Actualizado Viernes,

julio

10:21El canciller alem�n, Friedrich Merz, ha aprovechado la crisis abierta por la dimisi�n de Jens Spahn para acometer la primera gran remodelaci�n de su Gobierno. Lo que comenz� como la necesidad de sustituir al jefe del grupo parlamentario conservador, obligado a abandonar el cargo tras la pol�mica por recurrir a un vientre de alquiler en Estados Unidos, ha terminado convirti�ndose en una reorganizaci�n en toda regla de la Canciller�a, varios ministerios y la direcci�n de la CDU. Oficialmente, el objetivo es reforzar la capacidad de acci�n del Ejecutivo. Pol�ticamente, Merz intenta recuperar la iniciativa antes de un oto�o que amenaza con convertirse en el m�s complicado desde su llegada al poder.La amplitud de los cambios refleja una realidad que el Gobierno dif�cilmente reconocer� p�blicamente. Merz llega al ecuador de su primer a�o en la Canciller�a con uno de los peores niveles de aprobaci�n de un jefe de Gobierno alem�n en d�cadas. Seg�n el �ltimo Trendbarometer de RTL/ntv, solo el 18% de los alemanes se declara satisfecho con la gesti�n de la coalici�n, mientras que el 82% expresa su descontento. La valoraci�n personal del canciller tampoco acompa�a: apenas un 14% aprueba su labor frente a un 85% que la desaprueba. Paralelamente, AfD contin�a liderando la intenci�n de voto y la CDU/CSU sigue sin capitalizar el desgaste del Gobierno pese a dirigirlo. Tampoco las reformas convencen. El �ltimo Politbarometer de la ZDF refleja que solo tres de cada diez ciudadanos creen que el Ejecutivo avanzaen la direcci�n correcta y una amplia mayor�a duda de que la reforma sanitaria vaya a resolver los problemas financieros del sistema. La frustraci�n ciudadana constituye el verdadero tel�n de fondo de una remodelaci�n que el canciller presenta como un nuevo impulso pol�tico.Ese es el contexto de un oto�o que concentra pr�cticamente todos los expedientes que el Ejecutivo ha ido posponiendo durante los �ltimos meses. La negociaci�n presupuestaria, la financiaci�n del sistema sanitario, la reforma de la dependencia, la reorganizaci�n de las cajas p�blicas de enfermedad, la modernizaci�n de las infraestructuras ferroviarias, la ejecuci�n del gigantesco fondo extraordinario para defensa e infraestructuras y las primeras consecuencias del nuevo endeudamiento coincidir�n, adem�s, con varias citas electorales decisivas en el este del pa�s, donde AfD aspira a consolidarse como primera fuerza. Para Merz, el margen para seguir prometiendo reformas se agota: a partir de ahora tendr� que demostrar que es capaz de ejecutarlas.El pulso pol�tico con los socios b�varosEl primer movimiento consisti� en trasladar a Thorsten Frei desde la Canciller�a a la presidencia del grupo parlamentario de la CDU/CSU. Merz sit�a as� a uno de sus colaboradores m�s cercanos al frente de la bancada conservadora para asegurar la disciplina parlamentaria y mejorar la coordinaci�n con el Ejecutivo. La salida de Frei abri� inmediatamente la principal inc�gnita de la remodelaci�n: qui�n ocupar�a el despacho desde el que se coordina toda la acci�n del Gobierno federal. Durante varios d�as se dio pr�cticamente por hecho que Merz intentar�a incorporar a Alexander Dobrindt, uno de los pesos pesados de la CSU y actual ministro del Interior. Sin embargo, los b�varos cerraron r�pidamente esa posibilidad.Interior se ha convertido en uno de los ministerios con mayor visibilidad pol�tica del Gobierno, especialmente por el endurecimiento de la pol�tica migratoria, y Markus S�der no estaba dispuesto a renunciar a una de las carteras que m�s r�dito pol�tico proporciona a la CSU. El episodio puso de manifiesto que, incluso