Noticia Exclusivo suscriptores María del Mar Palau, presidente de la CCC, plantea hoja de ruta para transformar la economía desde los colegios, la tecnología y el emprendimiento.Aspectos como la naturaleza, el clima y la cultura, entre los atractivos turísticos de Cali. Foto: Alcaldía de CaliPERIODISTA ECONÓMICO23.07.2026 20:05 Actualizado: 23.07.2026 20:05

Una mezcla de aceites naturales preparada para recuperar un cabello maltratado terminó convirtiéndose en una empresa que hoy vende sus productos en Estados Unidos, Perú, Ecuador y República Dominicana y, por supuesto, Colombia, facturando millones de dólares. Su creadora, Angélica Quintero, creció en uno de los barrios populares de Cali, sorteó dificultades familiares, improvisó sus primeros experimentos en casa y transformó una necesidad personal en una oportunidad de negocio.Para María del Mar Palau, presidenta de la Cámara de Comercio de Cali (CCC), esa historia no representa una excepción ni una anécdota empresarial. Es la prueba de que el próximo gran empresario del Valle del Cauca podría estar hoy sentado en un salón de clase de un colegio público, sin haber descubierto todavía que crear empresa también puede convertirse en un proyecto de vida. LEA TAMBIÉN Esa convicción llevó a la dirigente a replantear una pregunta que pocas veces se hace una cámara de comercio. No cómo registrar más empresas, sino cómo lograr que existan muchas más."Las cámaras de comercio parecieran pensar que el mundo comienza con el registro mercantil", afirma Palau, convencida de que las instituciones empresariales necesitan empezar a trabajar desde mucho antes.María del Mar Palau, presidenta de la Cámara de Comercio de Cali (CCC). Foto:Cámara de Comercio de CaliLa reflexión terminó convirtiéndose en el eje de una estrategia concebida para la próxima década. Una apuesta que va mucho más allá de transformar la propia Cámara de Comercio y que propone una discusión de fondo sobre el desarrollo económico del Valle del Cauca: ¿qué hace realmente competitiva a una región en una economía donde el conocimiento pesa tanto como la infraestructura?Talento: ventaja competitivaPor décadas, buena parte de las políticas de desarrollo económico se construyeron alrededor de un mismo ejercicio, el de escoger cuáles sectores debían convertirse en los motores del crecimiento.Para Palau, esa discusión comienza a quedarse corta. Su propuesta consiste en cambiar el orden de la conversación. En lugar de preguntarse cuáles actividades económicas deben impulsarse, plantea fortalecer aquello que puede transformar cualquiera de estas, el talento."No decretemos sectores; alentemos al talento para que haga crecer todo lo que pueda crecer en el territorio", resume. La afirmación parte de una realidad que, según la dirigente, ya vive el Valle del Cauca.Aunque la región continúa siendo una de las principales despensas agroindustriales del país —con cerca del 20 por ciento de la agroindustria nacional, el 17 por ciento de la industria y alrededor del 10 por ciento del PIB colombiano—, en los últimos años comenzó a construir una nueva identidad alrededor del conocimiento, la innovación y la tecnología. El departamento alberga más de 260 multinacionales y supera las 117.000 empresas formales, cerca de un 18 por ciento más que antes de la pandemia.La principal ventaja competitiva del Valle no es una vía ni un puerto; es el talento de su gente. Foto:Santiago Saldarriaga QuinteroPero Palau insiste en que esas cifras no explican por sí solas la transformación. "La principal ventaja competitiva del Valle no es una carretera ni un puerto; es el talento de su gente", sostiene. Ese talento, dice, ya está sofisticando actividades tradicionales.El Valle continúa exportando azúcar, café, frutas y productos agrícolas, pero también desarrolla software, soluciones financieras, aplicaciones de inteligencia artificial, bioenergía y derivados agrícolas con alto valor agregado, como aceites utilizados por la industria cosmética.Para la presidenta de la Cámara, esa evolución demuestra que las economías más dinámicas ya no dependen solo de sus recursos naturales, sino de su capacidad para transformar conocimiento en empresas.Sin embargo, considera que todavía existe una barrera menos visible. "Tenemos el mejor talento, pero también la menor autoestima para creer que lo tenemos", afirma, lo que limita el surgimiento de nuevos proyectos empresariales y reduce las posibilidades de que muchos jóvenes se imaginen creando empresa. LEA TAMBIÉN Canteras de emprendimientosSi el talento es la principal ventaja competitiva de una región, la pregunta que resulta inevitable es, ¿dónde comienzan a formarse quienes algún día crearán las empresas del futuro?Palau responde utilizando una metáfora tomada del deporte. "Así como los equipos de fútbol invierten años formando a los jugadores que algún día llegarán al profesionalismo, el Valle debería comenzar a identificar y acompañar mucho antes a quienes podrían convertirse en los empresarios que transformen la economía regional dentro de veinte o treinta años".Por eso uno de los proyectos que considera más importantes de su administración no está dirigido a compañías consolidadas, sino a estudiantes de colegios públicos.La idea no consiste en enseñarles contabilidad o administración. Tampoco en convertir los colegios en incubadoras de empresas. El propósito es mucho más sencillo, pero a la vez, más ambicioso y apunta a cambiar la conversación que los jóvenes tienen sobre su propio futuro.Muchos