Las extrañas semanas de transición política que vive Colombia cada cuatro años, cuando un Congreso nuevo se posesiona un 20 de julio y el presidente solo hace lo propio el 7 de agosto, han estado marcadas en esta ocasión por una tensión que recorre a la victoriosa derecha. Una sonada votación en el Legislativo, los cuestionamientos a una designación y las críticas a una de las fijaciones de Abelardo de la Espriella muestran las distancias que mantiene el presidente electo con la fuerza más grande de la derecha establecida en el país, la que encabeza el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Los roces entre las dos fuerzas políticas vienen desde que hicieron campaña en paralelo por la Presidencia de la República. Fue en el Senado de la República donde la semana que pasó quedó clara esa posible distancia. Se trataba de un choque que fue creciendo los días anteriores. El presidente electo Abelardo de la Espriella impulsó a un amigo personal, el congresista Alfredo Deluque, para que fuera presidente del Senado, y por ende del Congreso, durante su primer año de gobierno. Se oponía a las intenciones del uribismo, que postuló al senador Honorio Henríquez para el mismo cargo. Sin un acuerdo, terminaron por enfrentarse a voto limpio en la plenaria del Senado el mismo día de su instalación.Se trata de una situación inusual. La presidencia del Senado, igual que la de la Cámara, las de las comisiones que componen el Congreso, sus integrantes, e incluso las cabezas de otras instituciones que define el Legislativo, como la Defensoría del Pueblo, la Contraloría General y la Procuraduría, se reparten entre las diferentes bancadas del fragmentado Legislativo en un gran acuerdo político que tiene en cuenta sus tamaños. En el primer año, la presidencia del Congreso se suele reservar para la bancada de gobierno, pero Deluque no pertenece al partido de De la Espriella ni forma parte de la mayor bancada de esa alianza, pues lo es el uribista Centro Democrático.La insistencia de De la Espriella logró sumar, por lo menos formalmente, a la mayoría de partidos, pero el Centro Democrático se mantuvo en liza. A última hora, recibió el apoyo del izquierdista Pacto Histórico, la bancada más grande del Legislativo y crítica tanto de De la Espriella como de Uribe. El llamado “petrouribismo”, una alianza coyuntural, dio frutos: Henríquez venció a Deluque con la suma de algunos parlamentarios de otras bancadas. Aunque el golpe fue más simbólico que práctico, y el presidente electo salió a reducir su importancia, el hecho dejó huella. De un lado, alimentó los choques en redes sociales entre algunos influenciadores cercanos a De la Espriella y algunos miembros del uribismo. El director del Centro Democrático, el excongresista Gabriel Vallejo, publicó incluso un video en el que aludía implícitamente a esas figuras de redes sociales, señalando que la del Centro Democrático es una oposición seria y “jamás ha sido mediante shows que destruyen la democracia”, lo que del otro lado se entendió como una crítica.“A la colmena le digo que acá lo que está en juego es la supervivencia del Centro Democrático. Recuerden que hay una estrategia diseñada para aniquilar, arrasar y desaparecer a nuestro partido”, escribió después, en referencia al llamado de Uirbe de defenderse “como abejas” frente a las presiones del abelardismo.La evidente tensión siguió avanzando con hechos que, si bien no marcan una ruptura de la alianza, dejan ver las grietas entre una ultraderecha disruptiva, digital y estridente y una derecha más establecida, formal y tradicional, propia del uribismo. Uno de ellos tuvo que ver con la insistencia del presidente en tomar posesión en un cuartel militar fuera de Bogotá. Aunque hacerlo en una instalación militar o policial parece descartado, puesto que el actual comandante de las Fuerzas Militares es el presidente saliente Gustavo Petro, y ha dado la orden de que eso no ocurra, el jefe de Estado en ciernes ha insistido. Solicitó formalmente al Congreso desplazarse al departamento del Cauca para ello, y esa posibilidad se votó en el Senado el miércoles. De la Espriella ganó con apoyo del uribismo, pero en el debate uno de los senadores de ese partido, quien llegó a ese cargo gracias a que Uribe le otorgó el segundo puesto en su lista cerrada, dijo que esa idea afecta la dignidad de las Fuerzas Militares.El mismo Rafael Nieto Loaiza, quien fue viceministro de Justicia de Uribe, había sido cuestionado durante la semana por influenciadores de la ultraderecha. Hicieron circular en redes sociales una foto en la que aparece celebrando la victoria de Henríquez a la presidencia del Senado, y cerca de él, con un gesto similar, está Aída Avella, una de las senadoras más reconocidas de la izquierda colombiana, celebrando el triunfo de Honorio Henríquez. Pese a que el senador aclaró que no festejaron juntos, las críticas se hicieron sentir.Y crecieron aún más el viernes, cuando estallaron las reacciones al anuncio de De la Espriella de que un poco conocido detective y abogado, Didier Blanco, sería su director de la Unidad Nacional de Protección, la entidad encargada de la seguridad de políticos, defensores de derechos humanos y otras personas con riesgos. Pronto se conocieron videos de TikTok y trinos del también psicólogo en los que insultaba o se burlaba de políticos de izquierda, medios de comunicación e incluso del acento de muchos afrocolombianos. El torno era tan altisonante que varios miembros del Centro Democrático, como los senadores Nieto y Juan Fernando Caicedo, le han pedido a De la Espriella reconsiderar esa designación.Ruego al Presidente @DELAESPRIELLAE reconsiderar este nombramiento. Por el bien de Colombia, queremos que le vaya bien, pero este nombramiento no aporta a ese objetivo. Recorrido del sr Didier Blanco nombrado en la UNP: 1. Cuestionado en la Unidad de Salud de Ibagué por… pic.twitter.com/vqdcQvmDvr— Juan Caicedo (@juancaicedocal) July 24, 2026