en una remodelaci�n dise�ada desde la Canciller�a, Merz sigue teniendo l�mites claros cuando entra en juego el equilibrio de poder con su socio b�varo.A partir de ah� se desencadena una serie de relevos que alcanza a la Canciller�a, la direcci�n de la CDU y varios ministerios estrat�gicos. La operaci�n persigue reforzar la cohesi�n interna de una CDU que entra en la fase m�s delicada de cualquier legislatura: pasar de las promesas de la oposici�n a asumir el coste pol�tico de gobernar. Durante a�os el partido reclam� menos burocracia, un Estado m�s eficiente y profundas reformas econ�micas; ahora tendr� que decidir qu� prioridades financia, qu� gastos recorta y qui�n asume ese coste.Linnemann ante el desaf�o de SanidadEl cambio de mayor contenido pol�tico afecta probablemente a Sanidad. Carsten Linnemann abandona la secretar�a general de la CDU para hacerse cargo de la cartera m�s ingrata del gabinete. Hasta ahora hab�a sido uno de los principales defensores de profundas reformas del Estado del bienestar. A partir de ahora ser� �l quien tenga que aplicarlas. Sobre su mesa se acumulan el d�ficit creciente de las cajas p�blicas de enfermedad, la financiaci�n de la dependencia, la escasez de personal sanitario, la reforma hospitalaria y la sostenibilidad de un sistema sometido a una presi�n demogr�fica y presupuestaria cada vez mayor. Cada decisi�n afectar� directamente a las cotizaciones que pagan millones de trabajadores, al gasto de las empresas y al equilibrio de las cuentas p�blicas.El nombramiento ha provocado ya las primeras reacciones. El portavoz sanitario de Los Verdes, Janosch Dahmen, advirti� que "si da la impresi�n de que precisamente para el Ministerio de Sanidad no son decisivas ni la experiencia en pol�tica sanitaria, ni la experiencia de gesti�n ministerial, ni unos conocimientos m�dicos s�lidos, se da�ar� a�n m�s una confianza que ya est� seriamente erosionada". Dahmen a�adi� que el sistema necesita "experiencia, empat�a y un enfoque decidido en las personas". Desde La Izquierda, Ates G�rpinar fue igualmente cr�tico al afirmar que "en un momento en el que el Gobierno encadena un rev�s tras otro, no ser�a una buena se�al nombrar ministro a alguien que hasta ahora solo ha destacado por golpear hacia abajo, precisamente en un �mbito tan importante como la sanidad y los cuidados". En sentido contrario, el vicepresidente del Bundestag, Wolfgang Kubicki (FDP), resumi� el desaf�o con una frase que refleja bien la apuesta del canciller: "Ahora Linnemann podr� demostrar que a sus palabras les siguen los hechos". Esa parece ser precisamente la l�gica de Merz. El canciller no busca un experto.La remodelaci�n revela as� un cambio de filosof�a en la Canciller�a. Despu�s de una primera etapa dedicada a dise�ar la arquitectura del nuevo Ejecutivo, Merz entra en la fase en la que tendr� que demostrar que las reformas prometidas pueden ejecutarse. La reorganizaci�n del gabinete responde precisamente a esa necesidad. Los ministerios m�s expuestos dejan de ser simples departamentos de gesti�n para convertirse en el principal campo de batalla pol�tico del Gobierno.Porque, a partir de este oto�o, la legislatura ya no se medir� por los anuncios del canciller, sino por cuestiones mucho m�s concretas: si los trenes llegan a su hora, si las cotizaciones sanitarias dejan de aumentar, si la dependencia encuentra una financiaci�n estable, si la econom�a recupera el pulso y si el Estado demuestra que sigue siendo capaz de prestar servicios p�blicos eficaces. En esa prueba de gesti�n, m�s que en el relevo de unos ministros por otros, es donde Friedrich Merz se juega buena parte del futuro de su Gobierno.