Hay cirujanos que transforman cuerpos y hay otros que dedican su vida a comprender la compleja relación entre la belleza, la identidad y la forma en que nos miramos. Javier de Benito (Sabadell, 1948) pertenece a esa segunda categoría. A sus 78 años, y tras más de cinco décadas de profesión, sigue entrando al quirófano con el mismo propósito que el primer día: ayudar a las personas a reconciliarse con su imagen.Considerado uno de los grandes referentes internacionales de la cirugía plástica, ha sido vicepresidente de la Sociedad Internacional de Cirugía Estética y Plástica (ISAPS) y la editorial Taschen lo incluyó entre los diez “magos del bisturí”. Su trayectoria también ha estado marcada por la innovación y la formación de especialistas desde el Instituto de Benito, un centro de referencia que, desde 2006, figura entre los mejores en su especialidad. Hoy, además de la cirugía, buena parte de su trabajo se centra en cómo envejecer mejor y en el papel que la medicina personalizada desempeñará en la longevidad de las próximas décadas.Lee tambiénPor sus manos han pasado miles de pacientes, entre ellos algunos de los rostros más conocidos de este país. Sin embargo, el doctor insiste en que la herramienta más importante de su trabajo no es el bisturí, sino la empatía. “Da igual que hagas cirugía estética, gastroenterología o cirugía oncológica: hay que humanizar la profesión”. Porque, antes de cambiar un rostro, explica a este diario, hay que comprender a la persona que lo habita.No es habitual encontrar a alguien que, después de medio siglo de profesión, conserve intacta la pasión por su trabajo. ¿Siempre supo que quería ser cirujano plástico?Mientras estudiaba Medicina pensaba dedicarme a la cirugía general. Pero creo que el éxito en la vida depende de dos cosas: de la suerte y de saber aprovechar las oportunidades. Un día, cuando mi madre se rompió un dedo, un director de hospital me habló de la cirugía plástica. Apenas sabía de qué se trataba, pero fui a conocer al doctor Jaime Planas. Lo vi operar una nariz y entendí que aquello no era solo cirugía, era escultura. Como siempre me habían apasionado el dibujo y el arte, supe al instante que ese era mi camino. Renuncié a una plaza en Vall d’Hebron para formarme con él y pasé diez años en la Clínica Planas. Así empezó mi carrera.A sus 78 años, y tras más de cinco décadas de profesión, Javier de Benito sigue entrando al quirófano con la misma pasión que el primer díaCedidaTiene 78 años, una carrera deslumbrante y sigue entrando al quirófano…Sí, y tengo una niña de tres años y medio, que cumplirá cuatro en octubre. La jubilación no entra en mis planes. Soy de educación judío-cristiana y mi padre me enseñó que hay que trabajar. Además, disfruto haciéndolo. Trabajaré hasta veinte minutos antes de morirme. Intentaré seducir y manipular a la muerte, y le operaré la nariz. Es verdad que ahora trabajo menos. Antes operaba todos los días; ahora lo hago cuatro o cinco días al mes. Tengo un equipo médico maravilloso, de los mejores, con casi doce cirujanos entre Barcelona y Madrid. Y, además, durante todos estos años también he pasado consulta en Moscú, Riad, Ámsterdam y otros países.Si mira atrás, ¿qué transformación ha marcado un antes y un después en la cirugía estética?Han cambiado muchas cosas, pero sobre todo la tecnología. A finales de los años 90, la cirugía dio un salto enorme gracias a la imagen, que permitió desarrollar la cirugía endoscópica para el aumento de pecho, el abdomen o la elevación de cejas. Pero, si tuviera que quedarme con un gran avance, diría que ha sido la anestesia, especialmente el propofol. Es tan seguro y eficaz que hoy podemos realizar intervenciones largas y que el paciente se vaya a casa el mismo día. Eso ha hecho la cirugía mucho más segura, cómoda y eficiente.Trabajaré hasta 20 minutos antes de morirme, intentaré seducir a la muerte y le operaré la narizJavier de BenitoCirujano plástico¿Ha cambiado también la mirada de la sociedad?Hoy todo el mundo sabe lo que es un lifting o una rinoplastia. Doctor Google ha ayudado mucho a que la gente llegue más informada y gran parte del tabú ha desaparecido. Al principio de mi carrera dábamos el alta a los pacientes a medianoche para que ni el conserje los viera al llegar a casa. Hoy se habla de cirugía estética con total naturalidad entre amigos y familiares, y eso ha hecho que muchas más personas se animen a dar el paso. Eso sí, no hay que abusar. Como en todo, los excesos nunca son buenos. Vivimos más años y con mejor calidad de vida. Es lógico querer que el aspecto físico esté en consonancia con cómo uno se siente y