Un verano más, nos morimos literalmente de calor. Pero no nos morimos por igual. Según los últimos datos disponibles del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III, en lo que va de año han fallecido 5.444 personas por causas atribuibles a la temperatura. La mayoría han tenido lugar durante el verano –937 en junio, 2.024 en julio y 1.301 en lo que va de agosto–. El grupo científico World Weather Attribution (WWA), que estudia en qué grado el cambio climático influye en los eventos meteorológicos, confirma que el calor récord registrado sobre la superficie del Mediterráneo se debe a la crisis climática. Pero esta no afecta a todo el mundo del mismo modo y, por tanto, no todos morimos por igual.Publicidad"La vulnerabilidad al calor viene determinada en gran medida por las condiciones sociales y socioeconómicas", apunta a Público Zhaoyue Chen, investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). "Factores como la falta de recursos, la desigualdad de ingresos y las malas condiciones de vivienda también pueden afectar a la capacidad de las personas para protegerse del calor, por ejemplo, mediante el acceso a sistemas de refrigeración, a la asistencia sanitaria, a la información y a una vivienda adecuada".La crisis climática como eje turistificadorTodo esto puede quedar eclipsado por una falsa noción de atractivo turístico. Las normalmente frías playas del Cantábrico o las Rías Baixas se han convertido este verano en un cálido lugar de baño. "Aunque unas aguas más calientes para bañarse puedan resultar atractivas para los amantes de la playa de países más fríos, las repercusiones sobre la vida marina bajo la superficie son más graves", expresa Claire Bergin, coautora del estudio del WWA e investigadora del Centro de Investigación Climática ICARUS de la Universidad de Maynooth, en Irlanda. "Esto podría transformar por completo los ecosistemas de los que dependen las comunidades costeras para su alimentación y sus ingresos, y provocar también fenómenos meteorológicos extremos y perjudiciales en tierra firme".El WWA destaca que este mes de julio se han registrado las temperaturas más altas de la historia en los mares de Europa, afectando desde Irlanda hasta el Mediterráneo. "La vida marina en las aguas europeas se encuentra en una situación crítica", alerta John Bruno, coautor del estudio y ecólogo marino de la Universidad de Carolina del Norte, en EEUU. "El calor extremo de los océanos provoca episodios de mortalidad masiva de especies que construyen hábitats, como los corales, las esponjas y las macroalgas, lo que genera una reacción en cadena que afecta a ecosistemas marinos enteros".Cualquier daño al entorno marino redunda a su vez en nuevos perjuicios tanto para el medio físico terrestre en general y para la vida humana en particular. El mar es el medio se subsistencia de múltiples profesiones y, de manera más elemental, cumple una función ecológica de suma importancia. La realidad es que una superficie marina más caliente eleva la humedad en las zonas costeras, lo cual incrementa el riesgo de olas de calor extremas. Y, al final, quienes más padecen las consecuencias de esta meteorología son las personas más vulnerables.PublicidadLas consecuencias del calor sobre la saludEste grupo de personas es el que más sufre el riesgo de mortalidad por altas temperaturas, según indica a este diario Zhaoyue Chen. "El calor ejerce presión sobre los sistemas termorregulador y cardiovascular del organismo y puede agravar las enfermedades crónicas ya existentes. Por lo tanto, a nivel poblacional, nuestras estimaciones apuntan a un aumento considerable de la mortalidad relacionada con el calor durante los períodos más cálidos, especialmente entre las personas mayores y otros grupos vulnerables", añade."La exposición al calor puede aumentar las hormonas del estrés (cortisol) y los marcadores de inflamación, a la vez que dificulta la refrigeración y la oxigenación cerebral", añade por su parte José Chen, también investigador del ISGlobal. "Esto puede afectar la concentración y la atención, contribuyendo a problemas de atención o irritabilidad. Las altas temperaturas nocturnas también pueden interferir con el sueño, empeorando aún más los problemas de atención".Estos problemas se acrecientan en el caso de noches tórridas –en las que la temperatura no desciende de los 25ºC en toda la madrugada– o durante las noches infernales –cuando no desciende de los 30ºC–. Varios puntos de España han sufrido estos episodios en las últimas semanas. Chen indica que las veladas especialmente calurosas "se asocian con cambios en el horario, la calidad y la cantidad del sueño, así como con consecuencias negativas para la salud mental y física que son sensibles al sueño, incluyendo la función cognitiva y las enfermedades cardiovasculares".PublicidadLos trabajos más vulnerables a la crisis climáticaPero el calor no cesa tampoco cuando sale el sol. De hecho, este aumenta y con él también lo hacen los riesgos de salud. A este tipo de dolencias se ven