uribe, quien ha sido determinante en la política nacional este siglo, en entrevista con Caracol Radio.Abelardo de la Espriella y Álvaro Uribe Foto:Álvaro UribeExperto en cálculo político, Uribe señala al “entorno” de De la Espriella de estar moviéndose contra su colectividad. El jefe del Centro Democrático tiene fuertes diferencias con Carlos Suárez, el estratega político de la campaña de Defensores de la Patria y quien le habla al oído al mandatario electo. Los choques entre ambos no son un secreto: han salido a la luz pública y en redes sociales han protagonizado duros enfrentamientos.De La Espriella, por su parte, ha guardado silencio y no se ha involucrado, en público, en este tema. Su ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, quien ha ido a las reuniones de los compromisarios, ha sido la voz del gobierno entrante en este asunto. El viernes, desde las redes sociales de Defensores de la Patria, salieron en respaldo de Deluque: “El senador asumió una posición clara. Fue el único miembro de ‘la U’ que se enfrentó a Petro y uno de los primeros en respaldar, desde el primer día, el proyecto liderado por el presidente electo de Colombia”.Rodrigo Lara, ministro del Interior designado. Foto:CRISTIAN ACOSTA / KronosPero lo cierto es que estas disputas y tensiones no son nuevas, aunque con Uribe de frente toman un tono diferente. En campaña, hubo un momento en que el mismo De La Espriella fue muy duro con Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, y analistas en su momento advirtieron que esa disputa por el mismo electorado podría dejar heridas abiertas.Para Thierry Ways, analista político y columnista de este diario, “las tensiones existen también entre sectores cercanos ideológicamente e, incluso, pueden llegar a ser más tirantes, pues se trata de colectivos disputándose los mismos votantes, el mismo espacio, en el que quizá no caben todos. Creo que viene precisamente una confrontación entre esos dos bloques: la derecha tradicional del uribismo y la nueva derecha del abelardismo”.La puja por las presidencias –que ha abierto el inesperado escenario de un eventual apoyo del Pacto Histórico al candidato del Centro Democrático, todo con tal de golpear al nuevo gobierno– sin duda está generando ruidos entre lo que parecían ser aliados naturales. Lo que no necesariamente marcará la ruta en el Congreso en el futuro, mucho más de cara a los enormes retos que quedan para el país tras los cuatro años de la administración de Gustavo Petro.Desde el gobierno electo han insistido en que Deluque debe ser el hombre que lidere el Congreso en el primer año de la ‘Patria Milagro’ y destacan su talante para unir y llegar a acuerdos, algo clave en tiempos de polarización.Pero el uribismo reclama su lugar. De La Espriella, al igual que Uribe en 2002, llega sin una bancada fuerte. Desde entonces no veíamos un escenario similar, pues tanto Uribe en 2006, Juan Manuel Santos en 2010 y 2014, Iván Duque en 2018 y Gustavo Petro en 2022 lograron elegirse de la mano de una fuerza considerable en el Legislativo.El partido que lo apoyó desde el principio, Salvación Nacional, tiene 4 senadores, mientras que el Centro Democrático, fortalecido luego de cuatro años de intensa oposición, tiene 17, siendo la segunda bancada más grande después del Pacto Histórico, que obtuvo 25 curules y que con Iván Cepeda, gracias al Estatuto de la Oposición, suma 26. Además, en el uribismo dicen que Deluque fue santista –hace parte del partido de ‘la U’, que fundaron Uribe y Juan Manuel Santos– y apoyó algunas iniciativas de Petro. Lo cierto es que el senador marcó en los últimos años una fuerte distancia con la Casa de Nariño luego de la ruptura de la coalición de gobierno, que duró solo 9 meses.El gobierno electo buscaba que el Centro Democrático, con Daniel Briceño, el congresista más votado el 8 de marzo, presidiera la Cámara de Representantes, pero al uribismo no le sonó. Lo vieron como una imposición y algunos miembros de la colectividad insistieron en que no convencía que un primíparo ocupara la segunda dignidad más importante del Capitolio. Por eso decidieron enfilar todas sus energías en Senado y llegaron a acuerdos para que los conservadores, con Nicolás Barguil, presidan este primer año. Pero los acuerdos a los que el uribismo llegó en Cámara los habría hecho bajo la premisa de que en Senado les cumplan, por lo que algunas voces no descartan que, si no se llega a consensos con Deluque, se rompa lo establecido en