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La aprehensión de Atahualpa en Cajamarca, durante noviembre de 1532, constituyó un hito decisivo en la conquista de América. Para obtener su libertad, el soberano del Tahuantinsuyo propuso a Francisco Pizarro un pago sin precedentes: colmar un recinto con oro y dos recintos adicionales con plata, pacto que los historiadores consideran el botín más valioso de la humanidad.
Pese a recibir toneladas de metales preciosos provenientes de todo el imperio, los conquistadores mantuvieron recluido al monarca inca y tiempo después lo ajusticiaron tras un juicio sumario. Según el especialista John Hemming, este trágico desenlace representó el punto de no retorno para la civilización andina, mientras que National Geographic remarca que el trato jamás garantizó la liberación del prisionero.
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Durante el cautiverio inca, el soberano advirtió que la ambición de las huestes invasoras sobrepasaba cualquier pretensión política. Por ello, planteó un pacto inédito: llenar una estancia de 6,7 metros de longitud por 5,2 de anchura con piezas de oro hasta donde alcanzase su mano, junto a dos estancias idénticas repletas de plata. Una marca dibujada en el muro fijó el compromiso del monarca para conseguir su emancipación.







