Fue una reunión de 20 minutos en absoluto secretismo. Se concretó este martes en el primer piso del Senado, adentro del despacho de la vicepresidencia. La máxima reserva fue la condición necesaria que se impusieron Victoria Villarruel y Patricia Bullrich en medio de tanta desconfianza y ante uno de los peores momentos de la relación que las une. Sólo se vieron para negociar una tregua y, tratar de canalizar, de algún modo, la crisis que se desató la semana pasada, cuando pareció que la vice y la jefa de la bancada libertaria habían llegado a un punto de ruptura sin retorno. El problema cruzó los límites del Congreso y ahora preocupa dentro de la Casa Rosada, ante los riesgos de una mayor fragilidad que les complique el segundo semestre y la previa electoral de 2027. La génesis de la novela de este invierno ya es parte ineludible de la narrativa libertaria, aunque estalló hace sólo una semana. Se registró desde el miércoles pasado, después de la semifinal de Argentina – Inglaterra por la copa mundial de fútbol 2026 y la previa de la sesión ordinaria del jueves, donde el oficialismo jugaba su cuarto repechaje para conseguir la aprobación del ambicioso proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada. El último hilo de confianza entre Villarruel y Bullrich se cortó después de la discusión que tuvieron en privado, por whatsapp. La pelea no fue operativa. No se pelearon por el momento elegido para tratar una norma que obsesiona al Gobierno, sino porque la vicepresidenta se diferenció en un momento donde la comunicación oficial estaba en pleno tropiezo con la cuestión Malvinas.