Carmen ValeroActualizado Viernes,
julio
01:05La construcci�n de un complejo comercial sobre los terrenos del antiguo subcampo femenino de Hirtenberg, dependiente del campo de concentraci�n de Mauthausen, ha dejado de ser una controversia local en Austria para convertirse en un asunto de alcance internacional. La intervenci�n del Centro Simon Wiesenthal ha situado el proyecto bajo los focos al denunciar que el desarrollo urban�stico amenaza con hacer desaparecer uno de los �ltimos vestigios de un lugar donde cientos de mujeres jud�as fueron explotadas como mano de obra esclava por la industria de guerra nazi. Mientras las obras contin�an avanzando, organizaciones jud�as, historiadores y el Memorial de Mauthausen reclaman que el recinto sea protegido antes de que desaparezcan definitivamente sus �ltimas huellas.El proyecto contempla la construcci�n de un parque comercial que, seg�n las investigaciones publicadas por la prensa austr�aca, incluir�a un supermercado de la cadena Lidl y un centro log�stico. Para los promotores se trata de una actuaci�n urban�stica legal destinada a impulsar la econom�a local. Para quienes luchan por preservar el lugar, supone intervenir sobre un espacio que form� parte de la red de subcampos de Mauthausen y cuya importancia hist�rica no desaparece porque apenas queden restos visibles.La pol�mica no es nueva. Desde 2021, el Memorial de Mauthausen, el Comit� Mauthausen Austria y una plataforma ciudadana intentan impedir la urbanizaci�n del antiguo campo. Durante estos a�os han reclamado sin �xito un di�logo con las autoridades municipales y una soluci�n que permitiera compatibilizar la propiedad privada con la conservaci�n del recinto como lugar de memoria. Las gestiones no frenaron la tramitaci�n urban�stica y este verano las obras han entrado en una nueva fase, con trabajos ya visibles sobre el terreno.La directora del Memorial de Mauthausen, Barbara Gl�ck, ha sido una de las voces m�s cr�ticas. "Es una verg�enza que hoy sea posible demoler los restos de un antiguo campo de concentraci�n sin un debate p�blico serio", denunci� en un comunicado oficial. "La p�rdida de estas estructuras hist�ricas y de posibles fuentes para la investigaci�n nunca podr� revertirse". En otra intervenci�n p�blica record� que el Memorial nunca pretendi� bloquear cualquier desarrollo urban�stico, sino encontrar una soluci�n que conciliara los derechos de los propietarios con la protecci�n de un enclave de extraordinario valor hist�rico. "Llevamos a�os intentando hablar con el alcalde, pero no estaba dispuesto a hacerlo", lament�.La memoria del HolocaustoLa controversia dio un salto dimensional cuando intervino el Centro Simon Wiesenthal. La organizaci�n denunci� que "la memoria del Holocausto no est� siendo borrada por el paso del tiempo, sino por los permisos administrativos y el hormig�n", y record� que en Hirtenberg fueron internadas 391 mujeres jud�as deportadas desde Auschwitz para trabajar como esclavas en la industria armament�stica nazi. En un momento en que desaparecen los �ltimos supervivientes, a�adi�, estos lugares "se convierten simult�neamente en la prueba, el aula y el memorial" de lo ocurrido. Sus declaraciones internacionalizaron un conflicto que hasta entonces apenas hab�a trascendido fuera de Austria.El subcampo de Hirtenberg fue creado el 28 de septiembre de 1944, cuando un primer transporte con 391 mujeres deportadas desde Auschwitz lleg� a esta localidad de Baja Austria para trabajar en la f�brica de municiones Hirtenberger Patronenfabrik, integrada en el esfuerzo b�lico del Tercer Reich. En los meses siguientes llegaron otras 11 prisioneras, algunas procedentes tambi�n de Auschwitz y otras de Ravensbr�ck. En total pasaron por el campo algo m�s de 400 mujeres, en su mayor�a polacas, sovi�ticas e italianas, obligadas a trabajar durante jornadas de hasta 12 horas manipulando explosivos bajo vigilancia permanente de las SS. Cuando el Ej�rcito Rojo se aproxim� a Viena, en abril de 1945, fueron evacuadas a pie hasta Mauthausen. Varias murieron durante aquella marcha forzada de cerca de 170 kil�metros.Tras la guerra, la mayor parte de las instalaciones desapareci�. Con el paso de las d�cadas el antiguo campo perdi� casi todas sus referencias f�sicas hasta convertirse en un terreno aparentemente anodino. Precisamente esa desaparici�n de los vestigios visibles ha servido como argumento para quienes defienden su urbanizaci�n. Las organizaciones memorialistas sostienen lo contrario: cuanto menos queda, m�s necesario resulta proteger el lugar. No porque conserve barracones o alambradas, sino porque el propio terreno constituye el testimonio de lo ocurrido.Para el Memorial de Mauthausen, Hirtenberg constituye adem�s uno de los escasos subcampos femeninos del sistema concentracionario nazi donde todav�a pod�an estudiarse restos materiales mediante investigaciones arqueol�gicas. Su desaparici�n, sostienen los especialistas, supondr�a perder una parte irreemplazable de la documentaci�n f�sica sobre el funcionamiento de los campos de trabajo esclavo creados durante los �ltimos meses de la guerra.Las autoridades austr�acas mantienen, sin embargo, que el proyecto cumple la legislaci�n vigente. La Oficina Federal de Monumentos ('Bundesdenkmalamt') concluy� que los restos conservados no reun�an los requisitos necesarios para recibir protecci�n patrimonial, una decisi�n que permiti� continuar con el desarrollo urban�stico. Sus cr�ticos responden que el valor de un antiguo campo de concentraci�n no puede medirse �nicamente por las estructuras que permanecen en pie, sino por los hechos que all� ocurrieron y por la obligaci�n de transmitir esa memoria a las generaciones futuras.La controversia resulta especialmente inc�moda porque coincide con el 80� aniversario de la liberaci�n de los campos nazis. El pasado mes de mayo, el Gobierno austr�aco record� en una declaraci�n oficial la "especial responsabilidad hist�rica" del pa�s y defendi� la necesidad de reforzar la cultura de la memoria como uno de los pilares de la democracia. Sin embargo, las obras en Hirtenberg siguen adelante y, por ahora, no han sido paralizadas.En Hirtenberg la batalla no se libra sobre unas ruinas. Se libra precisamente porque ya casi no queda ninguna. Sobre el antiguo subcampo hay hoy un espacio aparentemente vac�o. Para unos es un solar edificable. Para otros, la �ltima huella de cientos de mujeres cuya historia corre el riesgo de desaparecer bajo el asfalto de un aparcamiento y un supermercado.














