SucesosEste doctor en energ�as renovables fue asesinado por el esposo de una compa�era de gimnasio Facundo Leonel en una foto tomada durante un viaje a Samarkanda.E.M.Actualizado Jueves,
julio
00:18Alberto Juan, un hombre corpulento de 65 a�os, se present� a las diez de la ma�ana del 14 de julio en el sexto piso del n�mero 4 de la calle de Cirauqui, en Las Tablas. Lleg� a esta urbanizaci�n de lujo con una gorra oscura y gafas de sol. Su intenci�n era enfrentarse a Facundo Leonel, de 37 a�os, de quien sospechaba que manten�a una relaci�n extramatrimonial con su esposa.Facundo, nacido en Buenos Aires y de nacionalidad espa�ola, viv�a all� desde hac�a m�s de tres a�os y llevaba una vida acomodada. Durante sus 11 a�os en Espa�a hab�a cursado dos m�steres y obtenido un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) sobre la optimizaci�n de la limpieza de plantas fotovoltaicas, su principal campo de especializaci�n. Su carrera hab�a avanzado con rapidez a trav�s de distintos empleos. Hab�a comenzado el �ltimo tan s�lo dos meses antes de morir. Sobre esa nueva etapa hab�a escrito: �Con muchas ganas de empezar este nuevo cap�tulo y afrontar los desaf�os que est�n por venir�. Antes hab�a trabajado como responsable de proyectos e�licos y fotovoltaicos en pa�ses en v�as de desarrollo como Uzbekist�n. Su buen empleo y su elevado sueldo le permit�an mantener un alto nivel de vida y una intensa actividad social. Por ello, sus vecinos estaban acostumbrados a las visitas de desconocidos y a las fiestas en su casa.Seg�n las pesquisas, Facundo y la esposa de Alberto, que estaba tramitando la separaci�n matrimonial, se hab�an conocido en un gimnasio de una cadena situado a la vuelta de la esquina de la vivienda del argentino. Alberto se obsesion� con esa relaci�n hasta el punto de presentarse en casa del presunto amante de su esposa armado con un cuchillo y un aerosol de pimienta.De acuerdo con la reconstrucci�n policial, el encuentro fue breve. Facundo, de complexi�n delgada, abri� la puerta. Alberto, m�s corpulento, lo roci� con el aerosol de pimienta para incapacitarlo. A continuaci�n, le asest� 11 pu�aladas en la parte frontal del cuerpo y otras tres en la espalda, a la altura de los om�platos, antes de abandonar la urbanizaci�n.El crimen, sin embargo, no pas� inadvertido. Los gritos de auxilio de Facundo y un fuerte olor acre, caracter�stico de los aerosoles de pimienta, llevaron a los vecinos a avisar a los servicios de emergencias. La mezcla de oleorresina de capsicum, disolventes, estabilizantes y gases propulsores suele desprender un olor picante, parecido al de la pintura o el alcohol. Al llegar, los bomberos rompieron las ventanas para acceder al piso. Una vez dentro, los servicios de emergencias s�lo pudieron certificar la muerte del ingeniero.La actividad de Facundo en redes sociales y p�ginas de contactos llev� a los investigadores a pensar, en un primer momento, que su asesinato podr�a estar relacionado con alguna de sus amantes o con alguien de su entorno pr�ximo. Sin embargo, las circunstancias del ataque -como la profundidad y la trayectoria de las pu�aladas- y el estado de la escena del crimen - como que la puerta de entrada no hab�a sido forzada- les hicieron considerar que el homicida era un hombre conocido. Mientras la Polic�a Cient�fica realizaba las primeras indagaciones y recopilaba las im�genes de las c�maras de seguridad del edificio, Alberto condujo durante una hora y media hasta La Adrada (�vila), donde permaneci� unas horas hablando con su esposa con aparente normalidad. Al saber que le estaban ya investigando, se arroj� por un barranco poniendo fin a uno de los sucesos del verano. Cuando la Polic�a Nacional acudi� a detenerlo, ya hab�a muerto. Entretanto, el cuerpo de Facundo fue trasladado al Instituto Anat�mico Forense de Madrid, donde le practicaron la autopsia. Finalmente, cuatro d�as despu�s, sus restos mortales fueron llevados al tanatorio de Fuengirola (M�laga), donde se celebr� el funeral.