con su edad biológica. Ese es, al final, nuestro objetivo.En un mundo donde se vive cada vez más años, ¿la cirugía estética será cada vez más demandada?Al revés, creo que habrá menos cirugías. Hay una frase que puede sonar dura, pero que creo que es bastante cierta: la cirugía es el fracaso de la medicina. Cuando la medicina encuentra una solución eficaz, la cirugía deja de ser necesaria. Lo vimos con el omeprazol, que prácticamente acabó con muchas operaciones de estómago, y ahora lo estamos viendo con los nuevos tratamientos contra la obesidad, que han reducido la necesidad de muchas cirugías bariátricas. Creo que en estética ocurrirá lo mismo. Cuando podamos mantener la piel firme estimulando el colágeno y la elastina de forma natural, necesitaremos mucha menos cirugía. De hecho, ya se está trabajando con células madre, fibroblastos y tratamientos capaces de estimular de forma natural el colágeno y la elastina.El doctor Javier de Benito en su consultaCedida¿Tiene sentido rejuvenecer el aspecto si no cuidamos el organismo por dentro?Operarte cuando tienes un problema está muy bien de cara al espejo y verte mejor, pero tu sistema orgánico es otra cosa. Por ello es interesante hacerse un estudio genético. Estamos trabajando en un proyecto muy ilusionante. En el Instituto Benito hay otra sociedad, Genomic Genetic, donde tenemos al Dr. José Ignacio Lao, uno de los mayores expertos mundiales en genética aplicada al autismo y los trastornos neurológicos. Allí se trabaja analizando el hologenoma.¿Qué es?Combina el ADN del paciente con el estudio de su microbioma, especialmente el intestinal. Analizamos no solo nuestros genes, sino también las bacterias, hongos y otros microorganismos que conviven con nosotros y que influyen en la inflamación, el metabolismo, el sistema inmunitario y la respuesta a los tratamientos. Todo eso, junto con la inteligencia artificial, nos acerca a la medicina de precisión y a poder personalizar los tratamientos para que las personas no solo vivan más, sino que vivan con la mejor calidad de vida posible y mantengan su autonomía hasta el final.¿Ha habido pacientes a los que les haya dicho: “No te operes”?En el instituto, una de las cosas por las que más nos conocen es por la honestidad. Yo siempre digo que no hay que ganarse la vida con el dinero de nadie. Si alguien no necesita operarse, se lo digo. Y muchas veces vuelven precisamente por eso, porque les han dicho que aquí les diremos la verdad. Hay pacientes con los que hay que tener especial cuidado.Antes dábamos el alta a los pacientes a medianoche para que el conserje no los viera al llegar a casa; hoy se habla de la cirugía estética con más naturalidadJavier de BenitoCirujano plástico¿Cuáles?Primero, están los pacientes que tienen una percepción distorsionada de su imagen. El defecto está en la forma, pero también en el cerebro, que es quien lo interpreta: puede magnificarlo o minimizarlo. Por eso, en la consulta también hacemos un poco de psicólogos y valoramos si el paciente entiende su problema y si aceptará el cambio. También están quienes buscan solucionar problemas personales con una operación. Si alguien cree que una rinoplastia le dará trabajo o hará que su pareja vuelva, hay que explicarle que la cirugía no resolverá eso. Y, por último, están quienes vienen condicionados por la opinión de los demás. Hay mujeres que tienen más víboras que amigas y madres que traen a sus hijas para que les opere la nariz, aunque ellas no tengan ningún complejo. Si el paciente está bien consigo mismo y el problema es el entorno, no hay que operar. Esa también es nuestra responsabilidad.Si, como dice, el defecto es la suma de la forma y de cómo la mente la percibe, ¿cree entonces que existe la perfección?Llevo 54 años estudiándola y todavía no la he encontrado, casi casi, pero nunca la he conseguido. Fíjate que el mejor cirujano plástico que ha existido ha sido la naturaleza. Hemos evolucionado hasta ser lo que somos hoy —aunque algún gorila todavía veo por la calle de vez en cuando—, pero no nos ha hecho simétricos: siempre hay un ojo más grande que el otro, una mandíbula más ancha, un brazo más largo… Y, aun así, ha sido el mejor cirujano plástico.La 'cara Ozempic' no existe, lo que existe es la cara de las personas que adelgazan; lo demás es marketing y guerras entre laboratoriosJavier de BenitoCirujano plástico¿No será que la belleza está precisamente en la imperfección?Depende. Para mí, la belleza es aquella armonía que, a través de los sentidos, nos deleita la mente. Y esa armonía es subjetiva, porque la belleza está en los ojos de quien mira. Una nariz grande puede ser preciosa si es armónica con el resto de la cara, y una pequeña puede resultar poco estética si rompe esa armonía. Lo importante no es el tamaño, sino la proporción. Muchas veces me dicen: “Doctor, mire cómo se ha operado esta actriz, ya no es la de antes”. Y yo siempre hago la misma pregunta: “¿Ella está feliz? ¿Es eso lo que quería?”