La legislatura se aproxima a su clausura y en 2027 (si no antes) se sabrá si el Partido Popular regresa al Palacio de la Moncloa. Han sido tres años de una estrategia cambiante del PP, condicionada por su relación con Vox y una inesperada oposición después de que todos en el partido dieran por descontada la victoria en las elecciones generales de 2023. Desde el último congreso nacional, los populares han estabilizado su discurso. Alberto Núñez Feijóo asume ahora la imposibilidad de gobernar en solitario y reconoce que pactará con Vox si eso le sirve para llegar al poder. PublicidadLa estrategia de Feijóo y su PP abre numerosos interrogantes. Según las encuestas, y a pesar del desgaste del Gobierno de Sánchez, los populares obtendrían los mismos escaños que en 2023. Cuanto más discute el PP con Vox, más crece la formación de Santiago Abascal mientras Génova no logra aumentar su porcentaje de voto. De hecho, la formación de extrema derecha ha encadenado varios éxitos electorales entre Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, con más votos, más escaños y una mayor presencia en gobiernos autonómicos que nunca. ¿Le sale gratis al PP pactar con Vox? ¿Puede el miedo a la extrema derecha agitar al votante progresista y frenar de nuevo un Ejecutivo de derechas? Si el PP cuenta con pactar con Vox, ¿tiene sentido que compita por ese electorado y mantenga el pulso con un discurso similar al de Abascal en materia de seguridad o migración? Público se ha puesto en contacto con varios politólogos y sociólogos para desentrañar las dudas al respecto.El coste de pactar con VoxMaría Silvestre Cabrera, catedrática de Sociología de la Universidad de Deusto y directora del Deustobarómetro Social, cree que "gobernar con Vox ya no conlleva el coste electoral que podía anticiparse hace unos años", a la luz de los pactos sellados en los últimos meses. "Esa normalización hace que una parte del electorado de centroderecha perciba la colaboración entre ambos partidos como una opción políticamente viable", apunta Silvestre.Sin embargo, Mariano Torcal, doctor en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Madrid y autor del ensayo De votantes a hooligans, apunta que el acierto del PP puede ser fortuito: "El PP puede estar acertando en que el coste no es automático, pero por una razón distinta de la que cree: no porque ir con Vox sea inocuo, sino porque la herramienta con la que se le podría penalizar —la política del miedo— es precisamente la que no moviliza al votante que no está ya alineado".PublicidadHay quienes analizan estos pactos desde la necesidad y no desde la estrategia. Itziar García Carretero, analista de comunicación que ha impartido clases de Comunicación Política en la UNED, lo ve como "la única vía realista que tiene Alberto Núñez Feijóo para alcanzar la Moncloa. Se trata de una estrategia eminentemente táctica, orientada a maximizar las posibilidades de gobernar en el corto plazo". El miedo a la ultraderechaDesde hace años se da por sentado que una de las herramientas de activación del electorado progresista es el miedo a que Vox alcance las instituciones. Es una de las principales cartas del PSOE, aunque entre los expertos existe una gran disparidad de opiniones. Mariano Torcal sostiene que "el miedo no movilizó en 2023", que "nunca se ha demostrado empíricamente" y que "los votantes marcados por el odio y el miedo ya tenían decidido su voto meses antes". El catedrático apunta que, simplemente, las izquierdas "dieron una razón positiva para acudir a las urnas", pero que "el miedo no cambia la decisión, la acompaña en quien ya estaba convencido". Por ello, sostiene que, si la carta del miedo es la única que ofrece la izquierda, el resultado será negativo para el PSOE y Sumar.Quienes sí perciben el miedo como parte de la estrategia, como Itziar García, sostienen que la normalización de Vox promovida por el PP lo ha desinflado. "El temor a Vox ya no activa a la izquierda con la misma intensidad, precisamente porque el efecto de novedad y de shock se ha reducido. Parece más probable que una movilización del electorado progresista venga provocada por un acontecimiento político inesperado durante la campaña que por la mera expectativa de un acuerdo entre Feijóo y Abascal", apunta.PublicidadY, en el caso de que el factor miedo vuelve a activarse, su reactivación dependerá de lo que ocurra en las comunidades autónomas donde PP y Vox han pactado presupuestos y han puesto en marcha gobiernos de coalición, como Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. María Silvestre considera que "si los gobiernos sostenidos