Es la imagen de la tristeza que provoca las llamas en todo un país. Esta niña, que mira con pesadumbre y resignación desde la foto de nuestra cabecera, se llama Libertad Ortas Arribas y la paradoja es que el fuego la ha privado a ella de libertad: de la libertad de disfrutar del verano en su municipio madrileño, Villamanta. El fuego la ha sacado a ella, a su gato (en esta gran imagen de nuestro fotorreportero Dani Duch) y al resto de vecinos de la normalidad estival, confinándolos en el pabellón deportivo de su localidad para protegerles de unas llamas que continúan sin control por tres provincias -Madrid, Ávila y, última adición, Toledo-, pese a los esfuerzos denodados de los cuerpos de emergencia y a la imagen de unidad exhibida por las autoridades, incluida la tregua, con apretón de manos incluido, entre Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso.

Las llamas también castigan al sur de Francia, donde se han acercado peligrosamente hasta la periferia de una gran ciudad, Burdeos, poco acostumbrada a estos fenómenos de clima extremo. En otros países, como la India, se experimenta el fenómeno contrario, con inundaciones en Ahmedabad, estado de Guyarat, al oeste del país. Y en Venezuela, epicentro de un gran terremoto justo hace un mes, se sigue buscando víctimas, prueba de la dificultad para sobreponerse a los desastres naturales.