Alguien cierra la puerta de su piso, echa la cerradura y se queda a oscuras en el pasillo. Es entonces cuando entra en pánico, pero no tiene miedo de que un fantasma salga del armario o de que los peluches cobren vida. Lo que de verdad le quita el sueño es la mancha de humedad en el techo que no puede pagar o la idea de que no llegar a fin de mes le deje en la calle. Un escenario tenebroso que bien podría ambientar una de las novelas de terror de Grady Hendrix, quien ha escrito sobre la pesadilla del mercado inmobiliario y ha reconocido que “la ansiedad económica es lo que alimenta las novelas de casas encantadas”.

“Lo peor que le puede pasar a alguien es quedarse sin casa”. Así de tajante fue el autor de Cómo vender una casa encantada a través de un vídeo en Instagram donde recomienda leer Ofrendas de verano. Se trata de una obra que demuestra que el miedo a que el propio hogar se convierta en una trampa de deudas no es nuevo. En la década de los 70 en EEUU, miles de familias de clase media huyeron de la delincuencia de las grandes ciudades buscando el paraíso en las afueras. Sin embargo, las idílicas construcciones que encontraron estaban levantadas junto a ríos contaminados o tenían cuentas pendientes, un engaño que inspiró la novela de Robert Marasco.