0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHasta ahora era una persona, un aspirante a personaje, sin literatura. Sin relato ni leyenda. Un actor secundario este tal Rutte secretario de la OTAN y principal pelota en el extranjero de otro exabrupto de la historia, Donald Trump. Este muchacho cursi, flexible o hierático según, afectado, relamido y aplicado que llama papi a Trump se merece, ya, un retrato, un perfil, un daguerrotipo y, si ustedes quieren, un estudio psicológico. Psiquiátrico, quizás aún no. En todo caso, la Bestia Naranja no podría encontrar un mejor valet de chambre, quizás Infantino, para sus desplazamientos. Un adosado fiel. El señor Rutte sería el yerno ideal en el caso de que tuviera esa vocación, que no lo parece. Mark Rutte nos odia y nadie sabe por qué. O sí. Se dice que cobra 30.000 euros al mes, nunca la dignidad ha salido tan barata. ¡Qué papelón!, reírle las gracias a Trump debe de resultar muy meritorio y cansino. Rentable. Ludovic Marin / AfpPreguntándole un periodista danés por su ponerse de perfil, su silencio e imperturbabilidad mientras el Miura Naranja embestía hacia nosotros los iberos, el bueno de Rutte se hizo el Don Tancredo. El dontancredismo en tanto que alegoría ha pasado a la cultura popular, también a la más culta, como la representación del inmovilismo y la impasibilidad. La figura de lo estático. (Dicho sea de paso, Dalí dijo de Franco que era un Don Tancredo, y nunca sabremos si iba con segundas. O terceras).Pero nunca Mark Rutte podría ser un Don Tancredo al pie de la letra, solo una metáfora suya y siempre cuando Trump esté presente. Tancredo López fue un albañil valenciano que, para salir de la miseria, se presentaba todo enharinado y vestido de blanco, esperaba inmóvil, encima de una pedalina también blanca, la salida de un toro del toril. Un autista voluntario. Valiente, desde luego. Tancredo López ya entonces era un sufrido autónomo, y quién le iba a decir que su práctica pasaría a la historia como un ismo político más, como el felipismo, el thatcherismo, el pujolismo, el sanchismo… y por qué no: el rutterismo. Todo llegará, apreciado Mark, todo.La Bestia Naranja no podría encontrar un mejor valet de chambre, quizás Infantino, para sus desplazamientosRutte, a diferencia del tal López inamovible, es un hombre con estudios, formado y melómano, que sabe usar correctamente los cubiertos y abrillantar los zapatos de Trump. Don Tancredo, pensará Rutte, con su estatismo y la ley del mínimo esfuerzo –actitud tan ibérica–, dirá –lo dijo– que es la mayor prueba del carácter mediterráneo, lúdico, derrochador y poco formal… Vamos, que según él, no somos de fiar. “Estos del Sur…”. Yo, la verdad, entre el gélido y servil Rutte y nuestro Don Tancredo, tengo claro con quién quedarme. ¿Y ustedes?