Austria ha dado un paso definitivo para cerrar uno de los debates más incómodos de su memoria histórica. La vivienda donde nació Adolf Hitler, en la localidad de Braunau am Inn, ha reabierto sus puertas convertida en una comisaría de policía. Una decisión con la que el Gobierno pretende impedir que el inmueble siga siendo un lugar de peregrinación para simpatizantes del nazismo y resignificar un espacio marcado por uno de los capítulos más oscuros del siglo XX. La inauguración de las nuevas instalaciones pone fin a años de discusiones políticas, recursos judiciales y propuestas enfrentadas sobre el destino de un edificio que llevaba vacío desde 2011 y cuyo futuro se había convertido en una cuestión de Estado. La casa, situada en el número 15 de la calle Salzburger Vorstadt, es un inmueble cuyos orígenes se remontan al siglo XVII. Adolf Hitler nació allí el 20 de abril de 1889, cuando su familia ocupaba un apartamento alquilado. Sin embargo, apenas permaneció unas semanas en ese domicilio antes de trasladarse a otra vivienda de la misma localidad. Años después, la familia abandonó definitivamente Braunau cuando el futuro dictador apenas tenía tres años. El exterior del edificio donde nació Hitler y donde se ha instalado la comisaría (Fuente: Reuters) Pese a esa breve estancia, el edificio terminó convirtiéndose durante décadas en un punto de interés para grupos neonazis y admiradores del régimen nazi, que acudían especialmente cada aniversario del nacimiento de Hitler para depositar flores, fotografiarse o realizar saludos prohibidos por la legislación austriaca. Con la nueva función del inmueble, el Ejecutivo austriaco busca romper definitivamente ese simbolismo. El edificio albergará ahora una unidad policial especializada, entre otras funciones, en la lucha contra el narcotráfico, una labor especialmente relevante en esta zona próxima a la frontera con Alemania, considerada un corredor habitual para determinadas rutas del tráfico de drogas. Durante la ceremonia de inauguración, el ministro del Interior, Gerhard Karner, defendió que el inmueble inicia "un nuevo capítulo" y aseguró que el edificio debe representar desde ahora "la democracia, el Estado de derecho, la seguridad, la libertad y la dignidad humana". El objetivo, insistió, no es borrar la historia, sino transformar el significado del lugar. TE PUEDE INTERESAR La decisión llega después de un largo proceso político y administrativo. Durante décadas, el Ministerio del Interior mantuvo alquilado el edificio para evitar que pudiera acabar en manos privadas con fines de exaltación nazi. Durante un tiempo fue utilizado por una organización dedicada a atender a personas con discapacidad. Sin embargo, el inmueble quedó vacío cuando surgieron desacuerdos con su propietaria acerca de las reformas necesarias. Las negociaciones para comprar la vivienda tampoco prosperaron y el conflicto terminó llegando al Parlamento. En 2016, el Gobierno aprobó una ley que permitió expropiar el edificio mediante una indemnización económica a la propietaria. La medida fue recurrida ante los tribunales, aunque finalmente la Justicia avaló la actuación del Estado, despejando el camino para decidir el futuro definitivo de la casa. Durante esos años se plantearon numerosas alternativas. Algunos defendían derribar el edificio para eliminar cualquier símbolo asociado a Hitler. Otros apostaban por convertirlo en un museo, mientras que también hubo propuestas para destinarlo a proyectos sociales o educativos relacionados con la memoria democrática. Finalmente se descartó tanto la demolición como la creación de un museo. Los expertos consideraban que cualquiera de esas opciones podía seguir atrayendo a grupos extremistas, especialmente por la importancia simbólica que algunos movimientos ultraderechistas conceden a los lugares vinculados al nacimiento de figuras históricas. Una profunda transformación La rehabilitación del inmueble ha supuesto una inversión cercana a los 20 millones de euros. La fachada ha cambiado por completo respecto a su aspecto original y buena parte del edificio ha sido reformada para adaptarlo a su nueva función administrativa. No obstante, se han conservado algunos elementos arquitectónicos históricos, como la escalera de caracol o el vestíbulo abovedado, mientras que el interior ha sido completamente modernizado para albergar las dependencias policiales. Las autoridades también han extremado las precauciones para evitar cualquier intento de convertir la reforma en un objeto de culto. Según trascendió durante las obras, incluso los escombros generados por la remodelación fueron trasladados a un lugar cuya ubicación no se hizo pública para impedir que pudieran ser utilizados como recuerdos por simpatizantes del nazismo. El exterior del edificio donde nació Hitler y donde se ha instalado la comisaría (Fuente: Reuters) El edificio tampoco incorpora ningún elemento que recuerde expresamente el nacimiento de Hitler. La única referencia histórica permanece en el exterior, donde desde hace décadas se encuentra una piedra procedente del antiguo campo de concentración de Mauthausen con un mensaje dedicado a las víctimas del fascismo y una llamada permanente a la defensa de la paz, la libertad y la democracia. La transformación de la vivienda simboliza también la evolución del debate sobre la memoria histórica en Austria. Durante muchos años, el país mantuvo una posición ambigua respecto a su responsabilidad durante el nazismo, pese a que la anexión por parte de la Alemania de Hitler en 1938 contó con un importante respaldo interno. Hoy las autoridades sostienen que la mejor forma de combatir la utilización propagandística del inmueble consiste en integrarlo plenamente en la vida cotidiana, despojándolo de cualquier carácter excepcional.
Austria convierte la casa donde nació Hitler en una comisaría para acabar con el peregrinaje neonazi y pone fin a décadas de polémica
La decisión busca resignificar uno de los enclaves más incómodos del pasado austriaco tras años de debates políticos, disputas judiciales y propuestas enfrentadas sobre el futuro del inmueble










