El calor nocturno provoca más muertes en Barcelona que las altas temperaturas diurnas en el actual contexto de cambio climático, según concluyen dos estudios, que reivindican la incorporación de los valores mínimos a los sistemas de alerta pública por calor y la priorización de las necesidades de refrigeración de las viviendas para preservar el descanso.Frente a las 571 defunciones en la capital catalana vinculadas a las temperaturas máximas, se pueden atribuir 721 a las altas temperaturas mínimas en el periodo 2007-2018, señalan dos investigaciones desarrolladas por un equipo interdisciplinar de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) formado por los doctores en arquitectura Blanca Arellano y Josep Roca y las doctoras en física Dolors Martínez y Carina Serra.Las necesidades de refrigeración de la capital catalana ya triplican las de calefacciónEl clima de Barcelona ha experimentado un calentamiento continuo en las últimas décadas. Entre 1971 y el 2025 las temperaturas medias de la ciudad han aumentado 3,22ºC, un incremento mucho más pronunciado que en el conjunto de España (1,96ºC según la Aemet, entre 1971 y el 2024), la región mediterránea (1,83ºC) y el mundo (1,29ºC). “Una auténtica barbaridad”, ha valorado Josep Roca, profesor de la Escola Tècnica Superior d'Arquitectura de la UPC.Según la investigación, el crecimiento es mucho más marcado en las temperaturas mínimas (3,87ºC) que en las máximas (2,57ºC) debido a que la brisa marina suaviza las temperaturas diurnas y su ausencia no permite refrescar la ciudad durante la noche. Este fenómeno ha provocado en Barcelona “un grave problema de calentamiento nocturno”, según los investigadores.Lee tambiénUn problema –al que contribuyen la elevada densidad, la elevada impermeabilización del suelo, el bajo albedo y el acusado déficit de zonas verdes- que repercute sobre la salud. “La incapacidad para el refresco nocturno impide descansar a las personas, lo que se traduce en una mortalidad más acusada. El calor nocturno es un ‘asesino silencioso’ que no debe ser desatendido”, afirman los autores.Remarcan, en este sentido, que el Plan nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperaturas sobre la salud 2026 del Ministerio de Salud solo tiene en cuenta las temperaturas máximas para los avisos de temperatura extrema. “Por tanto, de forma implícita sostiene que las temperaturas nocturnas no tienen un efecto apreciable en la salud (o bien el riesgo de las mismas está subsumido en las máximas). Implícitamente, por tanto, consideran que el descanso nocturno es una escapatoria al riesgo para la salud”.Josep Roca, profesor e investigador de la UPC ACNUna vez probada la mayor letalidad del aumento de las temperaturas nocturnas, los investigadores reivindican que los sistemas de alerta pública por calor deben incorporar también las mínimas: “Las ciudades mediterráneas, como Barcelona, experimentan elevadas temperaturas nocturnas que tienen efectos devastadores sobre la salud. No hay escapatoria al calor. Es lo que hemos denominado No heat escape paradox”.La situación tiende a empeorar. Por una parte, debido a la intensificación de las olas de calor. Por otra, a consecuencia del progresivo envejecimiento de la población cuando los mayores son especialmente vulnerables al aumento de las temperaturas. Los autores calculan que la población de 65 años o más superará los 700.000 habitantes en el 2050, cuando en el 2025 se cifró en 361.914 personas.El 30% del consumo en refrigeración en la ciudad se produce en horario nocturnoEsta franja de edad representa el 88% de las 342 muertes atribuidas al calor en el 2025 en la demarcación de Barcelona por el Instituto de salud Carlos III. Atendiendo a la alta vulnerabilidad de las personas mayores, la investigación propone que el sistema de avisos por calor sea diferenciado por grupos de edad.Por otra parte, los autores proponen adaptar la certificación energética de las viviendas al clima actual. Hoy en día, las necesidades de refrigeración en Barcelona (2,5 millones kWh/año, según datos del 2025) prácticamente triplican las de calefacción (7,45 millones kWh/año). Y la carga energética nocturna de refrigeración representa el 30% del total.Una biblioteca de Barcelona convertida en refugio climático Xavier CerveraA la luz de estos datos, los estudios consideran urgente modificar el cálculo de la certificación energética en España a fin de que los resultados se ajusten a la realidad del clima. “Donde los umbrales de calefacción y refrigeración de adapten al clima presente, no pasado. Donde se diferencien las cargas energéticas diurnas y nocturnas. Y donde se considere el problema del calor latente”.Estas conclusiones se derivan de los trabajos Vulnerability of Older Adults to Heatwaves: the Barcelona case (Vulnerabilidad de las personas mayores a las olas de calor: el caso de Barcelona) y Climate classification and energy efficiency of buildings. A new climate classification for the energy efficiency of buildings in Spain (Clasificación climática y eficiencia energética de los edificios. Una nueva clasificación para la eficiencia energética de los edificios en España). Los trabajos están en proceso de publicación.
El calor nocturno provoca más muertes que las altas temperaturas diurnas
Dos estudios advierten que los sistemas públicos de alerta infravaloran el riesgo de las noches tórridas







