“El diestro peruano Andrés Roca Rey y el onubense David de Miranda salieron hoy a hombros de la plaza Monumental de Pamplona, tras serles concedidas a cada uno, del segundo y del sexto toro de Victoriano del Río, respectivamente, dos orejas de muy barato criterio y rigor de plaza portátil, en el ya quinto festejo de los Sanfermines”.“La injustificada concesión de los segundos trofeos a cada una de las faenas, que si acaso tuvieron méritos para una, vino de la mano de la presidenta de hoy, la exalcaldesa de la capital navarra Cristina Ibarrola, que se sumó al ambiente populachero con que desde hace ya tiempo se ven los toros -muy serios toros- en una plaza donde la calidad del toreo es la circunstancia menos importante de lo que sucede en el ruedo y en el tendido”.De este modo tan concluyente comenzaba Paco Aguado, prestigioso crítico taurino de la agencia Efe, su crónica sanferminera el pasado 9 de julio. Y ese fue el tono general de sus reseñas de toda la feria: una plaza verbenera donde los toreros consiguen trofeos baratos gracias a sus alardes populistas en los terrenos de los tendidos de sol, que ocupan espectadores ajenos a la lidia, y concedidos por una presidencia que se sienta en el palco por razones estrictamente políticas y no por sus conocimientos taurinos.Y no se olvide que Pamplona es plaza de primera, goza de todas las bendiciones legales y nadie rechista una palabra sobre todas las tropelías que se cometen en ella.La fiesta de los toros en Navarra es la gran damnificada del incomprensible interés de las CCAA por aprobar normativas taurinas propias sin eficacia conocidaLa fiesta de los toros en Navarra es la gran damnificada del incomprensible interés de las Comunidades Autónomas por aprobar Reglamentos Taurinos propios; de hecho, en España están vigentes seis normativas diferentes: la nacional, y las aprobadas por los gobiernos de Andalucía, Aragón, País Vasco, Castilla y León y Navarra.No tiene sentido que así sea, pero así es. Y los legisladores navarros decidieron que la presidencia en las plazas de la comunidad autónoma corresponda al alcalde de la localidad donde se celebre el festejo, quien podrá delegar en un concejal o en un aficionado de reconocida competencia, según recoge el artículo 39 del reglamento autonómico.Este año el alcalde de Pamplona se ha reservado para su persona la corrida del día de San Fermín -es lo habitual, sea quien sea el regidor-, y ha repartido los siete días restantes entre concejales de Geroa Bai, UPN, PSN y PP. El aficionado de reconocida competencia queda relegado para la novillada y el festejo de rejoneo.Así, ellos, vestidos de frac, con chistera incluida, y ellas, con sus mejores galas, se instalan en el palco y se disponen a disfrutar su particular momento de gloria mundana más allá de las trifulcas políticas del día a día.Claro, que disfrutan del privilegio que les permite el cargo, pero quizá desconocen que su atrevimiento perjudica seriamente a la fiesta de los toros. No es que carezcan de los conocimientos mínimos para asumir la responsabilidad de dirigir una corrida de toros en una plaza de primera, que carecen, sino que a la vista está que asumen el cargo como un divertimento, se someten a los criterios del sol y no tienen empacho en conceder trofeos como quien reparte cartas en una mesa de juegos.Esta es, al menos, la impresión que transmiten y así lo ha recogido en sus crónicas Paco Aguado, de modo que muy pocas de las 17 orejas concedidas han respondido a los méritos contraídos en el ruedo.Y es una pena que el sector guarde silencio ante la degeneración que sufre la tauromaquia, aunque el frac de los concejales esté protegido por la ley. Así es, pero no deja de ser un bajonazo diario a la integridad y la pureza del espectáculo.Y los toreros, que conocen el percal, contribuyen sin vergüenza alguna al descrédito del espectáculo, y compiten en rodillazos y alardes vacíos para enardecer a las peñas, que son las que mandan en la plaza, y no los tendidos de sombra, que ni están ni se les espera.Esta es la consecuencia flagrante del desmedido y vano interés de las autonomías por contar con un reglamento taurino diferenciado, y que todavía está por demostrar que alguno de ellos haya aportado algo positivo al desarrollo de los espectáculos.Los toreros, que conocen el percal, no dudan en competir en rodillazos y alardes vacíos para enardecer a las peñas, que son las que mandan en la plaza de PamplonaEl 27 de marzo del pasado año, Andalucía aprobó un nuevo Reglamento que vino a sustituir al del 2006, y que Antonio Sanz, consejero andaluz, calificó como “la culminación de un complejo trabajo que ha durado cuatro años y nace del consenso y la unanimidad del Consejo de Asuntos Taurinos de Andalucía, en el que está representado todo el sector”. “La norma surge con una fuerte vocación nacional”, añadió, “porque no es lógico que en España existan diferentes reglamentos, y el de Andalucía pretende ser la base de un futuro reglamento homogéneo de todas las comunidades autónomas”.Hasta el momento, y ha transcurrido más de un año, nadie ha levantado la voz, señal inequívoca de que cada cual quiere mantener su propia norma, aunque sirva para poco.Por ahora, no parece que el alcalde y los concejales de Pamplona estuvieran dispuestos a renunciar a su privilegio en beneficio de los toros. Ni los políticos de las demás autonomías a prescindir de una parcela de poder. Porque de eso se trata, de visibilizar una autoridad en un espectáculo de masas, aunque los efectos de la norma autonómica no se noten. A fin de cuentas, estamos (estábamos) en San Fermín y las peñas vienen a divertirse; qué más da una oreja más o menos. Qué más da si la plaza de Pamplona se llena todos los días… aunque sea reconvertida en una portátil.