Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00En el Teatro Santo Domingo se presentó la popular ópera de Puccini, “La bohemia”, bajo la dirección musical de Andrés Orozco-Estrada y el montaje escénico de Pedro Salazar y con un reparto casi en su totalidad de cantantes colombianos. Esto último no es cosa menor, sino, por el contrario, es excelente que se den oportunidades a nuestros artistas en lugar de importar casi todo el elenco, como se acostumbraba. Los cantantes ofrecieron momentos vocales de buen nivel, con voces bien preparadas; así se notara la falta de lo que llaman “cancha”, ya que los intérpretes parecían más preocupados por su canto que por la interpretación teatral. Por tanto, aunque musicalmente fueron satisfactorios ese mérito no encontró un equivalente en el plano dramático y la inmensa intensidad emocional que tiene la obra, fue reemplazada por movimientos y acciones rutinarias, lejanos a la veracidad teatral que tiene la ópera.A lo anterior se agregó una escenografía que resultó más un obstáculo que un apoyo a la acción. Por ejemplo, en el segundo acto, los decorados ocuparon prácticamente todo el escenario, lo que redujo el espacio disponible para el movimiento de los artistas. En una escena que debería transmitir el bullicio y la vitalidad del Barrio Latino, la sensación fue de algo rígido, con un desplazamiento limitado que restó naturalidad al coro y demás artistas. Igualmente, el altillo donde viven los bohemios era de un modernismo poco convincente. Por el lado de la iluminación, esta contradijo claramente la situación teatral. En el primer acto, cuando Mimí y Rodolfo apagan la vela, el libreto y la lógica obligan a que la habitación quede sumida en la oscuridad. Sin embargo, el escenario permaneció plenamente iluminado, anulando el efecto de una de las escenas más importantes de la ópera. Ese detalle, aparentemente menor, rompe la credibilidad de la acción y debilita el clima íntimo que Puccini buscó crear.Algo similar ocurrió en la escena del Café Momus. Es obvio que la acción tiene lugar de noche, después de que los bohemios abandonan su buhardilla para celebrar la Nochebuena. La iluminación, sin embargo, tenía la claridad del día, y eso eliminó el contraste entre la pobreza del primer acto y el ambiente festivo del segundo. Esa decisión visual contradijo tanto al libreto como al sentido narrativo de la obra.El resultado es que hubo poca coherencia dramática. En esta ópera, donde la emoción nace de los pequeños gestos y de una correspondencia entre música, acción y ambiente, esas inconsistencias terminaron por afectar el resultado. En total, fue una función que permitió gozar de una ópera de gran belleza, pero cuyos altibajos restaron del resultado final.Conoce más
Una “Bohemia” con altibajos
En el Teatro Santo Domingo se presentó la popular ópera de Puccini, “La bohemia”, bajo la dirección musical de Andrés Orozco-Estrada.








