Millones de españoles contemplaron durante décadas en los noticiarios del NO-DO una escena cuidadosamente construida por la propaganda franquista. El tirano y su esposa, Carmen Polo, rezaban arrodillados en la capilla del pazo de Meirás mientras la cámara detenía su mirada en una pequeña talla románica de la Virgen de la Antigua. Aquella imagen del siglo XII formaba parte del decorado espiritual con el que la dictadura escenificaba la intimidad religiosa del jefe del Estado. Esa talla ha desaparecido del pazo. También lo han hecho un cuadro de la pintora gallega Julia Minguillón y los grandes colmillos de elefante que presidieron durante décadas el vestíbulo principal de la residencia estival de los Franco.PublicidadNinguna de esas tres piezas figura en el inventario de bienes muebles elaborado por el Estado tras recuperar judicialmente Meirás en diciembre de 2020. El investigador Carlos Babío, cuyos trabajos junto al historiador Manuel Pérez Lorenzo resultaron decisivos para acreditar que el inmueble había sido obtenido mediante un entramado de coacciones, donaciones forzosas y maniobras irregulares durante la guerra y la posguerra, sostiene que las tres permanecieron en el pazo durante décadas y que abandonaron el edificio antes de que los técnicos pudieran catalogar su contenido. La recuperación judicial del pazo permitió devolver el inmueble al patrimonio público, pero no garantizó la conservación ni el conocimiento completo de los bienes muebles que había albergado durante décadas."En Meirás está todo por aparecer. Si el Ministerio de Cultura y el de Política Territorial y Memoria Democrática no responden es porque no tienen ni idea de lo que había allí", afirma Babío. "El Estado ha llegado tarde, tardísimo a Meirás. Que no es sólo un ejemplo del expolio que padecieron miles de personas a manos de Franco y de la dictadura sino también de la impunidad con la que siguen actuando sus herederos".A su nombreLa situación se produce, además, mientras la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña denuncia que, más de cuatro años después de la sentencia de primera instancia que devolvió Meirás al patrimonio público, el inmueble continúa inscrito en el Registro de la Propiedad a nombre de la familia Franco, una circunstancia que considera incompatible con la plena ejecución del fallo judicial.PublicidadLa desaparición que más llama la atención de los investigadores es la de la Virgen de la Antigua. No se trata únicamente de una imagen medieval de notable valor histórico y artístico. La documentación hallada por Babío demuestra que ya pertenecía a las Torres de Meirás cuando Emilia Pardo Bazán levantaba el conjunto arquitectónico a finales del siglo XIX. Una postal manuscrita fechada el 28 de mayo de 1906 y enviada por la escritora a su amiga Carmen Miranda Armada reproduce una fotografía de la escultura bajo una leyenda impresa que apenas deja lugar a dudas: "Nuestra Señora de la Antigua. Imagen del siglo XII que se venera en la capilla de las Torres de Meirás".La devoción de Pardo Bazán por aquella talla era tal que ordenó reproducirla en piedra para colocarla en el centro del gran arco monumental que preside la entrada principal de entre las torres, donde continúa más de un siglo después. La imagen original permaneció, sin embargo, en la capilla privada. Allí siguió tras la apropiación de Meirás por Francisco Franco. Las imágenes del NO-DO del 1 de enero de 1966 muestran al dictador y a Carmen Polo rezando ante el altar mientras varios primeros planos se detienen precisamente sobre esa virgen románica. PublicidadBabío sitúa otra de las desapariciones en el gran vestíbulo de entrada al pazo. Allí, a ambos lados de una mesa de madera tallada, se alzaban durante décadas dos grandes colmillos de elefante africano de alrededor de metro y medio de longitud. No eran simples elementos decorativos. Su llegada a Meirás quedó recogida por la prensa de la época. El 24 de abril de 1940, apenas un año después del final de la Guerra Civil, El Compostelano y El Ideal Gallego informaban de que habían llegado al puerto de A Coruña a bordo del vapor Escolano, enviados desde la Guinea española por el gobernador general del territorio, Emilio Aspy y Vaamonde, para ser trasladados a la residencia estival del jefe del Estado.Regalo de EstadoAmbos diarios explicaban que los colmillos habían sido regalados por un cazador de la colonia africana "admirador del Generalísimo" y remitidos a través del gobernador general de Guinea al gobernador civil de A Coruña para su entrega en Meirás. La intervención directa de las máximas autoridades de la administración colonial convierte aquel obsequio en un regalo de Estado. "Venían remitidos (...) para el Pazo de Meirás, residencia veraniega del Caudillo", resumía El Compostelano. Durante décadas permanecieron en el mismo lugar donde fueron instalados. Fotografías tomadas ya en este siglo muestran que seguían presidiendo el vestíbulo principal mucho después de la muerte de Franco. Hoy tampoco están.Su desaparición encaja en un problema mucho más amplio: la enorme dificultad para reconstruir el patrimonio artístico que fue acumulando el dictador durante la guerra y la posguerra. "Es evidente que las entregas directas a Franco habrán dejado muy escasa, por no decir nula, información documental", explica Arturo Colorado, catedrático emérito de Arte y Comunicación de la Universidad Complutense y uno de los mayores expertos en el expolio artístico durante el franquismo. "En muchas ocasiones no dejaron rastro, no dejaron huella de lo que se llevaban o de lo que les llevaban".Colorado lleva años documentando cómo numerosas obras de arte procedentes de incautaciones, depósitos públicos o entregas nunca suficientemente aclaradas terminaron decorando las residencias oficiales y privadas del dictador. En su libro Arte, botín de guerra. Expolio y diáspora en la posguerra franquista