de ellos, explica, nunca han conocido a un empresario. Nunca han visto que alguien de su mismo barrio haya construido una empresa, generado empleo o exportado un producto. Y cuando eso ocurre, el emprendimiento deja de existir como opción de vida.Turismo al Barrio, iniciativa de jóvenes de la comuna 20 en Cali. Foto:Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO"Si yo no les hablo de que el emprendimiento también puede ser un camino de progreso, nunca lo van a escoger como una opción", sostiene. Esa reflexión llevó a la Cámara a diseñar pilotos con colegios públicos de Cali para acercar empresarios surgidos de barrios populares a estudiantes de los últimos grados de bachillerato.La apuesta no consiste en llevar solo a los grandes hombres del empresariado regional. Por el contrario, busca que los jóvenes escuchen historias de personas que crecieron en entornos similares al suyo y lograron abrirse camino creando empresa.La emprendedora de La Poción, es precisamente el tipo de referente que Palau quiere multiplicar en las aulas, para que el emprendimiento deje de ser una aspiración lejana y comience a parecer una posibilidad real. LEA TAMBIÉN El Valle del conocimientoLa apuesta por formar nuevos empresarios no parte de una preocupación social. También responde a una transformación económica que, según Palau, ya comenzó y que obligará a las regiones a competir de una manera distinta.El Valle del Cauca sigue siendo uno de los principales centros industriales y agroindustriales del país, pero al mismo tiempo ha empezado a consolidar un ecosistema de innovación que pocos imaginaban hace apenas una década. Entre 2021 y 2024 el número de startups pasó de 104 a 266, un crecimiento cercano al 156 por ciento, mientras Cali escaló más de un centenar de posiciones en el índice internacional StartupBlink, convirtiéndose en uno de los principales polos de emprendimiento tecnológico de Colombia.Para Palau, esas cifras no son una meta en sí mismas. Son la evidencia de que el territorio está dejando de depender de sus ventajas tradicionales para construir otras nuevas."Las empresas ya no invierten solo donde existen incentivos; invierten donde encuentran confianza, talento e instituciones sólidas", sostiene. Por eso insiste en que la discusión sobre competitividad tampoco puede limitarse a carreteras, puertos o beneficios tributarios. Todos siguen siendo importantes, pero ya no bastan para atraer inversión en una economía donde el conocimiento pesa tanto como el capital.Emprendimientos verdes en Semana de la Biodiversidad Cali Foto:José Antonio Minota Hurtado / EL TIEMPOEl desafío, explica, consiste en crear un entorno donde las personas puedan desarrollar ideas, transformarlas en empresas y encontrar mecanismos para financiarlas y hacerlas crecer. En esa lógica, la Cámara también comenzó a fortalecer redes de inversionistas ángeles, programas de capital semilla y alianzas con universidades y organizaciones privadas para acompañar emprendimientos que, por su etapa de desarrollo, difícilmente accederían a financiación tradicional.Vuelco institucionalEsa transformación también obliga a revisar el papel de la propia institución. Durante décadas, buena parte de la actividad de las cámaras de comercio giró alrededor del registro mercantil y de los servicios derivados de esa función pública. Palau considera que ese modelo deberá evolucionar al mismo ritmo que cambian las empresas. LEA TAMBIÉN "Quiero que la Cámara de Comercio se vuelva una empresa de tecnología que, además, presta una función pública", afirma.La idea no pasa por abandonar el registro mercantil, que considera una herramienta fundamental para la formalización empresarial y una valiosa fuente de información económica. Lo que propone es reducir fricciones, simplificar trámites y desarrollar soluciones digitales que permitan diversificar los ingresos de la entidad y ofrecer nuevos servicios tanto a empresarios como a otras instituciones.La apuesta es convertir a la Cámara en una organización con capacidad para desarrollar tecnología, administrar plataformas digitales y anticiparse a los cambios regulatorios que inevitablemente llegarán con la digitalización de la economía.Origen del cambioBuena parte de esa reflexión tuvo origen, reconoce, después del estallido social de 2021. Aquella crisis dejó al descubierto una fractura entre muchos jóvenes y las instituciones, pero también obligó al empresariado regional a acercarse mucho más a los territorios para comprender qué estaba ocurriendo.Fachada Sede de la Cámara de Comercio de Cali. Foto:Cámara de Comercio de Cali"No encontramos jóvenes que no quisieran trabajar. Encontramos jóvenes que no veían cómo construir un futuro", resume, al explicar que muchos de ellos nunca habían tenido contacto directo con empresarios ni conocían historias cercanas que demostraran que era posible progresar mediante el estudio, el trabajo o el emprendimiento.Por eso insiste en que el reto no consiste solo en formar más profesionales o crear más empresas. Consiste en recuperar la capacidad de inspirar. En mostrar que el desarrollo económico también puede comenzar en un barrio popular, en un colegio público o en un experimento casero.Esa es, precisamente, la enseñanza que encuentra en la historia de la emprendedora de La Poción.Si dentro de diez años el Valle del Cauca logra multiplicar historias como esa, María del Mar Palau considerará cumplido el propósito de su estrategia. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.