El �ltimo esca�oLa expulsi�n del Pa�s Vasco de miles de ciudadanos por parte de ETA fue una limpieza ideol�gica y pol�tica que debe ser subsanada Radicales que atacaron a seguidores de la selecci�nActualizado Viernes,
julio
23:59Audio generado con IAAntes de ser descubierto con las manos en las joyas, Zapatero alardeaba a menudo de �haber acabado� con ETA gracias a su pol�tica de talante. Durante demasiado tiempo, el ex presidente socialista pudo mantener esta fanfarroner�a sobre su supuesto �xito pacificador porque la sociedad espa�ola acept�, bien por amoral comodidad, bien por l�gica necesidad de pasar p�gina de d�cadas de violencia, la gran mentira de nuestra democracia: la derrota del proyecto pol�tico de ETA qued� certificada con su �disoluci�n� como organizaci�n terrorista en 2018.Dimos entonces por bueno el final de ETA cuando m�s bien fue una mutaci�n t�ctica para continuar con el plan pol�tico, permitiendo a muchos terroristas, de pistola, pluma o esca�o, declarados o emboscados, conservar poder e influencia. El euskofascismo comprendi� que no necesitaba matar para seguir ensuciando la vida p�blica y logr� su mayor �xito pol�tico pocos a�os despu�s: decidir sobre la gobernabilidad de Espa�a de la mano de Pedro S�nchez.Las impunes agresiones en manada del pasado domingo contra aficionados vascos y navarros que ve�an en bares y plazas a su selecci�n ganar el Mundial -me pregunto cu�l habr�a sido la reacci�n de la opini�n p�blica espa�ola si los agredidos hubieran llevado banderas LGTBI o de Palestina- demuestran que todav�a pervive la cultura de intimidaci�n de ETA. Un terrorismo cotidiano, una vieja nueva Kale Borroka, de baja intensidad que goza del aval de la parte enferma de la sociedad vasca, de sus instituciones -como en los a�os de plomo-y del Gobierno espa�ol de turno.El origen del problema radica en que tras el �fin de ETA� no hubo en el Pa�s Vasco un proceso de desnacionalizaci�n de la sociedad y sus instituciones, como s� se desnazific� Alemania tras el fin de Hitler. Siguen, pues, mandando los mismos. En nombre de la reconciliaci�n se olvidaron demasiadas cosas y a demasiadas v�ctimas. Entre ellas, a los 180.000 vascos que, seg�n un estudio del CEU, tuvieron que huir de Euskadi por la violencia de ETA. Un olvido que a�n es m�s obsceno ahora que el Gobierno acelera la nacionalizaci�n de casi medio mill�n de hispanoamericanos descendientes de espa�oles, que podr�n votar en unas generales sin haber tenido que pisar Espa�a, mientras nadie plantea restituir el derecho a voto en las elecciones vascas a quienes ETA expuls� de su tierra, en un programa de limpieza ideol�gica y electoral. Mejor que todo siga igual: con el nacionalismo en el poder, aliado del PSOE, y negando el derecho a voto de la di�spora vasca provocada por ETA. As� resulta m�s sencillo continuar confundiendo el silencio de las pistolas con la derrota pol�tica y moral del terrorismo.