por Vox impulsan políticas que impliquen retrocesos visibles en materia de igualdad, migración, memoria democrática o derechos sociales, y esos efectos llegan claramente a la ciudadanía, ese escenario podría volver a activar una parte del electorado de izquierdas", aunque apunta que esa movilización "tendría más impacto entre votantes de fuerzas regionalistas que entre el electorado tradicional del PSOE, cuya movilización responde también a otros factores". De nuevo, el escenario electoral de 2027 pasa por el papel de la izquierda a la izquierda de Sánchez, que ahora mismo está sumida en una crisis de liderazgos.Pelea por el mismo electoradoSi Feijóo ya cuenta con Vox para alcanzar la Moncloa, ¿por qué aún pelea en el terreno ideológico con la formación ultra? Son constantes las similitudes entre las propuestas del PP y las de Abascal. ¿Es la mejor estrategia para debilitarlo de cara a 2027?Para María Silvestre es una estrategia con más riesgo que beneficio: "Entraña un riesgo importante: cuando un partido tradicional adopta parte del marco discursivo de la extrema derecha, con frecuencia termina legitimando esas posiciones y reforzando al partido que las representa de forma más creíble. Además, un mayor giro hacia la derecha puede dificultar la captación de votantes moderados desencantados con el PSOE y, sobre todo, cerrar la puerta a eventuales acuerdos futuros con formaciones como Junts o el PNV, cuya colaboración podría resultar decisiva en determinados escenarios parlamentarios", apunta.Mariano Torcal piensa de la misma manera: "Disputar el mismo espacio a Vox con su mismo lenguaje no debilita a Vox: lo legitima y lo hace crecer, porque quien fija los términos del debate es siempre el que ocupa la posición más extrema, no quien la imita. Y además tiene un coste estratégico añadido: bloquea la posibilidad de construir consensos más amplios, que es donde se decide una mayoría de gobierno estable. El PP se encierra así en una lógica en la que su único horizonte es depender de Vox, en lugar de ampliar su base hacia el centro. En términos electorales es una operación que refuerza al socio y estrecha el propio techo".Itziar García percibe además que la dependencia de Vox para los pactos "obliga a los populares a calibrar cuidadosamente el tono de su confrontación con quien, previsiblemente, necesitarán para una eventual investidura". Esto lleva a una contención contra Vox —con la excepción de los momentos en campaña— que puede ser perjudicial para Feijóo: "Existe un incentivo claro para no desgastar en exceso a un socio potencial del que depende la posibilidad de formar gobierno. Ahora bien, esa estrategia también tiene costes: una excesiva contención puede facilitar el trasvase de votantes hacia Vox y dificultar su recuperación posterior. En ese sentido, creo que el PP está priorizando la viabilidad de una mayoría de gobierno sobre una estrategia de consolidación electoral a largo plazo".El estancamiento del PPLa mayoría de encuestas pronostica que en las próximas elecciones generales se producirá una victoria de las derechas y PP y Vox sumarían una mayoría suficiente para formar gobierno. Sin embargo, los datos reflejan que el PP apenas ha crecido respecto a 2023, mientras que su socio sigue aumentando porcentaje de voto. María Silvestre lo atribuye a razones que van más allá de la realidad española. "La creciente desafección hacia los partidos tradicionales y hacia las instituciones democráticas alimenta el voto a opciones que se presentan como antisistema o como alternativa a la política convencional y Vox responde a una tendencia observable en buena parte de Europa, donde los partidos de extrema derecha se están beneficiando de un contexto marcado por la preocupación por la inmigración, la inflación, la inseguridad internacional y el desgaste de los gobiernos".PublicidadPara zanjar, Mariano Torcal concluye que el estancamiento del PP es una consecuencia de competir con Vox: "Cuando compites en el terreno de Vox, alimentas a Vox: por eso crece. El PP debería preocuparse mucho más por el centro —por el centro de verdad—, con un discurso más nítido, con una agenda propia bien elaborada y, sobre todo, marcando con claridad en qué se diferencia de Vox. Mientras no lo haga, se queda estancado en cifras similares a las de 2023".
Los riesgos que corre Feijóo al copiar la agenda de un Vox en ascenso a un año de las elecciones
La simbiosis de las políticas de PP y Vox, las coaliciones en gobiernos autonómicos y el desgaste de Pedro Sánchez son la antesala de la precampaña electoral que comenzará tras el verano....










