Hasta ahora se ha ido fragmentando el espacio, pero ¿por qué no fragmentar el tiempo de uso?Anuncio de habitaciones en piso compartido en una parada de autobús de Madrid.Samuel SanchezJohn Burn-Murdoch publicaba hace unos días en Financial Times un artículo sobre la vivienda que incluía ejemplos de lugares donde políticas como la construcción y la apuesta por la vivienda pública han generado buenos resultados. Podemos imitar medidas que han funcionado o medidas que sabemos que no funcionan. Pero, ahora que somos un país maduro y hemos ganado dos veces la Copa del Mundo, ha llegado la hora de renunciar al unamuniano “que inventen ellos” y apostar por la innovación. La estrategia no puede ser repoblar la España vacía: está vacía porque nadie quiere vivir allí. Se trata más bien de maximizar el uso de lugares donde quiere estar todo el mundo, evitando soluciones trilladas como la construcción. Un estudiante o un trabajador joven, de 45 o 50 años, no tendría que asumir el coste prohibitivo de alquilar durante un mes, 24 horas al día, una habitación mal iluminada, si puede pagar solo la mitad y pasar en ella 12 horas al día. Hasta ahora se ha ido fragmentando el espacio, pero ¿por qué no fragmentar el tiempo? El resto del día esa persona puede trabajar, formarse y relajarse pensando en el dinero que se ahorra. ¿Acaso no sabemos todos que, como decía Antonio Gamero, como fuera de casa no se está en ninguna parte? Con esta iniciativa, no solo repartiríamos vivienda: redistribuiríamos felicidad. Además, unos podrían trabajar de día y otros de noche, y así se mitigarían algunos de los problemas que acucian a nuestro envidiable sistema eléctrico. Esto existía más o menos en la idea de la pensión, el piso patera e incluso el matrimonio. De hecho, no hay que descartar la unidad habitacional conyugal: así, si uno de los miembros trabaja de noche y otro de día, pueden encontrarse brevemente o rehuirse. Nos ayudarían la capacidad de Estado y la planificación: agruparíamos a los celíacos y detractores del cilantro para ahorrar sitio en las cocinas, los lectores de novela negra compartirían biblioteca y las mascotas serían objeto de corresponsabilidad. Los pisos podrían ser más pequeños: si pasas en ellos menos tiempo, te agobia menos la falta de espacio. Los padres tendrían la opción de alquilar unas horas al día el cuarto de los hijos cuarentones que viven con ellos. Esta medida no solo nos permitiría solucionar el problema de la vivienda, sino que quizá —solo quizá— podría ayudar a reducir la polarización. ¿Y si, al contrario que con los cereales o el cilantro, unimos a votantes del PP con votantes del PSOE, de Vox con ERC? ¿Acaso hay mejor forma de derribar un muro que compartir cuatro paredes? Es ambicioso, pero la fortuna ayuda a los audaces.Archivado EnOpiniónViviendaPolítica viviendaViviendas alquilerJóvenesPolíticaConstrucción viviendasPrecio alquilerEspaña vacíaTiempo librePactos de Estado