En sus cinco años como responsable de una estación de servicio, Sara Barcala jamás imaginó que tendría que organizar un cumpleaños improvisado en plena jornada de trabajo. Mientras completaba su turno de tarde a principios de este verano, el minibús en el que viajaba un grupo de niños tuvo un pinchazo en una rueda. El vehículo se detuvo en la estación de la autopista A-381, cerca de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde trabaja Barcala. “Entró el chófer y nos contó que el niño estaba muy disgustado y llorando delante de sus amigos”, recuerda Sarita, como la llaman sus compañeros y algunos clientes de confianza. Y yo le respondí: “Tranquilo, que a ese niño le montamos un cumpleaños rápidamente”. Dicho y hecho: junto a sus compañeros, Barcala preparó 21 pizzas y llevó a los chavales a jugar al parque infantil de la estación de servicio. “Ese crío se va a acordar de Repsol sí o sí. Por eso siempre digo que aquí casi todo es posible”.La anécdota retrata cómo ha cambiado la relación de los consumidores con las gasolineras, un término tan desactualizado como incompleto. Una sensación que comparte Matilde Morales, de la estación de servicio de Chucena Sur, en la A-49 de Huelva. “Somos un punto de encuentro para la gente que regresa de la playa a Sevilla. Es habitual que salgan varios coches juntos de Matalascañas, de Punta Umbría, de Isla Cristina... ”Paramos en la estación de Chucena", se dicen al iniciar el viaje. “Estiran las piernas, se toman su café y esperan a los demás”, cuenta la encargada de la estación. Su labor consiste en “facilitarles todo lo posible el tiempo que pasen aquí”.Entró el chófer y nos contó que un niño estaba muy disgustado y llorando delante de sus amigos y le respondí que a ese niño le montaríamos un cumpleaños rápidamenteSara Barcala, trabajadora de RepsolLa metamorfosis de los hábitos de consumoDurante años, las estaciones de servicio se vieron como una parada necesaria en las vacaciones. Daban solución a una necesidad concreta: repostar y continuar el viaje lo antes posible. Nada que ver con la experiencia actual. Las estaciones han ampliado su oferta de servicios para adaptarse a las nuevas formas de movilidad y hábitos de consumo. Los clientes combinan el mundo digital y el físico (como en el resto de su día a día) y siguen parando para repostar o recargar, pero tienen otras prioridades: calidad, comodidad, bienestar personal... Para muchos usuarios, la parada no se limita a alimentar el vehículo, sino a reponer fuerzas y disfrutar de todas las etapas el trayecto. Incluso esta. Porque las estaciones forman parte del propio viaje. Se cuenta con ellas en el plan de ruta, desde el principio. Se ha pasado del “cuando paremos” a “paramos donde siempre, donde nos gusta”.Como en casa, en todos los sentidosLa restauración es el servicio que más agradecen los clientes, según cuentan las empleadas. “En la tienda tiran de las chuches, el pan, la chacina, el hielo, los bocadillos de Lizarrán o Enrique Tomás”, explica Sara Barcala, la de Jerez. Su colega Matilde Morales, la de Chucena, asegura incluso que la gente acude a su estación “expresamente a tomar café”. Por supuesto, también se valora con nota alta la limpieza de las instalaciones, especialmente en los baños. “Cuidamos mucho esta parte”, asegura la trabajadora de la estación de Huelva. “Tienen que encontrarse impecables. Siempre les digo a mis compañeros que deben estar como si fueran los de nuestra casa. Por eso, los días de mucha afluencia los revisamos cada media hora”.Esa pulcritud por parte de los trabajadores constituye otro de los aspectos mejor valorados por los clientes, uno de los que les hace volver año tras año a las mismas estaciones. “Hay muchísimos a los que ya los conozco”, reconoce Morales. “Cuando la gente te recuerda de un verano a otro es porque prima el cariño mutuo. Tú también te acuerdas de esa persona”. Y revela el secreto para que se salgan de allí “con una sonrisa”: la actitud. Mirarlos, saludarlos, tratarlos bien, resolver sus dudas y, “si no hay tanta afluencia, interesarnos por sus cosas”, resume. “Me llena de orgullo, porque es señal de que están contentos. Y por eso vuelven”. El cambio estacionalAmbas trabajadoras coinciden en que la época del año cambia el escenario. La estación cambia con la estación. “En invierno no tiene nada que ver”, apunta Barcala: la mayoría de los clientes son trabajadores itinerantes, camioneros... En verano, en cambio, están “constantemente” en contacto con la gente. En época estival el 95% de los clientes son familias. Y muchas son fieles a las estaciones de toda la vida, según Barcala. “Venimos reventados, pero estábamos locos por sentarnos aquí para comer y estar con ustedes”, suelen decir. “Esas cosas son de agradecer, porque te recuerdan que la última vez no les faltó de nada”, confiesa con emoción la trabajadora.Esa cercanía genera situaciones inolvidables para ambas partes, clientes y empleados. Matilde Morales recuerda con cariño el caso del vecino de un pueblo cercano. “Un hombre mayor”, puntualiza, paró una vez en la estación de Chucena sin saber lo que le pasaba a su coche. Los trabajadores miraron la ficha de incidencia al vehículo, comprobaron la densidad y el aceite y le ayudaron para que pudiera llegar hasta su pueblo al volante. “Está tan agradecido que viene todos los lunes a repostar, y ni siquiera le pilla de camino”, bromea. A día de hoy, siguen guardando una estrecha relación con él. “Le hemos hecho incluso el contrato de luz [la empresa cuenta con varias ofertas de suministros energéticos combinados con el repostaje o la recarga], porque el hombre no tenía ni idea de lo que pagaba, y le sale mejor. Ya lo conocemos perfectamente, viene todas las semanas. Y lo sigue haciendo por nosotros”. En el verano se hacen amigos, no solo en la playa o en el hotel.
Parada en la estación de servicio: donde empieza el viaje
Durante décadas, la ‘gasolinera’ se percibió como una parada rápida, rutinaria e ineludible antes de continuar el viaje. Ahora es mucho más. La experiencia ha crecido para convertirse en un aliciente más de las vacaciones. Por eso se llama estación de servicio: porque los servicios que ofrece se han multiplicado. Casi todo se puede planificar o enderezar en una estación de Repsol










