Ha sido necesario que transcurrieran casi dos décadas, pero, al fin, la morosidad bancaria vuelve a situarse por debajo de los niveles en que estaba antes de que estallara la burbuja inmobiliaria y de crédito. Al cierre del primer trimestre de este año, en concreto, la llamada tasa de dudosidad se situó en el 2,63%, es decir, el mismo nivel que en septiembre de 2008, cuando, tras la quiebra de Lehman Brothers, el banco de inversiones estadounidense, se desató la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión (1929). Los años anteriores a la burbuja, la ratio de morosidad se movió en torno al 1% de los créditos concedidos, pero tras el pinchazo llegó a alcanzar, en medio de la segunda recesión de la economía española, un máximo histórico del 13,6%. A partir de ese momento, y al calor de la progresiva recuperación, el número de dudosos ha ido bajando hasta alcanzar ese 2,63%, el mínimo en 18 años. Lo singular es que esta rebaja de la morosidad se produce en un contexto de moderado crecimiento del crédito. Los datos del Banco de España muestran que el crédito a hogares, empresas y autónomos creció el año pasado un 3,6% interanual, muy por encima del 0,8% de un año antes. Gracias, en particular, al segmento de hogares debido "a la fortaleza del mercado laboral y a la estabilización de los tipos de interés", como sostiene el banco central. Para hacerse una idea más visual de cómo ha evolucionado la morosidad, solo hay que tener en cuenta que en 2020 el total de créditos dudosos ascendía a 55.164 millones de euros, pero en abril de este año había descendido a 32.623 millones, sin contar el efecto de la inflación. Las causas del descenso de la morosidad son múltiples, pero la principal tiene que ver con la recuperación de la renta disponible de las familias, en particular por la reactivación del empleo. Es decir, justo lo contrario de lo que sucedió en los años posteriores a la crisis, cuando la destrucción de puestos de trabajo —el paro llegó a situarse en el 25,9% de la población activa a finales de 2013— obligó a muchas familias a no devolver los créditos. Incluso los hipotecarios, que tradicionalmente son los últimos que se dejan de pagar. Obviamente, porque la vivienda es una necesidad vital. TE PUEDE INTERESAR Lo que está sucediendo ahora, por el contrario, es que se han recuperado las remuneraciones salariales, el factor clave de la renta disponible de los hogares, por dos vías. Como sostiene Funcas en su último informe, en 2025 las remuneraciones totales (en el conjunto de los hogares) crecieron un 7,2%. Esta tasa se descompone de la siguiente manera: mientras que el empleo creció un 2,7%, la remuneración salarial media por persona avanzó nominalmente un 4,3%. En términos reales y per cápita, la renta disponible bruta aumentó un 1,4%, situándose un 5,6% por encima del nivel de 2019. El incremento es reducido frente a otros periodos históricos, pero aun así sigue siendo el principal componente que explica el descenso continuado de la morosidad. Menos cargas financieras Los hogares, de hecho, no solamente han tenido suficientes recursos para devolver los créditos, sino que, en paralelo, continúan reduciendo sus cargas financieras. Como recuerda Funcas, en la Encuesta Financiera de las Familias de 2024 —último año disponible—, el hogar endeudado mediano dedicaba a finales de ese año un 13,4% de su renta bruta al pago de sus deudas, ligeramente por debajo del 13,9% de 2022. En la misma línea, el volumen de deuda pendiente representaba, en mediana, el 69,7% de los ingresos anuales del hogar endeudado en 2024, frente al 77,4% observado en 2022. TE PUEDE INTERESAR La mejora de la ratio de dudosidad ha afectado incluso a los llamados préstamos en vigilancia especial, que disminuyeron un 8,1%. Un crédito se clasifica de esa manera cuando, aun sin haberse producido ningún evento de incumplimiento, el prestamista observa un incremento significativo del riesgo de crédito desde el momento de la concesión. La reducción de la mora coincide con un endurecimiento de las condiciones que exigen los bancos para conceder el crédito. La última Encuesta de Préstamos Bancarios, en concreto, revela que, en el segundo trimestre de 2026, los criterios de concesión se endurecieron ligeramente tanto en la financiación a empresas como en los préstamos a hogares para adquisición de vivienda, manteniéndose estables en el segmento de consumo y otros fines. El porcentaje de solicitudes de crédito rechazadas habría aumentado ligeramente en los créditos para adquisición de vivienda, manteniéndose prácticamente estable en los otros dos segmentos. En los préstamos destinados a consumo, el endurecimiento se habría materializado en aumentos de los tipos de interés como consecuencia de la traslación a los precios de los mayores costes de financiación soportados por los bancos. El aumento de los márgenes se habría debido, según las entidades, a una percepción de mayores riesgos, si bien el impacto se habría visto parcialmente mitigado por la fuerte competencia existente en este segmento. TE PUEDE INTERESAR Según la Asociación Española de Banca (AEB), también ha podido influir en la mejora de la morosidad la aplicación de los Códigos de Buenas Prácticas (CBP) hipotecarios suscritos por las entidades financieras para atender a las familias vulnerables o en riesgo de vulnerabilidad, así como las renegociaciones acordadas con sus clientes para facilitar el cumplimiento de sus obligaciones financieras. Los créditos dudosos, según la definición del Banco de España, son aquellos que presenten dudas razonables sobre su reembolso total (principal e intereses) en los términos pactados contractualmente. Dentro de estos se incluyen los créditos morosos, que son aquellos que tienen algún importe vencido, bien del principal, bien de los intereses o gastos pactados contractualmente, con más de tres meses de antigüedad. Ha sido necesario que transcurrieran casi dos décadas, pero, al fin, la morosidad bancaria vuelve a situarse por debajo de los niveles en que estaba antes de que estallara la burbuja inmobiliaria y de crédito. Al cierre del primer trimestre de este año, en concreto, la llamada tasa de dudosidad se situó en el 2,63%, es decir, el mismo nivel que en septiembre de 2008, cuando, tras la quiebra de Lehman Brothers, el banco de inversiones estadounidense, se desató la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión (1929).