Actualizado Viernes,
julio
01:05En todas las lenguas hay escritores restringidos al �mbito local, con poca o nula circulaci�n fuera de su pa�s pese a su excelencia. Las obras de Gald�s, que cruzaron sin menoscabo el Atl�ntico hacia los pa�ses hispanoamericanos, no pudieron apenas traspasar los Pirineos, y aun hoy Gald�s es un escritor desconocido en muchos pa�ses europeos. Podr�a decirse algo parecido del gran Giovanni Verga.La editorial Perif�rica acaba de publicar La vida en el campo, uno de los libros que m�s justa fama le dieron en Italia. Hugo Bachelli, su muy excelente traductor, nos recuerda que de este libro se hicieron antes dos o tres traducciones al espa�ol, hace m�s de 100 a�os, pero de no saberlo, pensar�amos que estos fascinantes relatos se hubieran escrito hoy y en cualquier idioma.El libro es de los llamados de faltriquera, o sea, que pueden llevarse en el bolsillo de la chaqueta, incluso de la camisa. Se leen en una tarde sin que el asombro decaiga en ninguno de ellos, con sus finales inesperados y misteriosos. Desde el primero hasta el �ltimo asombran por su sencillez y al mismo tiempo por algo que podr�amos llamar �l�rica negra�. Porque as� como hay una Espa�a negra, hubo y hay una Italia negra, y con m�s raz�n a�n, una Sicilia negra y profunda.A Verga, que naci� en Catania en 1840, se le considera el padre del verismo, que las preceptivas definen como �realismo crudo�, a medio camino del naturalismo franc�s y del posterior �realismo sucio� americano. Lo cierto es que los veristas, huyendo del romanticismo, acabaron escribiendo, en general, unos dramones tremendos y no menos rom�nticos (no hay m�s ver y o�r las �peras de Puccini, Leoncavallo o Mascagni, con el que Verga pleite� unos a�os a cuenta de los derechos de autor de Cavalleria rusticana, inspirada en una obra suya), protagonizados por los m�s humildes y golpeados, r�sticos o suburbiales. La brevedad de estos relatos y el aire po�tico con que viste la mayor parte de ellos le permiten a Verga no cargar las tintas. Son de una sobriedad modern�sima, borgiana (Borges, que prolog� y tradujo algunos de sus relatos, fascinado por el o�do del siciliano para reproducir el habla de la gente, lo admiraba de veras; no en vano le debe tambi�n su dominio en sugerir m�s que mostrar, abriendo los finales a la interpretaci�n del lector). Como su propio t�tulo indica, son historias rurales. En el campo y en los pueblos se dir�a que las pasiones se manifiestan con un furor desconocido en la ciudad, al igual que los incendios, las riadas y las cat�strofes humanas (los grandes cr�menes rurales raramente tienen parang�n en la ciudad). Como si en el campo las tragedias no s�lo no pudieran evitarse, sino que se potenciaran. As� los asesinatos, venganzas y enormidades aqu� narrados tan sobriamente.Para saber m�sEl propio Verga se lo se�ala a su amigo Salvatore Farina: �Te lo contar� tal como lo he recogido por ah�, por esos senderos que transitan s�lo los campesinos. Y te lo contar� con sus mismas palabras, sencillas y pintorescas, algo toscas para algunos, para m� muy hermosas. Tratar� que no se note al escritor: �nicamente me interesa lo sucedido, ese hecho, las l�grimas verdaderas y las sensaciones que se han hecho carne. Y, tambi�n, las pasiones, que no puedo adjetivar como sencillas, porque no siempre lo son.No voy a teorizar m�s (…) Seamos modestos, seamos humildes, porque �para qui�n escribimos realmente?, �no ser� �nicamente para nosotros mismos? T� eres un escritor de �xito y ya te has hecho todas las preguntas; sin embargo, amigo, no s� si podr�s responderme esta: �c�mo ser�n las novelas del futuro: fruto de la imaginaci�n o ser�n meros sucesos? Te digo ahora que lo mejor ser�a que esas novelas escondieran su proceso de creaci�n, de suerte que �ste quedara envuelto en un halo de misterio y hubiera s�lo armon�a y… As� parecer�a que la obra de arte se ha hecho a s� misma, sin mano ajena. Sin mancha de pecado original�.Y, en efecto, �las novelas del futuro� acabaron siendo como �l las imagin�, como La vida en el campo, en las que los hechos son tales que parecen �nicamente el fruto de una imaginaci�n extrema.







