Al otro lado de la frontera española con Francia, la costa sur de Las Landas cambia el perfil del litoral vasco por una franja recta en la que la arena, las dunas y el bosque ocupan buena parte del paisaje. Capbreton se encuentra en ese entorno, a aproximadamente una hora por carretera de Donostia (Euskadi). Su cercanía permite plantear una escapada centrada tanto en el baño como en la historia marítima de la zona.
El municipio reúne siete playas distribuidas entre Hossegor y Labenne, cada una con características diferentes. Algunas se encuentran junto al núcleo urbano y ofrecen un ambiente más tranquilo, mientras que otras están expuestas al oleaje y se han convertido en puntos habituales para quienes practican surf. A ese frente marítimo se suman el puerto, los paseos entre dunas y una red de carriles bici que facilita desplazarse.
Mucho antes de convertirse en un destino balneario, Capbreton fue un enclave ballenero desde el que sus marineros atravesaban el Atlántico rumbo a Terranova. Esa trayectoria explica parte de la identidad de una población en la que conviven el recuerdo de la navegación, la arquitectura de distintas épocas y una relación constante con el mar.
Más de cien kilómetros de arena junto a dunas y pinares







