Atrapados junto a la frontera rusa y expuestos al incesante fuego de los cañones de Moscú, cientos de soldados ucranianos intuyen su final. Apenas les queda agua y la munición escasea. La operación para cortar las líneas enemigas ha fracasado. Sobre la mesa, dos alternativas: entregarse a los hombres de Putin y aceptar la derrota, o luchar hasta morir. El comandante rechaza ambas opciones y ordena esperar a la noche para romper el cerco. Por delante, un camino de 60 kilómetros con minas y emboscadas. La artillería trata de darles caza, pero la columna de 30 blindados logra escapar. Solo un soldado pierde la vida; 260 sobreviven. Horas después, el ministro de Defensa los recibe en el frente y promete condecoraciones. Es el 8 de agosto de 2014. Con el rostro manchado de polvo y humo, los supervivientes aplauden y señalan al cerebro de la operación: Mykhailo Drapatyi. "Sabía que el riesgo era enorme. Nuestra principal misión era salvar a la gente. Y lo conseguimos. Todo el mundo estaba acojonado", reconoció, abrumado por las muestras de respeto de sus hombres frente a las cámaras de televisión. TE PUEDE INTERESAR Doce años después, aquel tímido comandante se ha convertido en la cabeza del ejército ucraniano. El elegido por Volodímir Zelenski tras seis días de protestas; el cese de su ministro estrella y una ola de críticas de civiles y militares que han agitado la estabilidad del país. Julio de 2026 pasará a la historia como uno de los momentos más delicados para Kiev en esta invasión. ¿Pero quién es Mykhailo Drapatyi? ¿Y por qué su elección es tan relevante para el devenir de la guerra? Nacido en el oeste de Ucrania hace 43 años y curtido en la guerra del Donbás, los continuos éxitos tácticos en los frentes más difíciles de la presente invasión elevan a Drapatyi como uno de los generales más respetados del país. Una fama acrecentada por sus gestas en el campo de batalla, como la mencionada ruptura del cerco de Izvaryne, o el icónico vídeo en el que salta una barricada prorrusa en el interior de un blindado. Aquello también sucedió en 2014, con las tropas del Kremlin tratando de ocupar el este de Ucrania. 9 de mayo. Esta vez, un grupo de combatientes prorrusos asalta la comisaría de Mariupol en la que se planeaba la defensa de la ciudad y toma el control de los dos primeros edificios, mientras los oficiales ucranianos se atrincheraban en la tercera. Como demuestra una investigación de fuentes abiertas de una hora más tarde, los hombres de la brigada 72 entraron a sacarlos. Y cuando huían de una ciudad que Kiev no controlaría hasta unos días más tarde, se encontraron con una empalizada. —¡Mayor, hay barricadas! ¿Qué hacemos? —gritó el conductor del blindado —¡Pisa a fondo! —contestó Drapatyi "Y el blindado se convirtió en un avión", bromearía Drapatyi, años después, al recordarlo. Aquella imagen del BMP-2 con la bandera ucraniana ondeando y avanzando sin miedo se convirtió en un símbolo de la resistencia. De un país que se negaba a volver al redil mental de una URSS hecha añicos dos décadas antes. El hijo 'mata' al padre o Edipo rey 17 años más joven que su predecesor, Drapatyi se ha erigido como el vencedor de una batalla que parte a Ucrania en dos. El choque entre dos formas de entender la vida y el combate. Si Oleksandr Syrskyi simbolizaba un modelo heredado de la escuela soviética en el que los objetivos priman por encima de la vida humana, las órdenes no se cuestionan y que incentiva la mentira en informes sobre la situación real del campo de batalla. Drapatyi representa justo lo contrario. Un hombre forjado en el barro, que siempre pone la vida del soldado por encima del resultado y que ha abrazado la innovación tecnológica. Y eso no es baladí en el conflicto más mortífero desde la Segunda Guerra Mundial, donde los drones han cambiado las reglas y la sangre derramada es, en gran medida, de civiles vestidos de uniforme que poco tienen que