más expuestos quienes trabajan en el exterior, indica a Público Marouane Laabbas-el-Guennouni, investigador del Instituto Sindical Europeo (ETUI). Si bien matiza que son muchas casuísticas implicadas en la vulnerabilidad de la clase trabajadora frente al calor, "destaca la situación de ciertos sectores como la agricultura, la construcción, el turismo, servicios de emergencias, servicios públicos como el de la gestión de residuos, jardinería y la recogida selectiva".A todo esto cabe añadir las propias circunstancias que atraviesan a las personas trabajadoras. Es por ello que es necesario atender de manera transversal a todas las realidades. Laabbas-el-Guennouni introduce esta mirada interseccional y pone de relieve el carácter social como determinante para entender cuándo una persona puede ser más vulnerable. Por ejemplo, menciona el caso de "trabajadores en situación irregular, trabajadores estacionales, trabajadores en plataformas, etc.". A esto se suma la biología de cada cuerpo, dado que hay "personas con condiciones médicas preexistentes como enfermedades cardiovasculares, edad avanzada o jóvenes carentes de experiencia ante la exposición".El caso paradigmático de las mujeresLas mujeres se ven atravesadas por factores de múltiples dimensiones. El investigador del ETUI recuerda que las altas temperaturas también pueden traer riesgos adicionales para "trabajadoras menstruantes, embarazadas, lactantes o (pre)menopáusicas". Todas estas realidades pueden interrelacionarse, ya que una mujer embarazada en situación irregular puede encontrarse en unas condiciones de vulnerabilidad agregada. En cualquier caso, el quid de la cuestión es abordar las estructuras que sostienen las diferentes formas de desprotección con toda su complejidad.La realidad específica de las mujeres atiende a tres dimensiones, según el experto: "Demográfica, social y económica". Por ejemplo, a los riesgos inherentes al trabajo agrícola realizado por todas las personas, en el caso de ellas, se añaden factores sociales como "el mayor peso de las tareas de cuidados". También puede haber variantes culturales, como determinadas vestimentas asociadas a creencias religiosas, que pueden aumentar la exposición.Diferentes expertas y expertos del ISGlobal y de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria llevan tiempo alertando sobre los efectos concretos del calor sobre las mujeres embarazadas y la viabilidad de la gestación, ya que favorece los factores de riesgo cardiovascular. "Por eso, una prevención frente al calor que no incorpore la perspectiva de género puede acabar desprotegiendo a las trabajadoras", remarcan.Cómo la crisis climática remodela la violencia laboralEl trabajo asalariado y el doméstico conforman históricas instancias de explotación humana, y en las estructuras económicas del occidente contemporáneo han servido como germen de desigualdades sociales. La proletarización ha sido también motor de la lucha de clases, pero este paradigma cambia con el avance de la emergencia medioambiental. "Se están agudizando las diferencias entre personas trabajadoras", analiza el investigador del ETUI."La vulnerabilidad de muchos está siendo aumentada en tanto que el capital, según Marx, se basa en el uso de dos recursos: el natural (recursos naturales) y el humano (fuerza de trabajo)", indica. "Ante una situación en la que el calor es cada vez más insoportable, las inundaciones más frecuentes y devastadoras, las personas trabajadoras en sectores y grupos vulnerables estarán mucho más expuestas a las inclemencias climáticas y todo lo que ello implica para su salud".PublicidadSolucionesEl informe del ETUI Climate change and workers’ health, publicado el pasado mes de julio, pone de relieve la urgencia y la necesidad de reforzar la protección contra la exposición al calor en el lugar de trabajo. Para ello, propone una Directiva de la UE sobre la exposición al calor en el lugar de trabajo, con el objetivo de establecer un marco de protección más coherente, eficaz y armonizado para los trabajadores en toda la Unión Europea.Para Zhaoyue Chen, las desigualdades que se agudizan con la crisis climática pueden ser "mitigadas" más que "abolidas". En un contexto donde los cambios son necesarios de manera urgente, existen ejes que requieren de transformaciones estructurales, como las condiciones socioeconómicas, y otros que son permanentes y físicamente inevitables, como el envejecimiento. Sin embargo, "la vulnerabilidad puede reducirse considerablemente mediante medidas de adaptación específicas", afirma. "Entre los ejemplos se incluyen los sistemas de alerta temprana y los planes de actuación en materia de salud y olas de calor que identifican específicamente a las poblaciones vulnerables, los centros de refrigeración y otros programas de apoyo social, las campañas de comunicación específicas para mejorar la concienciación sobre los riesgos y la preparación ante ellos, y las políticas de vivienda que mejoran las condiciones térmicas y reducen la pobreza energética".