Para quienes escucharon hablar de un tal Felipillo en las clases de Historia del Perú, existe cierto rencor que viene con el nombre. Su figura quedó ligada para siempre al derrumbe del Tahuantinsuyo, convertida en el rostro de la traición por haber servido de intérprete entre los españoles. Contra esa condena histórica apela el abogado Alfredo Barreda, quien debuta en la ficción literaria con “Crepúsculo incaico” y propone una relectura de aquel personaje como “el gran chivo expiatorio de sus tiempos”.