La primera vez que Joaquín vio a España conquistar un Mundial, sus dos hijos gemelos tenían apenas cinco años. “Eran muy pequeñitos”, recuerda. Por aquel entonces, en 2010, pensó que era muy probable que aquello jamás se repitiese. Pero sucedió. En su casa, sin embargo, la final del pasado domingo se vivió con pesar. “Apenas lo celebramos. Fue una pena”. Unos días antes, la noche del martes 14 de julio, uno de sus hijos sufrió una brutal agresión policial mientras celebraba el triunfo de España ante Francia en las semis. Fue en los alrededores de la plaza de Colón, donde estaba instalada una de las pantallas gigantes para seguir el partido en las calles de Madrid. Fruto de esa actuación del agente, el joven de 21 años ha perdido un testículo.

“Estamos buscando testigos y más vídeos. Fue un hombre de algo más de 1,80, con complexión fuerte y barba. Es importante destacarlo para encontrar al autor y que algo así no se repita”, recalca en su conversación con Somos Madrid. Lo hace después de narrar con indignación todo lo acontecido esta última semana, aunque “más relajado y más tranquilo” que en sus primeras intervenciones televisivas sobre el tema. “Me pilló en Italia, lejos de casa. Cuando le pasan cosas así a los tuyos y no estás cerca la intranquilidad y el dolor son todavía mayores”, explica. Ya de regreso a Madrid y con su hijo fuera de peligro más allá de la extirpación, ha podido serenarse, aunque no su ímpetu por “hacer Justicia”.