. Si la respuesta es sí, ¿qué importa lo que pensemos los demás? La cirugía es para uno mismo, no para la pareja ni para agradar a nadie. Lo importante es que la persona se mire al espejo y se vea mejor.Para el doctor, Para mí, la belleza es aquella armonía que, a través de los sentidos, nos deleita la menteGetty ImagesCuando una operación no responde a una necesidad médica, sino a una decisión personal, ¿qué considera que es lo más importante a la hora de elegir al cirujano?Lo primero es asegurarse de que tiene experiencia y opera con frecuencia. Yo no me fío demasiado de Instagram: cualquiera puede enseñar resultados espectaculares. A mí me interesaría más que me enseñaran un caso que no salió bien y cómo lo solucionaron. Un buen cirujano no promete que todo irá perfecto; explica los riesgos y cómo los afronta si aparecen. Ese es el médico que convence. Hay quien me pregunta: “Doctor, ¿me puedo morir en un quirófano?”. Y yo les respondo: “Sí, claro. El riesgo cero no existe. Yo también me puedo morir operando. Pero, si ocurriera, habría otro cirujano que terminaría la operación”. A mí me preocuparía más que me pasara algo en mitad de la carretera de les Aigües y tardaran horas en atenderme. En un hospital tienes todos los medios. Si te has de morir en un quirófano, es que era tu momento y realmente no se ha podido hacer más.A lo largo de su carrera ha operado a numerosos personajes públicos. Cuando quien se tumba en el quirófano es una celebridad, ¿el bisturí pesa un poco más?Bueno, un pequeño fracaso en una persona famosa siempre tiene más eco que en alguien anónimo. Eso es así. Pero presión, no. He operado a gente muy conocida y, en el quirófano, para mí todos son iguales. Cuando operas estás con una nariz, una arteria o un músculo, no con un famoso. Lo importante es tener la cirugía bien planificada, haber escuchado al paciente y saber exactamente qué vas a hacer. En ese momento solo existe la cirugía.Hay que ser empático; a mis médicos les enseño a mirar a los ojos, a dar la mano, a transmitir tranquilidad y a estar cerca del pacienteJavier de BenitoCirujano plásticoEn los últimos meses se ha hablado mucho de la llamada “cara Ozempic”, especialmente entre famosos. ¿Qué hay de cierto en ese concepto?Me encanta esa pregunta. Yo he vivido muchas modas y muchas guerras comerciales entre laboratorios, y son brutales. A veces se intenta desacreditar un producto con este tipo de mensajes. Yo lo tengo claro: la “cara Ozempic” no existe. Lo que existe es la cara de las personas que adelgazan. Hay gente que, al perder peso, lo nota mucho en el rostro; otros lo notan más en el pecho, en los brazos o en otras partes del cuerpo. Cada persona adelgaza de una manera distinta. Por eso, hablar de “cara Ozempic” es un error. Si fuera por el medicamento, también habría “cara Mounjaro” o la de cualquier otro tratamiento. No, lo que existe es la cara del adelgazamiento. Todo lo demás es, en gran parte, una cuestión de marketing y de guerras entre laboratorios.Después de más de cinco décadas de carrera, ¿qué es lo que sigue despertando su pasión por la cirugía?La humanización de la medicina. Creo que se ha perdido mucho y que hoy es más necesaria que nunca. El médico tiene que ser empático. Tú no puedes preguntar nunca de entrada: “Bueno, ¿qué quiere hacerse?”. A mis médicos les enseño a mirar a los ojos, a dar la mano, a transmitir tranquilidad y a estar cerca del paciente. A darles su teléfono móvil, a llamarles el sábado o el domingo y, cuando les han dado el alta, preguntarles cómo han llegado a casa y cómo se encuentran. Pienso que eso hoy es fundamental, da igual que hagas medicina estética, cirugía, gastroenterología o cirugía oncológica.Periodista en el equipo de Audiencias de La Vanguardia. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Graduada en Periodismo y Comunicación Corporativa por la Universidad Ramon Llull.
Javier de Benito, cirujano plástico, 78 años: “Si alguien cree que una rinoplastia le dará trabajo o hará que su pareja vuelva, hay que explicarle que la cirugía no resolverá eso”
Tras más de cinco décadas en los quirófanos, el cirujano plástico reflexiona sobre el futuro de la medicina estética, el envejecimiento, la genética y la importancia de la empatía en la profesión