ver con la rigidez castrense. TE PUEDE INTERESAR "Todavía podemos ver cómo los cadetes tienen que arrancar las hierbas en la escuela militar, cuando tenemos al enemigo ocupando un 20% del país. ¿No crees que podrían aprender cosas más útiles y ponerse a pensar en cómo derrotar a Rusia?", critica Oleg, un oficial de una de las brigadas más importantes de drones, a El Confidencial. Son estas cosas pequeñas, y a veces grandes, las que no siempre alcanzan los titulares y quedan sumergidas en la vida diaria de Ucrania. Las mismas que miles de militares señalan en público y privado desde hace años. El relevo esconde, además, una relación antigua. El oficial entrante fue aprendiz del saliente al comienzo de su carrera. Compartieron destino entre 2004 y 2007 en la 72.ª Brigada Mecanizada, estacionada en Bila Tservka, a 90 kilómetros de Kiev. Aquella relación terminaría convirtiéndose en un enfrentamiento que ha tenido en vilo a un país. Drapatyi, además, se convierte en el primer comandante en jefe de la historia de Ucrania que llega al cargo tras recibir tres amonestaciones disciplinarias de su predecesor. Un hecho insólito que suele truncar carreras militares y que resume mejor que ningún otro la distancia entre ambos. TE PUEDE INTERESAR Drapatyi defendía un ejército menos burocrático, con mayor responsabilidad individual de los comandantes y más autonomía para las unidades. Si una brigada necesitaba un nuevo dron o revisar la estrategia, prefería dar libertad de acción en vez de esperar durante meses las autorizaciones del Estado Mayor. Syrskyi, por el contrario, representaba una cadena de mando vertical y centralizada. "El sistema empezó a aislar a quienes progresaban", denunció Fedorov en su despedida, al explicar por qué comandantes como Drapatyi habían permanecido alejados de determinados puestos de responsabilidad. El general de la crisis Junto al acribillado cartel azul y amarillo de la ciudad de Kupyansk, Zelenski graba un vídeo con la cámara frontal de su móvil. Es 12 de diciembre de 2025 y apenas tres semanas antes, Putin ha asegurado que sus hombres controlan este enclave que une el norte del país con el Donbás. "Hoy, los avances en el frente son fundamentales para que Ucrania pueda avanzar también en la diplomacia", dijo el mandatario ucraniano, consciente de que la relación con EEUU pendía de un hilo y a las puertas de los meses más complicados del invierno. "El mayor secreto del éxito de la operación de Kupiansk fue, probablemente, su planificación", analizaría meses más tarde la reportera ucraniana Olha Kyrylenko. "Una planificación excelente. Algo que rara vez escuchamos de nuestras fuentes". Al mando, Drapatyi. Él detectó los problemas y organizó la creación de un grupo táctico encargado de frenar la infiltración rusa. No era la primera vez que el ahora comandante en jefe aparecía detrás de una 'crisis perdida'. Jersón en 2022. Járkov en 2024. Pokrovsk y Kúpiansk en 2025. Éxitos moderados allí donde Rusia concentró algunos de sus mayores esfuerzos. Sus detractores recuerdan que nunca permaneció el tiempo suficiente para demostrar que sus métodos también funcionan a largo plazo. Sus partidarios, que estabilizaron los frentes y evitaron derrotas mayores. TE PUEDE INTERESAR Los cinco dedos ucranianos que estrangulan las cuentas de Vladímir Putin POR Fermín Torrano. Kramatorsk (Ucrania) M. Redondo Gráficos: José Ramón Pérez "Le espera una tarea muy difícil. Mucho más difícil de lo que él mismo imagina. Pero de una cosa estoy seguro: Mykhailo nunca tendrá nada de qué avergonzarse", ha defendido Valeriy Zaluzhnyi, jefe de las fuerzas armadas hasta 2024 y actual embajador en el Reino Unido. No debería sorprender a nadie. A sus 43 años, la carrera del nuevo comandante en jefe dibuja un patrón difícil de ignorar: allí donde la situación se vuelve crítica, termina apareciendo Drapatyi.
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