recuerda que Franco sentía una "auténtica pasión por el arte y las antigüedades", una afición que ya cultivaba antes de la Guerra Civil recorriendo el Rastro madrileño y que, tras su victoria, se vio alimentada por un incesante flujo de muebles, pinturas, esculturas y objetos históricos destinados a decorar tanto sus residencias oficiales como las privadas. "Si hubo entregas de obras a las residencias privadas de Franco", escribe el investigador, "estas no han dejado huellas documentales".PublicidadEl historiador reconstruye cómo el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional destinó centenares de piezas al castillo de Viñuelas —primera residencia madrileña de Franco— y posteriormente al Palacio de El Pardo, algunas de ellas procedentes de depósitos republicanos y otras pertenecientes a propietarios perfectamente identificados. Sin embargo, cuando aborda el caso de Meirás, la documentación desaparece. "Resulta difícil, por no decir imposible, precisar si se hicieron entregas de obras al Pazo de Meirás (...) pues no existe expediente en este sentido, aunque se sepa que el mismo albergaba una importante colección de obras de arte", señala Colorado. "De todo lo que se llevó la familia Franco hay muy poca documentación; dejaron muy pocas huellas", resume ahora el investigador.El cuadro de Julia MinguillónLa tercera pieza cuya desaparición documentan los investigadores tiene un fuerte valor simbólico para el patrimonio artístico gallego. Se trata de un cuadro de Julia Minguillón, una de las pintoras más reconocidas del siglo XX y autora de Escuela de Doloriñas, la obra con la que obtuvo la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941 y que hoy conserva el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, depositada en el Museo Provincial de Lugo. Un lienzo muy similar colgó durante décadas de la galería del primer piso de Meirás. Su presencia quedó recogida en el inventario elaborado por la Diputación de A Coruña en 1988 y también en numerosas fotografías tomadas durante los años en que el pazo permaneció en manos de la familia Franco. Las imágenes actuales muestran, sin embargo, que aquella pintura ha sido sustituida por otra.Babío considera que estas tres ausencias evidencian hasta qué punto el conocimiento sobre los bienes muebles de Meirás sigue siendo incompleto. Los investigadores recuerdan que el inventario judicial se realizó cuando el pazo ya había permanecido meses bajo control exclusivo de la familia tras la sentencia que ordenó su devolución al patrimonio público y sostienen que nadie había reconstruido previamente, de forma sistemática, el contenido artístico que albergó durante décadas.Publicidad"Tras la muerte de Franco desapareció buena parte del patrimonio que acumulaban las Torres de Meirás", sostiene la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña, cuyos portavoces lamentan que si "Franco pasó 37 veranos en Meirás, sus herederos estuvieron casi 47”, y concluyen: "Meirás se recuperó, pero su patrimonio todavía no."La Xunta de Galicia asegura que nunca tuvo competencias sobre los bienes muebles del pazo. Fuentes de la Consellería de Cultura consultadas por Público recuerdan que "el Gobierno central mantiene abierto un proceso judicial sobre los bienes del pazo de Meirás" y añaden que el decreto de 2008 por el que el inmueble fue declarado bien de interés cultural "hace referencia al inmueble", por lo que "la Xunta nunca tuvo competencias sobre los bienes muebles".El Gobierno no respondeMás incógnitas rodean la actuación de la Administración General del Estado. El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, que dirige Ángel Víctor Torres, no ha respondido a las reiteradas llamadas y mensajes de este diario preguntando si la Secretaría de Estado de Memoria Democrática conocía la existencia de estas tres piezas, si había advertido su desaparición o si prevé emprender alguna actuación para intentar localizarlas. Tampoco han respondido a las preguntas de Público el Ministerio de Cultura, dirigido por Ernest Urtasun, ni el Ayuntamiento de Sada, cuyo alcalde, Benito Portela, participa en la comisión institucional encargada del futuro del pazo.PublicidadPúblico también intentó recabar la versión de la familia Franco a través de la Fundación Francisco Franco, entidad que durante años gestionó las visitas públicas a Meirás antes de su devolución al Estado. Este diario preguntó si tienen constancia de la existencia de la virgen románica, de los colmillos de elefante y del cuadro de Julia Minguillón; si consideran que esas piezas forman parte del patrimonio de la familia; si saben quién las retiró del pazo y cuándo abandonaron el inmueble. La Fundación que lleva el nombre del tirano no respondió.El pasado diciembre, la ciudad de Santiago recuperó las dos estatuas románicas atribuidas al Mestre Mateo, el creador del pórtico da Gloria de la Catedral de Santiago que Carmen Polo ordenó llevar a Meirás en 1954 tras advertir durante una recepción que estaban en la sede del Ayuntamiento compostelano, que era su propietario legal. Tras 70 años en manos de los Franco, que llegaron a exhibirlas en la capilla del pazo al aire y sin protección alguna pese a su extraordinario valor, las figuras fueron trasladadas al Museo do Pobo Galego.Más de cuatro años después de que los tribunales devolvieran Meirás al patrimonio público, sin embargo, la escultura románica que Emilia Pardo Bazán veneraba en esa misma capilla y que reprodujo en piedra sobre la fachada principal ya no recibe a los visitantes. La copia sigue vigilando la entrada del pazo. La talla original, no.
Meirás, el expolio continúa: desaparece del pazo la virgen románica a la que Franco rezaba en el NO-DO
Los expertos alertan de que un cuadro de Julia Minguillón y unos colmillos de elefante regalo de Estado al dictador en 1940, que durante años decoraron sus estancias, también han sido sustraídos...






