Actualizado Viernes,
julio
23:59Uno de los atractivos de los Di�logos de Plat�n es la llaneza con la que alguien pregunta y S�crates responde. La sencillez de las preguntas es en parte el se�uelo que nos retiene en ese coloquio, incluso cuando las respuestas son complejas. Si estas requieren una demorada reflexi�n (que nos evite adoptar el error de alg�n sofista), las preguntas son comprensibles a la primera para todo el mundo, incluso para quienes, en la may�utica, no pasan de ser aficionados un poco macarr�nicos (mi caso). Igualmente resulta fascinante de los Di�logos el modo de proceder poco a poco, con una l�gica implacable que los convierte a menudo en un antecedente claro de los combates dial�cticos entre el fiscal y el abogado defensor que hemos visto en tantas pel�culas memorables, norteamericanas sobre todo. La pregunta, pues, de si el Psoe es, hoy por hoy, una organizaci�n criminal, resulta pertinente. O, al menos, este Psoe (en atenci�n a los escrupulosos y so�adores). Y no se dice porque hasta ahora los imputados en causas de corrupci�n ocuparan los puestos m�s altos en la jerarqu�a socialista. No s�lo. Se dice sobre todo por el modo con que el Psoe se est� conduciendo respecto de aquellos que han decidido colaborar con la justicia en el esclarecimiento de los delitos investigados. Del mismo modo que pregonan que acatar�n las sentencias judiciales (hasta que estas les son desfavorables), han asegurado que colaborar�n con la justicia (no han desvelado ellos ni un solo caso de corrupci�n de los suyos), al tiempo que tratan de obstruirla y perimetrar y ridiculizar a los verdaderos colaboradores, si se llaman Aldama o Julio Mart�nez. Se valen para esto de la mala vitola que tiene la figura del delator, se trate de Judas o de quienes entregaron a Viriato a los romanos, para los que estos no tuvieron m�s que desprecio (�Roma no paga a traidores�). Pero a diferencia de Jes�s de Nazaret o del c�lebre pastor lusitano, Aldama y Julio Mart�nez no han traicionado a v�ctimas virtuosas, sino a verdaderos delincuentes, y sus delaciones benefician el bien com�n, el restablecimiento de la ley y el triunfo de la justicia. El Psoe y el Gobierno, que predican que el bien com�n es su �nica raz�n de mantener el poder, deber�an haber sido los primeros en animar a cualquiera a desenmascarar a los delincuentes, poniendo fin a sus abusos y latrocinios. Lejos de eso, en todos los casos de corrupci�n que les afectan, su primera reacci�n ha sido siempre declarar inocentes a los sospechosos y poner la mano en el fuego por ellos, para, llegados irremediablemente a un punto, tratar de destruir a los testigos que desbaratan sus falsas coartadas, a quienes los investigan y a los jueces que los instruyen, y lo hacen mediante la extorsi�n, la calumnia o cualquier otra charranada, tal y como proceden todas las tramas criminales y mafiosas que en el mundo han sido. Por supuesto que tratar de arrepentidos a esos �traidores� (como proclaman los mafiosos italianos de aquellos compinches que deciden colaborar con la justicia) es mucho conceder. Tampoco es esa, la de �arrepentidos�, la palabra que mejor les define, cierto (de no haberles pillado, probablemente seguir�an delinquiendo), pero tal cosa no justifica el modo en que son tratados por el resto de la banda y los portavoces medi�ticos (al anunciar Julio Mart�nez que cambiar�a de estrategia, colaborando con la Fiscal�a, se pudo leer hace una semana en El Pa�s un titular de lo m�s gracioso: �El socio de Zapatero dice ahora que...�; sonaba a un ��Y no viene ahora el mono este diciendo que...?�). Y, desde luego, es una suerte que nuestra Roma democr�tica pueda comprar y premiar la delaci�n de un delincuente. Nunca se habr� empleado mejor el poder del Estado. Es llamativo, pues, que el Psoe no haya agradecido a Aldama su intervenci�n decisiva para poner entre rejas a �balos y Koldo, sane�ndoles el partido. Hoy sabemos que no pocos socialistas ilustres (Adriana Lastra, Carmen Calvo y, desde luego, PS�nchez) conoc�an sus vidas crapulosas, lo cual abona la sospecha de que durante un tiempo hicieron cuanto estuvo en su mano para limpiar el rastro de sus delitos. Han seguido el mismo modus operandi con Zapatero. Sus negocios dudosos eran un secreto a voces, pero tambi�n blindado... Hasta que Julio Mart�nez y tres empresarios lo han implicado en el rescate de Plus Ultra. �Qu� ha hecho entonces el ex presidente? Correr a la televisi�n p�blica (del Gobierno) no a aclarar el origen del alijo de las joyas que le descubri� la polic�a, sino a proclamar en una entrevista-tongo que �nadie va a poder� probar los delitos que se le imputan. Ha quedado claro que lo importante no es haberlos cometido, sino impedir que se prueben, tal y como tambi�n lo intentaron Koldo y �balos. Si el Psoe les mantiene la presunci�n de inocencia incluso m�s all� de las condenas judiciales (al fiscal general o al hermano de PS�nchez) es �nicamente para dejar abierta la puerta de los indultos, tal y como hicieron con los jerarcas andaluces condenados en el caso de los Ere. Y de ese modo, Critias, si los socialistas proclaman su inocencia incluso despu�s de haber sido condenados por la justicia, �no est�s en tu derecho a creer, antes incluso de que se le juzgue, que Zapatero estaba al frente de una organizaci�n criminal y que el Psoe tambi�n lo es, puesto que act�an todos ellos como verdaderos mafiosos y delincuentes?