Cámara. Aunque, sin el uribismo, los votos estarían para la presidencia conservadora. Según el acuerdo al que se llegó en esta corporación, el primer año será para el Partido Conservador, el segundo para los liberales, el tercero para el Centro Democrático y el cuarto entre Cambio Radical, Salvación Nacional y Creemos.Congreso en pleno Foto:César Melgarejo. EL TIEMPOLa apuesta del Centro Democrático es que Honorio Enríquez, uno de los pocos senadores veteranos que le quedan –este año se vio una gran renovación en las listas–, sea el presidente. Hasta anoche, al cierre de esta edición, insistían en esa candidatura y parece que mañana, si hoy no hay movimientos, se van a ir a voto limpio.Deluque se perfila para quedarse con las mayorías. El número mágico es 52: el país volvió a los 103 senadores con la desaparición de las 5 curules de las Farc que el acuerdo de paz les otorgó por ocho años. El político guajiro tiene asegurados, en principio, 38 votos: los 10 de Alianza por Colombia (Alianza Verde, En Marcha y Aico), 9 del Partido Conservador, 8 de ‘la U’, 7 de Cambio Radical y 4 de Salvación Nacional. Está, por tanto, a 14 votos de la presidencia. Henríquez, por su parte, cuenta con los 17 del Centro Democrático y el de Jota Pe Hernández, de la Alianza Verde, quien se apartó de la decisión de la coalición. Por definir quedan 47 votos: los 26 del Pacto Histórico, 15 del Partido Liberal, 3 de Mira y 3 entre Mais, Dignidad y Compromiso y el Nuevo Liberalismo.Estos partidos, en principio, buscarían acuerdos. Los liberales tienen la fuerza para negociar una presidencia del Congreso en los próximos años. Los demás irían por comisiones. Por esto, podrían inclinarse más hacia el bloque mayoritario. Y quienes podrían prácticamente asegurar la victoria de Deluque o darle un aire a Enríquez son los liberales. La colectividad que dirige el expresidente César Gaviria se reunirá mañana en el Hotel de la Ópera, antes de desplazarse al Capitolio, y tomará una decisión. Mientras tanto, el Pacto Histórico no descarta acompañar al uribismo. Era una alianza impensable, pero para ellos sería clave propiciar una derrota al presidente electo. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”, dejaron claro algunos miembros del hasta hoy partido oficialista y mañana opositor.Precisamente el ministro del Interior designado cuestionó que el Centro Democrático supuestamente esté buscando alianzas con el petrismo, algo que el mismo Uribe rechazó e incluso señaló al bloque de Deluque de buscar acuerdos con la cuestionada Martha Peralta, senadora que se quedó con la curul indígena e investigada en el escándalo de la UNGRD.“La instrucción política de Gustavo Petro es votar por Honorio Enríquez. Todo el mundo lo sabe. No hay nada oculto”, dijo Lara, quien además ha insistido en que se resiste a pensar en la idea de ir a voto limpio en contra de los acuerdos de las mayorías, algo de lo que no se tiene registro en las últimas décadas e implicaría cierto grado de inestabilidad política en el Capitolio. Usualmente es en el cuarto año, algunas veces en el tercero, cuando se rompen algunos de los acuerdos, pero nunca en el primer año y menos en presidencial del Senado.“Él (Petro) sí quiere hacer el daño. Quiere sabotear el inicio del gobierno de Abelardo De La Espriella y no ha ocultado su intención de apoyar al doctor Honorio, básicamente con el fin de hacerle daño al gobierno entrante. Pero, conociendo el carácter patriótico del Centro Democrático y del expresidente Uribe, sé que ellos no se van a prestar para eso”, insistió Lara en entrevista con este diario.Una de las grandes dudas de esta elección es si hay voto limpio y Uribe sale derrotado: ¿qué pasará con la figura del exmandatario, cuyo partido viene de un proceso presidencial que dejó muchas heridas abiertas y le costó incluso la ruptura con miembros históricos como María Fernanda Cabal y Paola Holguín?Este viernes, De La Espriella nombró como ministra de Cultura a Holguín, quien ha acompañado a Uribe desde su doble mandato a comienzos de siglo. Las opiniones quedaron divididas frente al sorpresivo nombramiento: mientras algunas fuentes lo ven como un gesto de paz con el expresidente, otras hablan de una nueva jugada del Tigre para aumentar su ascendiente sobre las bases del andemiaje político que recogió y en carnó para llegar a la presidencia de la República.Analistas y congresistas consultados señalan que, se defina como se defina el actual pulso, De La Espriella debe moverse para lograr gobernabilidad en el Congreso y, también, los partidos que en estos últimos cuatro años estuvieron en la oposición al gobierno Petro tienen que mirar más allá de sus intereses de corto plazo.De hecho, el senador Efraín Cepeda, presidente del Partido Conservador, le dejó claro al Centro Democrático que no era conveniente hacerle ese tipo de desplantes al mandatario electo y que la gobernabilidad debía primar por encima de todo. Además, advirtió de la inconveniencia de ir a voto limpio.El senador conservador Efraín Cepeda. Foto:MILTON DÍAZ“No sé si aquí estamos dispuestos a que sea el Pacto Histórico el que defina la presidencia del Senado. Sería un absoluto contrasentido. Esa no es la vía, no es el camino. Y, como lo he expresado, esta presidencia de Abelardo De La Espriella es atípica, no llega por ningún partido tradicional. Es la presidencia milagro, porque se enfrentó a todo el Gobierno Nacional”, señaló.Según el veterano exsenador, “solo es cambiar el orden de los factores”: “A ‘la U’ le correspondía el cuarto año, sube al primero y todos bajamos uno. Al Partido Conservador le tocaba el tercer año, aceptamos el cuarto. Quiero hacer un llamado a la mesura y que, sin duda, aceptemos esa petición del presidente de la República, que acaba de salvar a la nación, que volvemos otra vez a la democracia, que ya no la vamos a perder. Es lo mínimo que él nos podría pedir”.“Ya hubo un acuerdo político apoyando a De La Espriella en segunda vuelta, ojalá puedan ponerse de acuerdo y no llevar ese debate al interior de los partidos y menos a la plenaria del Senado. Es un error porque los partidos gobiernistas hoy están muy atentos y puede generar alguna distorsión en la elección de estas mesas directivas, que son clave en este primer año”, aseguró el saliente senador Carlos Fernando Motoa, de Cambio Radical. Los congresistas señalan que la pelea entre los líderes más importantes de la derecha es un inesperado ‘papayazo’ para el presidente saliente y para su candidato, el nuevo senador Iván Cepeda.Más allá de lo que suceda mañana, consolidar mayorías será fundamental para el impulso de la agenda de gobierno, y si algo se vio en los últimos cuatro años fue que una sola comisión en contra puede terminar bloqueando proyectos que la administración considera claves.Por esto, una de las grandes dudas que deja esta disputa es el futuro de las iniciativas que presentará la administración De La Espriella al Congreso, pasando desde su Plan Nacional de Desarrollo hasta temas clave como una eventual reforma tributaria para hacerle frente a la crisis fiscal con la que recibirán la nación el 7 de agosto.Según Juan Nicolás Garzón, profesor de Universidad de La Sabana, estamos ante un escenario que “rompería una práctica común en los últimos gobiernos y crearía un ambiente complejo de cara a reformas fundamentales que debe impulsar el nuevo gobierno. Estos temas requieren un número importante de votos, por lo que las tensiones iniciales no favorecerían ”.Por ahora, Uribe ya lo dejó claro. Sí, hay diferencias alrededor de la elección de la presidencia del Senado, pero acompañarán a De La Espriella en las iniciativas que le convengan al país. De hecho, el Centro Democrático fue el primer partido que se declaró de gobierno, y el propio exmandatario afirmó que la decisión se tomó por coherencia política y no por acuerdos burocráticos.Abelardo De La Espriella en empalme en Bucaramanga Foto:Gobernación de Santander“El reto aquí, y ahí es donde entro yo y siempre me he ofrecido, es que esto no vaya a resquebrajar la coalición de gobierno y no van a quedar este tipo de dolores. El presidente (Uribe) está haciendo sus entrevistas de la forma firme y vehemente que siempre lo ha caracterizado y, obviamente, defendiendo al partido y defendiendo la apuesta misma del partido. Esta discusión le imprime un grado de altura a la política en Colombia, y es que aquí hay pesos y contrapesos”, aseveró Briceño, también en diálogo con este diario.Se vienen unas horas decisivas que no solo pondrán a prueba la gobernabilidad del presidente electo, sino también a qué están dispuestos los partidos en el Capitolio, de cara a los desafíos en materia económica, energética, de salud y seguridad, entre otros.Desde las cuatro de la tarde de este lunes, el país empezará a ver el tono del diálogo del nuevo presidente de la República con el nuevo Congreso.MATEO GARCÍA Subeditor de Política Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.